Gervasio Sánchez: “El periodismo vive una grave crisis de identidad”

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Víctor J. Rodríguez

Ha desarrollado su labor de fotógrafo y periodista en más de cien países, presenciando numerosos conflictos armados en los Balcanes y América Latina. Ha trabajado durante gran parte de su carrera en Heraldo de Aragón y la Cadena SER, ha recibido multitud de premios como el Ortega y Gasset, Cirilo Rodríguez y el Nacional de Fotografía.

Defiende los valores del periodismo de independencia y control del poder político, asegura que aprovecha los discursos de entrega de premios para expresar todo lo que piensa, sin miedo a las polémicas. La Asociación reconoció en 1992 su trabajo y los riesgos asumidos en Sarajevo.

 

¿Cuál es su opinión acerca de la situación que atraviesa el periodismo?

Mi opinión es bastante negativa, hay un segunda crisis vinculada a la económica, que es terrible y espero que se pueda superar lo antes posible, que es gravísima, que es la de identidad, de la que casi nadie quiere hablar. Hemos perdido nuestro prestigio social, hablo en general, no me refiero a nadie y ningún medio en particular. Hace unos años, cuanto más dinero se ganaba con el periodismo más se estaban pisoteando los valores del periodismo, cuanto más dinero ponían las empresas y los bancos, como Telefónica, BBVA, BSH, Inditex, Repsol, más se dejaban de realizar los trabajos de vigilancia del poder propios del periodismo. Empezamos a dejarlo para aliarnos con el poder político y económico y estos impedían que saliera a la luz las corrupciones políticas sociales, económicas, industriales.

Hemos dejado de hacer nuestro trabajo, que es vigilar al poder para convertirnos en aliados. Y ha ocurrido de una manera sorprendentemente inteligente: los empresarios de la comunicación no han tenido que censurar, han colocado en puestos clave, directores adjuntos, redactores jefes, a personas pusilánimes, personas que ya saben lo que se puede tocar y lo que no, lo que pueden criticar, en cada ciudad, en cada región. No hablo de nadie en particular, insisto. Nos hemos enterado de todo con años de retraso, la corrupción de las grandes empresas como Inditex y Corte Inglés, crisis económica, bancaria, política, construcción, políticas laborales,  hemos aceptado las reglas de juego impuestas por los grandes emporios económicos.

El ciudadano medio tiene que empezar a criticar con dureza a los medios de comunicación y exigir responsabilidades. Dentro, los medios tienen que tener periodistas y empresas de comunicación potentes, que se preocupen por que los medios no pisoteen los valores del periodismo. No hay un medio que no tenga una relación estrecha, quien más quien menos, con una gran empresa o un partido. Reivindico lo que hemos aprendido en la Universidad: que el periodismo sirve para mejorar una sociedad y mejorar en tiempo real, no con años de retraso, la base del periodismo son estrategias para evitar que haya corrupción y abusos de poder. Lo que pido no es tan grave, es que se recuperen los principios por los que hicimos periodismo: la identidad e independencia.

 

¿Los medios de comunicación han perdido su independencia?

Los lectores se van de los medios porque no creen en la independencia. Hay gente que trabaja actualmente en medios digitales y se consideran independientes, sin embargo, cuando han tenido un cargo de director adjunto u otro importante no han sido independientes, han jugado apoyando a tal o cual partido y ahora se han vuelto independientes. Eso no está bien. Si lo eres lo eres siempre, cuando estás en un puesto laboral estable y cuando no. Hay que serlo desde que empiezas a trabajar hasta que te vas a la tumba.

Hay mucha gente que ahora se dedica a sacar el látigo, dándole a la derecha, periodistas pro PSOE, pero no han tenido valor para decir lo mismo de sus amigos cuando se lo han merecido. Ya hubo un caso Filesa y esta gente dirigía medios que ocultaban el caso, lo mismo pasó con los GAL y lo mismo pasa ahora. Hay que tener memoria histórica. Todo lo que ha ocurrido en el periodismo español debería de escribirse, con todos los datos y decir qué hizo quién cuando era director adjunto o subdirector, y decir qué hace y dice ahora. Y me estoy refiriendo a periodistas y medios de todo el arco ideológico, desde medios de extrema derecha hasta los izquierdistas. Sería un buen jurado para recuperar el prestigio.

