Los talibanes abren las puertas a la censura y a la persecución con sus “once reglas del periodismo”

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Los talibanes han anunciado recientemente, en una reunión con los medios de comunicación, las “once reglas del periodismo”. Las normas que los periodistas de Afganistán tendrán que aplicar a partir de ahora “están redactadas de forma imprecisa, son peligrosas y pueden utilizarse para perseguirles”, advierte Reporteros Sin Fronteras (RSF).

A partir de ahora, trabajar como periodista significará cumplir estrictamente las once reglas desveladas por Qari Mohammad Yousuf Ahmadi, director interino del Centro Gubernamental de Medios de Comunicación e Información (GMIC). Algunas de ellas, añaden desde RSF, “son extremadamente peligrosas y abren la puerta hacia la censura y la persecución”.

“Dictadas sin ninguna consulta con los periodistas, estas nuevas normas son escalofriantes por el uso coercitivo que se puede hacer de ellas, y auguran un mal futuro para la independencia y el pluralismo periodístico en Afganistán”, alerta el secretario general de RSF, Christophe Deloire. 

“Establecen un marco reglamentario basado en principios y métodos que contradicen la práctica del periodismo y dan lugar a una interpretación opresiva, en lugar de proporcionar un marco de protección que permita a los periodistas, incluidas las mujeres, volver a trabajar en condiciones aceptables. Estas normas abren el camino a la tiranía y la persecución”.

Las once reglas, una por una

Las tres primeras normas prohíben a los periodistas emitir o publicar historias que sean contrarias al Islam, insulten a las figuras nacionales o violen la intimidad. Se basan ligeramente en la actual Ley Nacional de Medios de Comunicación de Afganistán. Una norma que también incorporaba el requisito de cumplir la legislación internacional, incluido el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

La ausencia de este requisito en las nuevas normas abre la puerta a la censura y la represión, porque no se indica quién determina, ni en qué se basa que un comentario o un reportaje es contrario al Islam o irrespetuoso con una figura nacional.

Tres de las normas advierten a los periodistas que deben ajustarse a lo que se entiende como principios éticos. Deben “no intentar distorsionar el contenido de las noticias”, deben “respetar los principios periodísticos” y deben “garantizar el equilibrio de sus informaciones”. Pero la ausencia de referencias a normas internacionales reconocidas hace que estas reglas también puedan ser mal utilizadas o interpretadas arbitrariamente.

Las reglas 7 y 8 determinan el regreso al control de las noticias y la censura previa, inexistente en Afganistán durante los últimos 20 años. Exponen que “las cuestiones que no hayan sido confirmadas por los funcionarios en el momento de la emisión o la publicación deben tratarse con cuidado” y que aquellas que “puedan tener un impacto negativo en la actitud del público o afectar a la moral deben tratarse con cuidado al emitirse o publicarse”.

El riesgo de volver al control de las noticias o a la censura previa se ve reforzado por las dos últimas normas (10 y 11). Revelan que el GMIC ha “diseñado un formulario específico para facilitar a los medios de comunicación y a los periodistas la elaboración de sus informes de acuerdo con la normativa”.

La novena norma, que exige a los medios de comunicación “adherirse al principio de neutralidad en lo que difunden” y “publicar sólo la verdad”, podría prestarse a una amplia gama de interpretaciones y expone aún más a los periodistas a represalias arbitrarias.

Afganistán ocupa el puesto 122 de 180 países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2021 que RSF publicó en abril.