Javier Vázquez: “Nuestro trabajo es informar, pero informar entreteniendo y entretener informando”

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SILVIA LABOREO

A Javier Vázquez le apasiona contar historias. Ya sea a través de las ondas, de las páginas de un libro o subido a un escenario teatral. El periodista y escritor aragonés dirige cada tarde el magacín “Escúchate” en Aragón Radio y es autor de varias piezas teatrales, entre ellas, “Un señor de traje gris”, que se estrenó en el Teatro Principal de Zaragoza y que fue después representada en Rusia por una compañía de estudiantes de español.  Además, el libreto se utilizó para la enseñanza de nuestro idioma en distintos centros educativos de Moscú. Ganador del II Concurso de Guiones para las Bodas de Isabel de Segura, ha sido finalista de varios premios literarios y guionista de ficciones para la radio. Ahora, estrena en el Teatro de la Estación su obra “La última oportunidad”, una sátira sobre los realities de televisión. Hablamos con Javier Vazquez sobre periodismo, literatura, el oficio de contar, su trabajo en la radio y, por supuesto, sobre su última creación.

– Este jueves se presenta en el escenario del Teatro de la Estación tu obra “La última oportunidad” ¿Cómo surge la idea de crear una sátira sobre los realities de televisión?

Siempre me ha parecido muy curioso este género de la televisión, pero todavía más cuando, en los últimos años, los realities se han convertido en un espectáculo en sí mismos, capaces de cualquier cosa sólo por generar audiencia. De hecho, da la sensación de que, aparentemente, a sus responsables no les importe lo más mínimo lo que ocurra con sus concursantes más allá de la “vida televisiva” que les crean y dirigen sin que se den cuenta. Así que, cuando mis amigas Carmen Marín y Marissa Nolla me pidieron que les escribiera una pieza teatral y me dieron algunas pinceladas de lo que querían (tenía que ser una comedia, sólo para dos actrices, con poca escenografía…) pensé que una sátira de estos programas de la tele podría encajar en lo que me pedían y, a partir de ahí, empecé a escribir.

-“La última oportunidad” es el punto de partida de un nuevo proyecto teatral, Teatro con Botas. ¿Cómo nace esta colaboración?

Pues nació de una manera casual. Carmen ha sido mi directora en el grupo de teatro de la Estación durante seis años y a Marissa la conocía por haberla entrevistado alguna vez en la radio. Además de compañeras, ellas son amigas, y un día hablando se les ocurrió que querían hacer algo juntas y, como yo había escrito ya alguna cosa para el teatro y les gustó, se decidieron a pedirme esta colaboración. A partir de ahí, ellas y Jesús Bernal, que las dirige en el espectáculo, colaboraron también conmigo en la radio en un serial que hicimos el año pasado, “Los misterios de la Vega”; y los tres –Carmen, Marissa y Jesús- han montado Teatro con Botas para juntarse en este proyecto de “La última oportunidad”, en el que también colabora el actor y atrezzista Jesús Sesma.

-El argumento cuenta la historia de cinco mujeres al borde del abismo y capaces de todo para convencer al público ¿Todo vale actualmente para conseguir fama y dinero?

Javier Vázquez. Fotografía: Gabi Orte
Javier Vázquez. Fotografía: Gabi Orte

Quiero pensar que no; aunque viendo algunos de estos formatos televisivos, hay quien es capaz de todo para lograr una popularidad mal entendida. Antes un famoso lo era porque destacaba en un campo profesional, era un gran investigador, un político justo que trabajaba por el bien común, un cantante virtuoso, un actor creíble… Ahora el concepto se ha diluido en “famosillos” que buscan vivir del cuento y que presumen en la tele contando las miserias propias y las ajenas.

-Hoy en día ciertos sectores del periodismo se centran en el espectáculo, la figura del periodista-tertuliano cada vez tiene más cabida en nuestra televisión y las portadas de los periódicos son una muestra más de sensacionalismo. ¿Qué opinas del rumbo que está tomando el periodismo, más ligado al espectáculo que a la información? ¿Se está convirtiendo el periodismo en un reality show más?

Buf… La telerrealidad ha venido para quedarse en nuestro oficio y eso tampoco creo que sea malo. Gracias a ella podemos ir a lugares pequeños y contar historias mucho más próximas, más cercanas, dándoles voz a sus protagonistas. Vivimos en una sociedad visual y de ritmos rápidos, que también nos obliga a adecuarnos a nuevas formas de contar. Está claro que nuestro objetivo nunca debe cambiar; nuestro trabajo es informar; pero informar entreteniendo y entretener informando. Pero no se trata de convertir la actualidad en una frivolidad. Se trata de hacer interesante y que invite a seguir leyendo, escuchando, viendo eso que nosotros estamos contando. Si vamos más allá y convertimos la realidad en espectáculo, estamos perdidos. Igual de perdidos que si pensamos que el periodista tiene que ser el protagonista. Nuestro oficio es todo lo contrario. Más que hablar, tenemos que escuchar y preguntar lo que preguntaría nuestro oyente, nuestro lector o nuestro espectador. Somos el medio de nuestra audiencia para llegar al invitado; nunca el protagonista.