 

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¿Parte del problema puede venir de la base, de las universidades?

Con todo el respeto, cada vez que hablo con un decano de una facultad les digo que hay que establecer una clara frontera entre lo que es periodismo y comunicación, no tiene nada que ver, es lo contrario. El periodista vigila al comunicador. Este está evitando que se cuente lo que no quiere contar. No puede, bajo ninguna condición, haber una relación empresarial entre periodistas y comunicadores. Alguien que dirige un gabinete de prensa no puede volver a hacer periodismo, sería pisotear al periodismo. Alguien que ha estado en un gabinete está contaminado y el periodismo es tan sagrado como la sanidad o educación. Si quieres ser periodista tienes que evitar trabajar en un gabinete. Y si se quiere trabajar en un gabinete tiene que dejar el periodismo. Alguien que ha estado dirigiendo la comunicación de un partido, gobierno o ministerio no puede volver al periodismo. No critico a los gabinetes, es un trabajo que hecho decentemente es muy bueno, pero no es periodismo.

Los gabinetes, al principio, se relacionaban con los periodistas para que pudieran hacer mejor su trabajo y fueran como tienen que ser, ejemplarmente críticos. Con el tiempo los gabinetes vieron que la mejor manera de conseguir sus objetivos era controlar la información y dar a los medios lo que les interesaba. Cuando empezó a entrar la crisis los medios pensaron que si ya tenían la información cocinada no necesitaban más periodistas. Eso es la antítesis del periodismo, lo grave no es que lo haga un medio de provincia sino que lo hacen también los grandes. Con esta forma de trabajar falta la investigación periodística. En los últimos diez años, por no tirar más para atrás, no ha habido periodismo de investigación, sino transferencias interesadas, buzoneo de dossieres, publirreportajes, entrevistas pactadas, etc. Los periodistas han colocado titulares y ordenado todo lo que les venía dado, como lo que pasó con wikileaks. Los grandes escándalos de información han sido gracias a filtraciones, no a investigaciones.

 

Hable sobre la situación de los fotógrafos.

El desastre es generalizado. La situación de la fotografía es desmoralizante, algunos medios creen que es algo que colocas en un espacio y da igual como esté hecha con tal de que resuelva ese espacio. La fotografía es parte de un aprendizaje, hay redactores que hacen muy buenas fotos, algunos incluso mejor que otros fotógrafos, pero en los últimos tiempos ha habido diarios que han echado a todos los fotógrafos, como La Opinión de Murcia, eso es algo peligrosísimo. Lo que está pasando es que cae la calidad de la información y el público deja de comprar periódicos y ahí sí que pierde el medio.

 

Hable sobre la influencia de Internet en los medios de comunicación 

Cuando trabajaba en los Balcanes, hace veinte años, era carísimo mandar una foto y ahora, con Internet, es gratis y los medios casi no pagan la fotografía ni al fotógrafo. Costaba dinero pasar la crónica porque había que pagar el satélite. Ahora es gratuito todo. La prensa juega con fuego. El salto al mundo de las web ha empezado a hacerse por el tejado, han empezado a comerciar contenidos gratuitos a todo el mundo. Si fuera gratis sería una subvención y con eso lo que se hace es domar. Habría que haber empezado a hacer páginas web de calidad, convenciendo al público de que hay que pagar, es tan importante como exigir una sanidad y una educación de calidad, es igual de importante, incluso más, porque sin una buena calidad informativa estamos condenados al fracaso, a que nos dominen, a que el poder nos mienta y aquí como si no pasara absolutamente nada.

 

¿Piensa que Internet ha hecho más mal que bien al periodismo?

