La crisis que hace temblar

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Aun enamorados vocacionales de la profesión más hermosa del mundo, en nuestro panorama de futuro, parece como si fuésemos caminantes cuesta arriba sobre una cuerda floja a unos 3.000 metros de altitud y sin red. Y nos llaman, nos llamaban, mejor dicho, “El cuarto poder”, cuando la realidad es que una mínima y mañiciosa pizca de viento puede arrojarnos al abismo sin paracaídas y sin cámara lenta posible. Ya se sabe cual es el resultado. Puede parecer a ojos de muchas personas, exagerada esta visión apocalíptica del ejercicio íntegro del periodismo, y desgraciadamente no existe demasiado margen de error. Periodistas asesinados, secuestrados, encarcelados, despidos, cierres de medios están en las notas de cada día en este mundo tan inmensamente globalizado. La crisis nos hace temblar.

Independientemente de la labor profesional que nos haya correspondido llevar a cabo como periodistas, alejados de las imágenes dadas en las películas y series americanas de televisión, quienes tuvimos la suerte de iniciarnos en esta profesión y seguir años y años en ella, muchos de nosotros, a pesar de todo, manteníamos siempre en lo más alto posible el grado vocacional y de entrega con que trabajábamos en nuestros comienzos. No siempre se acertaba en las informaciones y algunos de nuestros errores sabíamos que podían causar daños. La seguridad consigo mismo no quita para que también seamos capaces de mostrar un comportamiento entrañablemente humano, alejado de cualquier tipo de prepotencia. Es bueno hacer periodismo de investigación e informar siempre con honradez. Y si se hace de esta manera, siempre con la verdad por delante y guardando las mínimas normas de ética, podremos mirarnos plenamente ante el espejo que llevamos o debemos llevar todos en nuestra conciencia.

El asesinato de un amigo marca para siempre. Ese amigo era José María Portel, compañero que fue en La Gaceta del Norte y que pereció ametrallado por los pistoleros de ETA. Su muerte me hizo plantear la posibilidad de dejar la profesión. Una profunda reflexión me hizo reaccionar y mirar hacia adelante y amar todavía más el ejercicio del periodismo, desde las más diversas secciones.

Siempre se ha dicho aquello de que “la verdad os hará libres”, si bien ser sinceros y valientes casi siempre entraña grandes riesgos. De acuerdo con los datos “online” ofrecidos en las últimas actualizaciones de Reporteros Sin Fronteras, en lo que llevamos de 2014 se han registrado 17 periodistas asesinados, 6 colaboradores muertos, 3 internautas asesinados, 166 periodistas encarcelados, 14 colaboradores encarcelados y 165 internautas encarcelados. Bien es verdad que los datos resultan aterradores. ¿Y luego nos denominan “El cuarto poder”? cuando constantemente oímos que nos llaman buitres. Sí, los periodistas matamos a Jesucristo, a Kennedy, a Marx y a Lenin.

Pero es que en España la situación no da mucho más margen al optimismo. Quienes hemos tenido la fortuna de trabajar ininterrumpidamente no debemos, no podemos quejarnos personalmente. Pero nos sentimos solidarios con nuestros “sucesores” y vemos que el empleo joven ha caído en picado, que es discontinuo, que se van cerrando demasiados medios. ¿Cuál es el futuro? Pues muy oscuro, como los trenes españoles a la vieja usanza, que cuando pasaban por el túnel se inundaban de carbonilla.

¿Qué se eliminó la censura? Ahora ya no hay que acudir con las pruebas de imprenta de los periódicos a los censores designados por el régimen al que logramos decir adiós. Sin embargo, los miembros del Gobierno que preside Rajoy y sus subordinados da la impresión de que quieren dejar todo atado y bien atado, y se han inventado el anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana. Ello quiere decir que aunque sean imágenes captadas en el exterior, no se permitirá que los objetivos apunten a las fuerzas de seguridad, ni a las propias autoridades, “siempre que puedan resultar lesivas, inconvenientes o inapropiadas”, según estimen convenientemente los delegados del Gobierno o del Ministerio del Interior. No sé si nos toman el pelo miserablemente o es que, si con buena fe, quieren aliviarles parte de su trabajo a los tribunales. Está claro que nos hallamos ante una medida intimidatoria sometida a los intereses políticos, o más especialmente, a los del partido o partidos que estén en el Gobierno. Rechazo, y espero que mis compañeros también, cualquier tipo de mordaza. Como solemos compartir los periodistas en nuestra defensa de la libertad de expresión, “Sin periodismo libre no hay verdadera democracia”.

Manuel Español

Periodista