David Jiménez: “El clickbait no va a sostener las redacciones del futuro”

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Combinar los recursos narrativos que brindan las tecnologías con la esencia del periodismo, que no es otra que contar historias relevantes. Esa es la receta para la transformación digital de los medios de comunicación que ofrece el periodista David Jiménez, en una conferencia en el marco de OnTopic, en Zaragoza. Al frente del diario ‘El Mundo’ entre 2015 y 2016, Jiménez ostenta “con orgullo” el título de director más breve de este periódico. Sí, lo hace, con orgullo, porque como cuenta en el libro ‘El Director’ (Libros del K.O.), se marchó sin renunciar a sus principios éticos y defendiendo la profesión periodística, aunque consciente de que la cúpula directiva seguía sin creerse la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos.

En una entrevista previa a la masterclass que imparte en el ciclo de contenidos digitales de Etopia, organizado por 960 Pixels, CB Comunicación Integral y Livia Álvarez, David Jiménez apuesta por ofrecer el mejor producto periodístico en todas las plataformas en las que se encuentra la audiencia y trabajar por un contenido cada vez más personalizado, a través de newsletters, membresías y suscripciones. En un tiempo donde “el lector es el rey, […] tenemos que pelear por la atención del público con información de calidad”, incide.

David Jiménez, que trabajó cerca de dos décadas como corresponsal en Asia antes de dirigir ‘El Mundo’, considera que ha llegado el momento de que los directivos de los grandes medios “crean en sus productos, apoyen a sus periodistas”, y salgan así del “circulo vicioso” donde “recortes, despidos y caídas de audiencias” socavan directamente la calidad del periodismo.

Viene a OnTopic a hablar de la transformación digital en España. ¿En qué momento se encuentra respecto a otros países?

Cuando yo regresé a la redacción central de ‘El Mundo’ en 2015, como director, venía de Estados Unidos. Al llegar, me di cuenta de que aquí todavía había bastante resistencia a aceptar que internet y el mundo digital estaba avanzando a gran velocidad y que la gente cada vez consumía más información a través del teléfono móvil. En este sentido, debemos todavía a adaptarnos a los lectores, oyentes y espectadores, y tenemos que dar en todas las plataformas el mejor producto posible.

En ‘El Director’ también apunta que dentro de las redacciones, especialmente entre los periodistas más veteranos, existen reticencias a los cambios que internet pueda producir en el periodismo.

Sí, todavía en esos tiempos existía un debate muy vivo entre el papel impreso y digital, mientras que en otros países como Estados Unidos ya se habían dado cuenta de que el futuro del periodismo será digital o no será. Cuando llegó internet, los periodistas tuvimos que elegir entre verlo como una oportunidad, un cambio, o como una amenaza. Elegimos esta última, y tratamos de defendernos. Ahora, con el paso del tiempo, nos hemos dado cuenta de que hay que ser conscientes de las ventajas que aporta, y de que nos permite llegar a muchos más sitios, también a través de las redes sociales.  Alguien que escribe en un periódico en Zaragoza puede llegar a un lector de Argentina sin ningún problema.

La tecnología también facilita la posibilidad de llegar a cada lector o usuario con una información más personalizada, a través de newsletters, modelos de membresía o suscripciones. ¿Hasta dónde hubiera querido llegar en ‘El Mundo’ con su plan de transformación digital?

Tenemos que asumir que en el momento actual el lector es el rey en el caso de la prensa, porque donde antes tenían unas pocas opciones donde elegir para informarse, ahora encuentran miles. Eso nos obliga a estar muy cerca de los intereses de la ciudadanía, a contar historias que sean relevantes para ellos, y a asegurarnos de que les convencemos de que estamos de su lado y no a favor de otros poderes o intereses. Todo esto se consigue ofreciendo información de calidad y, como he dicho antes, contando con las herramientas tecnológicas como aliadas.

Además, debemos innovar en la utilización de nuevas narrativas, como los podcast, interactuar a través de las redes sociales y apostar por el video, para dirigirnos a la audiencia más joven, a la que tenemos muy abandonada. Muchas veces tan solo escribimos para informar a un público de mayor edad, y también debemos llegar a las nuevas generaciones, donde existe cierta desafección hacia los medios de comunicación

La búsqueda fácil del clic, la inmediatez informativa en las redes sociales o factores de posicionamiento web afectan en ocasiones a la ética periodística. ¿Dónde está el equilibrio para un medio de comunicación?

Antes de dar una respuesta a esta pregunta, hemos de ser conscientes de que en la prensa se cometieron dos graves errores cuando llegó internet. El primero fue dar gratis en la web el contenido por el que cobrábamos en papel. El segundo, meternos en una batalla por la audiencia alocada, sin control, que hizo que prácticamente todos bajáramos el nivel de nuestro periodismo para atraer a la audiencia. Repetimos el modelo de entretenimiento de la televisión y la frase ‘esto es lo que la gente quiere y vamos a dárselo’.

Ahora nos hemos dado cuenta de que la única manera de hacer viable un medio de comunicación es fidelizar a los usuarios con contenidos de calidad ante la mayor oferta informativa de la historia en internet. No podemos entrar en la lucha del clic (clickbait) porque no se puede monetizar y, por tanto, no va a sostener la redacción en un futuro.  Debemos apostar por los modelos de suscripción y alejarnos de los intereses políticos y económicos.

¿Están las redacciones de los grandes periódicos preparadas para implantar esos muros de pago y los modelos de suscripción con un contenidos que resulten atractivos para la audiencia?

Lo primero se ha de hacer es salir de ese circulo vicioso, donde cada vez que se producen recortes, se despiden a más periodistas, la calidad del medio desciende y la audiencia baja. Después de una década así, hay que empezar a salir y apostar por el periodismo, por la calidad del contenido original, por diferenciarnos de la competencia. Esto no se puede hacer sin periodistas y tampoco pagando sueldos precarios o utilizando a freelance remunerados con cantidades ridículas incluso cuando se van a cubrir conflictos.

Hay que volver a respetar al periodista, proporcionarle las herramientas y los medios para que haga su trabajo, y concederle más tiempo. Se nos olvidó que lo más importante es la calidad de la información, y no la cantidad ni la rapidez con la que se ofrece. Ahí está la propuesta de futuro, y se puede conseguir. Y para quienes dicen que no hay dinero solo hay que fijarse en los desequilibrios en las grandes empresas de medios de comunicación, y los bonus de sus directivos. Se puede volver a apostar claramente por el periodismo.

¿Es necesaria una mayor visión periodística en las cúpulas directivas de los grandes periódicos?

En vez de estar todo el día comiendo con ministros y tratando de llegar a acuerdos de subvenciones con alcaldes o presidentes de gobiernos autonómicos, los directivos de medios de comunicación deben creer realmente en sus productos y en sus periodistas. Se trata de priorizar, porque como cuento en ‘El Director’ hay en nómina una serie de columnistas a los que prácticamente nadie lee pero que cobrar una fortuna, mientras que los redactores malviven porque se les paga una miseria. Tenemos que apostar por la gente que trae contenido original, por los corresponsales que informan, y volver a la esencia del periodismo. Todo ello, apoyados en las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, pero recordando siempre que somos periodistas.