No soy capaz de criticar a Internet, es la tecnología, si estoy en Afganistán o Irak tengo millones más de facilidades para enviar crónicas y fotografías que hace veinte años. He dejado de publicar en muchos medios de muchos países porque era muy caro. Estando en Centroamérica, en el 84, un periódico provincial, estando yo en El Salvador, me dijo que no podían aceptar una crónica porque salía muy caro hacerlo por teléfono. En el 94, mandar una crónica desde Sarajevo costaba de 25 a 40 dólares por minuto de satélite según fueras de AP, BBC, France Press o Reuters. Ahora estoy en un hotel y si no puedo salir a la calle porque hay toque de queda tengo conexión a Internet en la habitación y conexión satélite para informarme de todo. El problema ha venido cuando Internet ha creado esa idea de que todo es gratuito. La investigación en el periodismo es carísima y debería haber ocurrido lo contrario, si por comprar un periódico en papel estás cobrando un dinero por foto, en Internet deberías pagarla mejor, porque cuesta menos tiempo que llegue al medio y tiene más calidad. El servicio ha mejorado tecnológicamente pero se ha empeorado el trato al periodista.

 

Últimamente ha habido casos de medios digitales que han pedido colaboraciones sin remunerarlas. 

Ha habido medios se han puesto en contacto conmigo y dan vergüenza. Pagan poco a los trabajadores y las colaboraciones las quieren gratis. Salvan sus puestos laborales pero los de los colaboradores no. A veces te llaman para colaborar porque tu nombre les engancha, gusta, piensan que pueden atraer lectores pero te ríes cuando hablas del aspecto económico.

 

Hace unas semanas, Francesca Borri, una periodista italiana publicaba en Frontera D una opinión sobre las dificultades del freelance de hoy para realizar su trabajo. ¿Siempre ha sido así?

Lo leí. Ella cuenta algo que no es nuevo. Ha pasado siempre, que estás en una zona de conflicto y te pones a hablar con alguien de un medio al otro lado del mundo y te encuentras con que no sabe dónde estás, qué haces, ni le interesa, es tan mal educado que no te contesta los correos y solo quiere mantener su relación con su empresa, decir que consigue cosas al menor coste. Ha ocurrido desde hace mucho. He dejado de colaborar con muchos medios que estaban cobrando más que nunca y me maltrataban económicamente. Hace más de veinte años, en los puestos claves había personajes nefastos para el periodismo, que se dedicaban con su prepotencia y mediocridad a rechazar cualquier idea o copiarlas o mal pagar a gente que se la estaba jugando, podría escribir un libro con pelos y señales, nombrando a muchas personas porque tengo todas las facturas guardadas, podría decir “esto me pagaban por este trabajo” y muchos se sorprenderían.

 

¿Cómo ve la situación actual de los periodistas freelance españoles en zonas de conflicto?

Mal. Y es una pena, porque estamos ante la mejor generación de fotógrafos y periodistas dedicados a las informaciones de zonas de conflicto y todos están trabajando fuera, para medios como New York Times, Time, Washington Post, AP, etc. Ahora mismo da igual con quien trabajes, hay ejemplos claros de maltrato por parte de todos los medios españoles, han sido vergonzosos, han pisoteado los derechos laborales y nadie se ha quejado. Algunas organizaciones no han hecho nada estos años, durante los años boyantes se han olvidado, han empezado a quejarse solo cuando todo estaba mal y los comités de redacciones han luchado tarde. Diego Ibarra, que es zaragozano, está publicando fotos en sitios importantes y realiza un trabajo buenísimo en Pakistán, que es un país complicado. En ningún medio español le han tratado como se merece.

Todos los fotoperiodistas españoles que han sobrevivido están fuera. Es un elemento más del desastre de este país que es incapaz de proteger sus profesionales como hacen los franceses, alemanes, ingleses, americanos. Las mejores fotografías que se están haciendo en Siria o Libia las están haciendo españoles y están ganando premios, de hecho, los tres premios más importantes a nivel mundial de fotografía los han ganado españoles en los últimos años. Manu Brabo el Pulitzer como parte del equipo de AP; Samuel Aranda el World Press Photo; Alberto Arce y Ricardo García Villanova el Rory Peck. Y otros han ganado becas importantes. Son desconocidos para el gran público, porque los medios de comunicación los están evitando. Es para que se les caiga la cara de vergüenza.

 

Hable sobre los medios en los que ha colaborado. ¿Cuál le ha marcado más?