-¿Es cada vez más difícil hacer un periodismo independiente y de calidad?

Puede haber condicionantes en la sociedad actual, no lo niego; pero sobre todo depende de nuestra ética como periodistas y contadores de la vida, pero también como ciudadanos anónimos que formamos parte de una sociedad.

-Compaginas tu trabajo de periodista con el de escritor. Obras de teatro, libros infantiles como “Cuatro cuentos rusos”, radionovelas… ¿Cuál es la relación existente entre periodismo y literatura?

En el fondo la pasión es la misma: contar, y también la herramienta: la palabra. En unos casos se cuenta la actualidad y, en otros, una realidad inventada que, a veces, tiene ecos de verdad.

-Como escritor, dramaturgo y periodista te dedicas a contar historias, reales y de ficción. ¿En cual de estas facetas te sientes más cómodo?

En todas. Pero es cierto que unas, sin otras, me harían sentir incompleto. Me apasiona mi trabajo diario en la radio, la tensión de cuatro horas de directo, lo imprevisible de la producción de contenidos, la oportunidad de escuchar y de aprender de cada uno de los invitados que pasan por el programa… Pero, cuando me siento a escribir, se abre también una puerta a otra realidad, en la que se para el reloj y que me aporta muchas satisfacciones y algún que otro desvelo cuando la creatividad anda más dormida de lo que uno querría.

-¿Tienen tus obras contenido autobiográfico?

No. Hay ecos de mi gente, de las historias que les pasan, de sus nombres, de anécdotas… Supongo que es inevitable. Quizás se repiten algunas situaciones o personajes que forman parte de mi imaginario, pero rara vez escribo sobre mí y, quizás si lo hago, no soy consciente de ello.

-Además de guionista y dramaturgo también actúas. ¿Cómo se compaginan esas dos facetas?

La verdad es que, desde hace algo más de un año, el teatro ha cedido su espacio a las cuestiones literarias. Lo echo mucho en falta, pero el tiempo es el que es y veinticuatro horas al día no dan para más, por mucho que las exprima. No obstante, sigo haciendo cosas puntuales que tienen que ver con la interpretación y las disfruto intensamente. Pero confieso que participar en este proyecto de “La última oportunidad”, aunque no sea sobre el escenario, y con estos estupendos compañeros de viaje, ha hecho que vuelva a picarme el gusanillo… No digo más.

-Presentas el programa Escúchate de Aragón Radio. ¿Es complicado planificar y desarrollar cuatro horas de contenido en directo todos los días?

Mucho. Por cada hora de antena, hay, al menos, una hora y media detrás. Hay que estar muy atento a la actualidad, a producciones de contenidos que se complican, a los cambios que se producen durante el directo, a responder a los escuchantes que interactúan con el programa… Pero al final todo sale, y sale bien, gracias al trabajo de los compañeros que hacemos posible Escúchate cada día.

-¿Qué balance haces de todos estos años de Escúchate?

Muy bueno. Son ya casi diez años dirigiendo las tardes de la Radio Autonómica y el programa ha crecido y ha ido evolucionando igual que lo ha ido haciendo la audiencia, sus intereses y sus preocupaciones. Sigo aprendiendo cada día de nuestros invitados y, especialmente, de esos oyentes estupendos y participativos que, cada tarde, me ayudan a contar la vida a través de la radio. Lo que más ilusión me hace es que sean ellos, los escuchantes, los que me digan que sienten suyo el programa. Ése es el reto y en él hay que seguir trabajando.

-¿Cuáles son tus próximos proyectos profesionales?

Seguir contando: en la radio, en los libros o en el teatro; pero seguir contando.

-¿Qué espera Javier Vázquez de “La última oportunidad”?

Que el público la acoja con cariño, que lo pase bien, que se olvide de amarguras y se ría del absurdo al que, en ocasiones, es capaz de llegar el ser humano. Es una sátira gamberra y sacada de quicio, y como tal hay que entenderla. Pero, sobre todo, que esos espectadores que acudan a la Estación sean generosos y aplaudan el talento, la vocación y el esfuerzo de los profesionales de Teatro con Botas.