Víctor J. Rodríguez
El director del Periódico de Aragón defiende el regreso a la esencia del periodismo, su papel como observadores de la realidad y generadores de opinión pública, de informar acerca de lo que se ve y de lo que no se ve. Confía en la supervivencia de la profesión y de los periodistas.
¿Qué sentimiento tiene de cara al futuro, teniendo en cuenta el contexto económico y social que vivimos?
Los medios de comunicación no somos ajenos a la crisis. Estamos en una situación que trasciende lo que es el concepto tradicional de crisis, un momento de metamorfosis profunda, tanto económica como social. Hay nuevos parámetros y los medios seguimos siendo importantes, profundizando en las esencias de lo que hemos sido y debemos ser. Somos un observatorio de la realidad, en ese sentido su papel sigue siendo tan importante como fue históricamente. En la situación actual se reivindica mucho más esa necesidad de que te ayuden a interpretar. Nos están cambiando las vidas de los que intervenimos en los procesos públicos, hay determinadas circunstancias como consecuencias de un cambio de una mera crisis.
¿Cree que la causa principal del descenso de ventas de los diarios se debe a la crisis económica o al auge de las nuevas tecnologías?
Son dos factores interrelacionados. Se está produciendo un cambio de los soportes tradicionales y su adaptación a los nuevos, que interactúan en el panorama informativo, como son las iniciativas personales, blogueros y redes sociales, que son mucho más virales. Desde luego, ha significado dos cosas: la gente tiene menos dinero consumible y ha encontrado otras oportunidades. En el conjunto de los dos, los medios han tenido una crisis, la crisis del kiosko, que es evidentemente de venta. Estamos en una línea media, no destacamos por arriba ni por abajo, dentro de nuestra cuota lo que nos toca es lo que estamos perdiendo. Sobre la merma de ventas, hacemos una reflexión, no es autocomplaciente, está basada en datos y apreciaciones, creemos que los medios seguimos teniendo una gran prescripción e influencia con independencia del volumen de ventas que estemos arrojando. Ha habido una atomización de las audiencias y la prescripción sigue siendo muy importante.
¿Considera que la prensa local puede mantener mejor su público que la de tirada nacional?
Desde el 2008, año desde el que estamos en este proceso, ha habido momentos en los que la nacional ha estado más expuesta a esas inclemencias y ha habido otros en los que ha sido la regional o la local. Desde luego, soy de la opinión de que existe una demanda de información local y de que tus iguales te ayuden a interpretar los procesos globales. Si quieres estar informado puedes ir desde las grandes cabeceras internacionales hasta el periódico de tu barrio, la transición de lo local a lo global y viceversa también ha sucedido. Un activo frente a las opiniones generalistas de ámbito nacional o internacional. Se pueden emitir informaciones u opiniones a través de iniciativas más pequeñas que no solo atienden aquello que no atienden los medios generalistas. Otras cuestiones pequeñas por ser más localizadas no tienen cabida en el exterior y el periodismo local no solo es informar de aquello que no informan otros sino ver los procesos globales con una mirada más próxima del emisor o del receptor más próximo.
¿Le parece que el papel está condenado a ir desapareciendo?
No, la crisis del papel tiene más que ver con el acceso vía pago que el rechazo al soporte. Si dejas un periódico en un bar la gente lo consume, es un indicador de que hay una demanda de consumir un producto organizado que empieza con una portada y se identifica con una serie de secciones, ritmo de lectura, presentación etc. y no esa lectura más diagonal, salpimentada de diferentes cabeceras con las competencias a un click que se puede hacer en tabletas u ordenador. Pienso que los medios de comunicación estamos luchando con un proceso de cambio del consumidor que es la gratuidad del acceso a la información frente a un momento en que había una menor oferta condicionada con el acceso por precio. El papel no provoca el rechazo, tiene que ver más con el modelo de negocio que con un rechazo al soporte. Desde luego, un periódico es más elástico que una web donde las inercias de consumo pueden ser más abiertas. Reivindico la capacidad de preinscripción que tiene el papel, hay que pensar que el lector no busca información exclusiva sino algo que le ayude a jerarquizar lo más importante y eso lo tiene el papel.
La publicidad, ¿hasta dónde es responsable de la crisis de la prensa?