No puedo nombrar solo uno, he colaborado con casi todos los medios de comunicación españoles. Y he sido muy fiel siempre que me hayan tratado con respeto. Llevo colaborando con Heraldo de Aragón veintiséis años porque se me ha tratado con respeto desde el primer día. Recuerdo que llamé para ofrecer unas colaboraciones de unos trabajos que había hecho en Chile y hablé con el subdirector de entonces, que era José Luis Trasobares, que fue muy amable. Su respeto lo he sabido valorar y cada vez que me dan un premio hago publicidad del Heraldo. También llevo veinte años con la Cadena SER, desde un trabajo que hice en Ruanda en el 94 y diez años en La Vanguardia. Y trabajé muy a gusto en otros medios que se han muerto como Diario 16 o Cambio 16, que aún sigue pero es una revista minoritaria.

He trabajado siempre con medios españoles y en cierta medida han limitado mi nombre internacionalmente, pero con el paso de los años esas fotos que he publicado para esos medios han ido saliendo a la luz y ahora tienen más valor, porque eran imágenes de zonas de conflicto que no se habían visto. Al trabajar para agencias como AP o Reuters he publicado en Washington Post y New York Times pero no me quedaba a vivir en el extranjero, siempre viajaba y volvía. Algo que también me da mucho orgullo es haber podido hacer exposiciones en lugares importantes, como en Washington, en la casa de las Américas, en la UNESCO de París y Nueva York.

 

¿Cómo organiza su agenda? ¿Con qué tiempo organiza sus viajes?

Trabajo con mucho tiempo de antelación, sé todo lo que voy a hacer este año y todo hasta noviembre del año que viene. Lo tengo bien cuadrado y totalmente cerrado. Ha habido medios como Jot Down, que hace poco me ofrecía un trabajo y le he dicho que hasta 2015 estoy liadísimo. Tengo que planificarme los trabajos de actualidad con trabajos a largo plazo. Si alguien me propone algo tiene que ser con mucho tiempo de antelación.

Mi plan no está abierto a cambios ni sucesos imprevistos, por ejemplo, no he podido cubrir la primavera árabe porque cuando surgió, en enero de 2011, estaba inmerso en la presentación de mi proyecto ‘Desaparecidos’, que combina libros y exposiciones, un trabajo que me ha llevado trece años. Tenía que hacer tres presentaciones en España, que suponía tres meses dando entrevistas y visitas guiadas en Madrid, Barcelona y otros sitios. Hasta abril de aquel año no pude irme fuera. Ahora tengo un trabajo en Afganistán me obliga a ir dos meses al año y otras cosas en Colombia y Palestina. El año se me va cargando conforme me surgen cosas. Tampoco estuve en Libia ni Siria, me da pena pero hay momentos en la vida en los que tengo que sacrificar la actualidad pura y dura por otros trabajos. Puedo irme dos semanas por algo imprevisto pero si lo hago tengo que pegarlas con otro viaje.

 

¿Cómo recuerda el premio de la Asociación de Periodistas de Aragón? (entonces Asociación de la Prensa)

Para mí el premio de la APA, lo digo con mucha humildad, es uno de los premios que más valor y cariño le tengo. Muchas veces me dan un premio porque mi nombre da valor al currículo del premio y lo potencia. Los difíciles son los que te dan al principio de tu carrera. Tenía treinta y cuatro años, camino de treinta y cinco, después de casi diez o doce años de trabajo. Fue una sorpresa inmensa, no tenía ni idea de que habían presentado mi nombre, lo recibí con mucha ilusión. Desde ese primer premio, que me entregaron en el Gran Hotel, empecé a hacer discursos duros. Cuando lo recogí di uno durísimo, hubo gente que se marchó, lo cual me hizo ilusión. Hablé de la situación en los Balcanes y fui muy duro con gente del  PCE e IU, que habían sido livianos en la crítica a Milosevic porque era comunista, pensaron que yo era simpatizante y nos les gusto lo que escucharon. Se marcharon del acto. Fui contundente, hay que serlo para decir lo que piensas en el tiempo que tienes y hablar por la gente que está sufriendo.

 

Supongo que los discursos están siempre muy bien trabajados.

