Sofía Villa: “Escribir ‘Desnuda’ ha sido tan doloroso como curativo”

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La periodista y escritora Sofía Villa acaba de publicar su primer poemario, titulado ‘Desnuda’, con Platero Editorial. Dividido en cinco partes –vergüenza, culpa, asco, dolor y (re)conocimiento–, aborda el cuerpo femenino desde dos planos: la percepción propia y ajena del mismo, y la sexualidad.

Sofía Villa, natural de Ejea de los Caballeros y asociada de Periodistas de Aragón, analiza en esta entrevista el comienzo de su trayectoria con ‘Desnuda’, los entresijos de su escritura y la línea que sigue la poesía actual.

Tienes 24 años y naciste prácticamente con Internet ya inmerso en nuestras vidas. Al leerte, encuentro en tu poesía todas las características de los poetas del siglo XXI. ¿Te reconoces en ellas?

Sí, seguramente. Cada poeta tiene su estilo, pero, al fin y al cabo, los escritores actuales hemos nacido en el mismo tiempo y seguimos una línea similar. Pero es lógico, ¿no? Al igual que en su día se agrupaba a los autores porque su poesía o escritura compartían unos rasgos similares: renacentismo, romanticismo… 

Una primera característica es la precocidad, ya que escribes (y ganas concursos) desde muy jovencita…

Escribo desde los 8 años. Primero comencé con narrativa, no nos vamos a engañar (risas). Pero pronto me adentré en el mundo de la poesía. Y sí, con 13 años gané el primer premio de poesía de la revista literaria Ágora.

Y creo que tu padre influyó algo en el hecho de que te introdujeses en la poesía, ¿verdad?

¡Algo se queda corto! Me atrevo a decir que, si hoy estoy aquí, es por él. Él me infundió el amor por la lectura y la escritura. Yo veía que acudía asiduamente a la biblioteca y leía mucho, por lo que esa pequeña Sofía, deseando contar la admiración y el orgullo de su padre, comenzó a imitarle. Empecé con libros cortos, sencillos, y poco a poco fui leyendo más y más, mostrándole orgullosa a mi padre que cada vez leía libros con más páginas. Y con la escritura sucedió lo mismo: mi padre ha escrito desde siempre. Cuentos, historietas, fábulas… ¡Y poesía! Y él me la enseñó. Lo recuerdo como si fuera ayer: sentados uno junto al otro, en el escritorio de mi habitación, aprendí a contar las sílabas, conocí los tipos de versos (sobre todo los octosílabos, por los cuales mi padre ha tenido siempre predilección), las sinalefas… Y así nació la Sofía ávida de leer y escribir.

Incluso tu nombre literario o pseudónimo, la Gata Literata (que he de decir que me fascina), fue invención suya…

Así es. Todos los relatos que yo creaba, él los transcribía en su máquina de escribir. Un día comentó que parecía una gatita con un lápiz siempre en la mano, por lo que comenzó a firmar esos folios (que evidentemente todavía conservo) como la Gata Literata. Y así hasta hoy, que lo llevo tatuado en el costado y con el que me presento siempre que asisto a cualquier evento o presentación.

Otra característica de los autores actuales es que sois elogiados, seguidos, en el sentido de que generáis interacción, tenéis seguidores… Adquiere relevancia lo local, lo comunitario, lo relacional. El lector se convierte en seguidor.

Sin duda. Se crea toda una comunidad, en lo cual las redes sociales han jugado un papel fundamental. Muchos autores se crean incluso un personaje y eso es lo que les hace todavía más atractivos.

A mí me da la sensación de que la poesía actual es escrita para la oralidad. Te he visto en los vídeopoemas con los que ganaste los dos premios del Letras & Poesía Slam y creo que se entiende mejor gracias a lo visual y lo gestual.

Sí, puede ser. En ese concurso, al ser visual, se premiaba exactamente eso: la interpretación, los gestos, la puesta en escena. Al participar en él conocí mi manera de recitar e interpretar. Hasta entonces, nunca había recitado. ¡He de decir que quiero mejorar en ello! (risas)

Pero en formato físico la poesía también se disfruta. Y más cuando el libro es editado tan cuidadosamente como ‘Desnuda’. Creo que dice mucho al tocarlo y sentirlo. ¿En cuánto de su edición has participado tú?

En bastante, afortunadamente. Yo elegí a las ilustradoras (Nuria Martínez para el interior y Clara Pérez para la portada). Les comenté el estilo que buscaba (minimalista, trazos finos) y acertaron a la perfección. El color, realmente, fue idea de Clara. Al enviarme propuestas de la portada, una de ellas era en ese color naranja-marrón suave y no tuve duda. Cálido, íntimo, frágil, exactamente lo que es Desnuda. Y, finalmente, Platero Editorial lo diseñó, retocó y publicó esa maravilla.

Tu libro se basa, como dice la sinopsis de la parte de atrás del libro, en la idea de que el cuerpo femenino está condicionado por estereotipos, prejuicios y expectativas. Este tema ya estaba presente hace muchos años. ¿No hemos avanzado?

Claro que hemos avanzado, pero no lo suficiente. Todavía hoy las mujeres nos podemos reconocer por sentimientos comunes: inseguridades, complejos, traumas, imposiciones de terceros… El objetivo de este libro es rebelarse contra ese sistema androcentrista desde el cual se construye la concepción del cuerpo de las mujeres, contra un pensamiento judeocristiano que lo perpetúa y contra la instrumentalización patriarcal del cuerpo femenino como objeto de deseo.

Hablemos de las cinco partes en las que se divide ‘Desnuda’: vergüenza, culpa, asco, dolor y (re)conocimiento. ¿Por qué esta división?

Es una suerte de viaje. Se comienza por la repudia, el rechazo, y se termina en la introspección, la aceptación. No se pretende mostrar como un recorrido lineal, pues difícilmente lo es. En algunos versos se pueden entrever atisbos de luz, de consciencia, de esperanza, y después se vuelve a caer en la más absoluta oscuridad. Como en la vida real, ¿no? Tampoco se trata de partes diferenciadas y excluyentes. En realidad, muchos poemas de, por ejemplo, “Vergüenza”, podrían ubicarse en “Culpa”. Y viceversa. Se trata de partes que pueden solaparse y sobreponerse porque, en el fondo, beben las unas de las otras. La distribución la llevé a cabo de esta manera por cuestiones meramente subjetivas, por lo que sentí en ese momento. Lo único que tenía claro es que (re)conocimiento tenía que colocarse al final y que su contenido sería totalmente diferente. Es el destino.

Y tú, ¿has llegado a ese destino?

Estoy en ello, aunque también es verdad que, como en todo, lo difícil no es solo llegar, sino mantenerse. Lo que sí puedo decir es que no me encuentro en el mismo punto que en el que comencé el viaje. He avanzado y eso también es digno de ser reconocido. Escribir ‘Desnuda’ ha sido tan doloroso como curativo. Sigo en el proceso de sanar.