Indudablemente esta sufriendo un cambio importante por dos motivos: hay más soportes para los anunciantes y existen dos grandes bloques de publicidad afines a los medios, la que busca hacer marca y la que busca acercar una necesidad a un usuario. Internet tiene una política tarifaria más favorable para el anunciante, pero desde el punto de la reputación, colocación de marca, de la asociación de productos de soportes trabajados para una capa de la población que tiene mayor poder adquisitivo, el Periódico sigue teniendo una serie de activos que ponen de manifiesto que aunque ha bajado la publicidad, los medios escritos seguimos teniendo una preponderancia importante, aunque los consumos cambien a soportes nuevos, en el conjunto seguimos teniendo una capacidad de preinscripción sobre los anunciantes que nos acompañan.
¿Cree que el periodismo debe modificar su modelo de negocio?
Los creadores de contenidos informativos, de entretenimiento, cultural, estamos sujetos a esa nueva forma de acceder a esos contenidos por parte del consumidor. El concepto piratería, como acceso a contenidos creados intelectualmente a través de empresas, asociaciones, merece una reflexión y saber a dónde debemos llegar. Los periódicos inicialmente se crearon no para ganar dinero, sino para emitir informaciones, opiniones, ideas, etc. con una autosuficiencia económica. Han ido cambiando a lo largo del siglo XX a otros soportes. Estoy convencido de que podemos convivir pero tenemos que entender cuál es el modelo de negocio. De alguna forma la referencia siguen siendo los periódicos de papel importantes, eso quiere decir mucho a favor de la garantía que tiene una redacción como un elemento de pensamiento colectivo, donde no solo hablamos del esfuerzo del trabajo de unos periodistas sino también de una forma de ver, interpretar, ayudar a hacerlo al público al que te diriges. Ahí está el elemento nuclear de ese debate.
En los últimos años han surgido diarios online, que funcionan por suscripciones, publicidad y/o cooperativas. ¿Qué le parecen esas estrategias de financiación?
Los medios online puros no han desplazado a los que han migrado al soporte online. Para un posicionamiento necesitas contenidos y éstos requieren de un método muy implantado en las redacciones, ha sido sencillo que el liderazgo de hoy esté en manos del que tenía ese liderazgo cuando no existían esos medios. Me parecen muy loables que surjan pero creo que, por las dificultades que tienen para asentarse como negocio, ha habido iniciativas que no han podido salir adelante por la crisis del modelo de negocio y como consecuencia las grandes audiencias de Internet a las que ellos también han optado no generan la economía suficiente como para poder garantizar esos contenidos. Lo más atractivo que se está haciendo ahora es enfocar los medios no solo al público como destinatario sino como alguien con el que te puedes relacionar para la creación de esos contenidos en un medio interconectado. Los que están usando al usuario como movilizador, generador y prescripción, saldrán hacia adelante.
Entonces, ¿es una buena idea interactuar con el usuario o lector a la hora de crear la información?
Hay que mirar su respuesta y cuales son sus preferencias, tener un diálogo no solo para colocar titulares sino para aprender y coger lo que están usando sin transferir pero compartiendo la capacidad de valorar lo que está sucediendo con la audiencia que tienes.
¿Qué piensa de la nueva ley que hace responsables a los medios de los comentarios que se vierten en sus páginas web?
Lo que considero es que tiene que haber una reglamentación más calara, la actual va por detrás de la realidad. Nos falta un marco referencial, no desde el punto de vista coercitivo sino orientativo en qué escenario nos estamos moviendo, todos somos parte del proceso informativo. Es razonable que seamos corresponsables, pero tiene que haber un tratamiento del usurario más maduro como público, que haga que se evite un fenómeno de desinhibición por anonimato, que el usuario dice lo que quiera sin límite ni responsabilidad. Podemos asumir la que tenemos como un gran muro en el que dejamos a los ciudadanos pintar, pero deben tener consciencia de su responsabilidad y saber que están sujetos a una serie de normas y deben asumir sus responsabilidades.
Hay quienes hablan de que el periodismo vive una crisis de identidad. ¿Está de acuerdo?
Más que una crisis de identidad vive una crisis de falta de crecimiento y de puesta en duda de su credibilidad. Nuestra obligación es aflorar esas cuestiones que tienen interés público, con incidencias en las que los agentes no quieren que se sepan. Para eso necesitamos crecer. Llevamos un tiempo que decrecemos, necesitamos ser creíbles y no lo somos, porque nos dicen las encuestas que no hay credibilidad, es en esa crisis que afecta no solo a políticos sino a todos lo que observamos el proceso público y tenemos alguna incidencia en él, donde tenemos que emerger. No es un problema de identidad, es de necesidad de recuperar esa credibilidad para lo cual necesitamos ser realmente libres, autosuficientes, por eso aludía a la necesidad de identificar tus necesidades para seguir siéndolo, poder ser autónomo, independiente, tener menor dependencia del dinero público que fue creciente en los medios en la década pasada y es en esa libertad donde encontremos la credibilidad.