Sí, mis discursos están muy bien pensados siempre y últimamente he causado alguna controversia, pero es así porque yo digo cosas que piensa mucha gente y no se atreve a decirlas. He sido duro con el PP y el PSOE en el poder, indistintamente, soy contundente siempre que hay que serlo. El cinismo es algo inmaculado en los políticos, a los que les encanta criticar en la oposición y no hacerlo en el gobierno. Es algo que me repugna. En 2003 escribí el Diario de la Infamia en Heraldo, con Aznar en el gobierno durante la invasión de Irak. Gracias a mi crítica y la de mucha más gente Zapatero ganó las elecciones, mis columnas del Heraldo sumaron para organizar manifestaciones en Zaragoza con medio millón de personas. He sido crítico con los partidos porque creo que hay que criticar. Es algo que tienen que hacer los periodistas en su labor de vigilantes del poder.

 

¿Puede nombrar algunos fotógrafos que más le hayan marcado?

Ivo Saglietti, ha sido como un padre para mí en el periodismo. Lo conocí el 25 de noviembre de 1986, en Chile, durante el cumpleaños de Pinochet, viendo cómo hablaba a sus adláteres. Aprendí mucho de él. Gille Peress, fotógrafo de Magnum, lo conocí en los años noventa en Perú, fue muy crítico con mi trabajo pero me ayudó, me aconsejó que usara el blanco y negro, ayudó a que mejorara cuando ya llevaba diez años trabajando. De la generación de españoles me gustaría nombrar a varios: Oriol Maspons, que murió hace unos días, Eugeni Forcano, Rafael Sanz Lobato, Ramón Masats, Joan Colom, Leopoldo Pomés, Ricard Terré y Humberto Rivas, son parte de una generación de fotógrafos muy buenos.

 

¿Y los redactores?

Podría decir muchos, pero voy a nombrar solo a dos, que son los principales para mí: el que mejor ha cubierto la guerra de este país es Alfonso Armada, invito a leer sus reportajes en Bosnia-Herzegovina y en Africa entre 1992 y 1998 publicados en El País; y Ramón Lobo. También admiro a la gente que, teniendo un trabajo fijo, se ha atrevido a marcharse lejos, como Mónica Bernabé, que con 34 años dejó un trabajo fijo y se fue a Afganistán, ahora es periodista de referencia y va a ganar muchos premios.

 

¿Sigue pasando miedo durante sus viajes?

Claro, es el mejor antídoto contra la estupidez, la mejor manera de poder medir bien los pasos que vas a dar, porque hay momentos en los que hay que dar marcha atrás y dar una vuelta, ser valiente, y no seguir adelante porque no sabes qué va a pasar. Los riesgos son parte del trabajo. Y también sigo sintiendo el dolor de las víctimas dentro. Si no lo sientes no vas a poder transmitir tu trabajo con decencia. Me sigo sintiendo golpeado por lo que veo y es importante hacerlo. Hay mucha gente que cuenta películas, es una especialidad española, hay gente que va tres días a una zona de conflicto, se queda en los aledaños y luego vende humo, hablan más en la barra de los bares que donde hay que hablar.

 

¿Sigue volviendo a los Balcanes?

Sigo volviendo a todos los lugares que puedo en paz, porque me gusta ver los lugares en los que he estado en tiempos de guerra cuando todo ha terminado. He vuelto a Bosnia con Alfonso Armada recientemente. Ha sido un viaje muy interesante, en Bosnia, en Sarajevo, viendo el Drina, Mostar, me gusta volver y me hubiera gustado que la solución económica posguerra hubiera sido mejor. Te da una sensación extraña ver gente que viste sufrir que no acaba de salir del pozo económico en el que están pero te das cuenta de que siempre es mejor la paz que la guerra. Conozco más de cien países y siempre intento compensarme anímicamente regresando a ese país, para trabajar o de vacaciones con mi familia. Quiero ver las maravillas de cada lugar, es un equilibrio, una manera de evitar ir al psicólogo o al psiquiatra.

 

¿Cómo se ve hacia el final de su carrera?

El bang bang me ha dejado de interesar, no significa que no lo vaya a hacer, me refiero al combate, ahora voy a Afganistán sin empotrarme con los americanos. Me interesan más los vivos que los muertos, porque los muertos son el menor problema de la guerra, se entierran y solucionado. El problema es qué pasa con los vivos, con los que quedan ciegos, traumatizados, los niños que crecen con la guerra.