¿A qué se ha debido que en las encuestas del CIS el periodismo esté entre las profesiones más despreciadas?
Se ha debido a que ahora mismo existe la sensación de que desde el ámbito público primero se tomaron las decisiones inadecuadas que provocaron la entrada en la crisis y luego se han tomado las decisiones inadecuadas para salir de la crisis. Nosotros, en lugar de fiscalizar ese trabajo, de mantenernos en una posición crítica, existe la percepción de que hemos sido parte del problema. En esa desafección de lo político hay daños colaterales entre los que se encuentra el periodismo. Hay que abogar por la necesidad de la información, se ha mercadeado y tenemos que reivindicar desde esos parámetros, de independencia, rigor, trabajo concienzudo, posicionamiento general sin siglas políticas, análisis, introspección de los problemas, para que seamos capaces de encontrar ese hueco. Hay una percepción de la ciudadanía que nos dice que volvamos a hacer vuestro trabajo.
Si las nuevas tecnologías hubieran aparecido hace diez años, antes que la crisis económica, ¿cree que el periodismo se hubiera resentido de la misma manera?
Ya estábamos conviviendo con esa realidad dual antes. El problema es cómo hemos convivido hacia las nuevas formas de consumo de esos materiales. Como ocurren en otros ámbitos, lo primero que tiene que haber es emisiones de contenido. El objetivo es que te escuchen, te lean, te atiendan, que seas importante entre la audiencia potencial que sigue consumiendo información. El problema es el reparto asimétrico que ha tenido esa irrupción de nuevos soportes, en el sentido de que de alguna forma los medios de comunicación hemos luchado solo por la audiencia sin tener en cuenta que tenía que revertir en una mejora de tus ingresos para seguir produciendo los contenidos. Ahora es el momento de monetizar esa audiencia en busca de un negocio y ese es el gran pecado original, que tiene que ver con la migración que forzosamente hemos hecho de nuestros productos tradicionales a nuevos soportes, que tendría que haber sido con una visión más empresarial que hoy nos permitiría saber conjugar más esos dos factores.
En el pasado Congreso de Huesca hubo una ponencia (sobre periodismo postindustrial) en la que se habló de que el futuro del periodismo pasaba por una segmentación temática y demográfica. Por ejemplo, periódicos especializados o de información mucho más localizada. ¿Qué opina de ello?
Lo que están haciendo las nuevas tecnologías y los contenidos es generar un cierto solapamiento. Hay desde metalenguajes, hasta metamundos que por agregación forman un mundo. Veo que la masa ya no es uniforme, no es un ente abstracto al que te puedes dirigir con carácter general, hay una atomización, la masa es una suma de partes. Hasta hace cuarenta años te dirigías de una manera genérica con diferenciaciones más sociales de esa masa, según estrato social, clases desde un punto de vista marxista, agrupación de interés más sociológica, etc. La masa es una suma de partes menos aprehensible, más parecido a la teoría de fractales: en el caos de la masa está el orden y la belleza del conjunto. No veo un igual desde la belleza, todo es distinto y al final hago un igual.
Dé su opinión sobre el futuro.
El periodismo va a seguir existiendo, siempre va a ser necesario que haya narradores de lo que sucede, delo que se ve o no se ve. Hay que descubrir, analizar. Como oficio y profesión va a seguir porque va a hacer falta generadores de información, lo que sobra hoy son replicantes, informaciones originales hay pocas, son derivadas de un hecho original, en ocasiones es reconocible y en otras no. Tenemos que seguir existiendo porque si en la agenda pública solo acaba ocupando espacio lo que interesa al poder, no solo representativo, sino real o fáctico, va a empobrecer enormemente en nuestra capacidad de análisis y de crítica. Los periodistas tenemos que seguir reivindicando esa idea inicial, la de volver a los orígenes, somos una piedra angular para seguir conformando opinión pública e identidad colectiva. Va a existir esa demanda por parte de los ciudadanos, va a ser creciente la idea de hacer mejor lo que estamos haciendo.











