‘Y el cielo es nuestra casa’, de Eliseo Bayo

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El periodista Eliseo Bayo, natural de Caspe pero residente en México DF, habla sobre su última publicación, el libro de poesía ‘Y el cielo es nuestra casa’, una obra llena de sentimientos y, como dice el propio autor, “minas explosivas sembradas intencionadamente en cada verso”.

Yo lo he entendido como una denuncia desde la voz del lamento de un superviviente. ¿Su intención era más criticar que denunciar?

El objeto de la poesía no es criticar ni denunciar, sino buscar, entender y sentir. El conocimiento de México y de la cultura antigua destruida me impresionó profundamente cuando llegué aquí, hace casi treinta años, y me llevó a pensar que lo mismo había ocurrido en la historia general de los pueblos. Nos falta adquirir conciencia de que todos somos un pueblo escondido entre los escombros de la destrucción. Personifico en México el resultado de mi búsqueda, que he perseguido también en otros lugares. Y me refiero no sólo a las destrucciones pasadas, sino también a las que se suceden en nuestros días, con la misma intención. No es un libro sobre el pasado, porque está ocurriendo lo mismo en nuestros días. Aquí, en México, estudié la estructura de las lenguas – nahuatl, otomí, porepecha, quiché- para penetrar más en su cultura. Encontré una tradición que explica de manera profunda, misteriosa, el origen del Universo y de los seres humanos -las sucesivas creaciones fracasadas- y una organización compleja, plena, a través de las diversas oleadas de presencias raciales distintas. Luego vino la destrucción de todo aquello y su suplantación por lo que llamamos cultura occidental, que arruinó lo material: los edificios, los templos, la arquitectura, el modo de producción, la estructura social; y también lo espiritual: la lengua, las creencias religiosas, los conocimientos científicos, las relaciones personales. La destrucción bárbara, sangrienta, provocó la quiebra de la estabilidad emocional y social de las gentes. Fue un genocidio espantoso, cuyas consecuencias está viviendo la sociedad mexicana actual. Los frailes, en el intento de borrar la historia y la religión antigua, interrogaron a los sabios menores -los grandes fueron aniquilados en los primeros días de la matanza- para conocer sus secretos y adulterarlos. ‘Y el Cielo es nuestra casa’ es el testimonio de uno de aquellos sabios, recluidos en la soledad de la celda, y habla por mi boca. No es una pretensión arrogante, sino una comunión espiritual y vierto en los poemas lo que creo que sintieron aquellos seres perseguidos, no sólo en México sino en todos los lugares del Planeta.

Yendo por partes: en la primera, he sentido pesar, tristeza ante un encierro o exilio. “No me encontrarán entre estas paredes preso”, ¿quiere esconderse de la vida o de alguien en particular? “Mi tobillo izquierdo guarda la marca del hierro en la línea descendente del corazón / el recuerdo de la caída y la ruptura / … / el látigo de la deshonra” háblame de los sentimientos de estos versos que tanto me han llegado.

Está todo explicado. Has seleccionado versos que te han atrapado y ahí está la respuesta. La explicación es lo que queda tras el sentimiento y la intuición. Nadie (el enemigo) encuentra al preso, porque éste es libre dentro de su celda. Lo se por experiencia prolongada. Es una parábola de la vida. Nuestra constitución íntima es la libertad: no es que sea lo más preciado del individuo, sino que es él mismo. Somos libertad. El resto del poema es la afirmación más completa de lo que digo, y un alegato contra los enemigos, que “sólo son eternos en la memoria que de ellos guardaremos para siempre”.

Portada-Eliseo

La segunda me deja una sensación de abandono. “La olla rota sobre fría ceniza que el viento en nube convierte”, ¿hablas del paso del tiempo o de la destrucción causada por el hombre en aquellos pueblos? Durante varias páginas hablas de una tortuga. ¿Qué simboliza? “No mide el paso de la sombra la tortuga”.

Cierto, es una sensación de abandono, porque así ocurrió. Es una instantánea fugitiva, visual, del campamento conquistado, destruido, y tras el paso de la muerte, la ceniza, lo que queda, se convierte en nube vigilante, amenazadora. La tortuga mide el paso del tiempo, es testigo de acontecimientos pasados y por alguna cognición lleva inscritos en su coraza los signos que guardan la memoria de ellos. Se pasea al margen de lo efímero.

III. “Rodeo con mis brazos el tronco del árbol”, te refieres al árbol como el hogar, la madre naturaleza perdida, el recuerdo que produce melancolía? En la última parte, dices “Creces hacia abajo a la vista engañada/tu impulso en vuelo sigue el paso amplio/de nubes viajeras en el confín del firmamento/abriendo camino al perpetuo aposento de tus raíces.” ¿hablas de ese árbol, del personaje que envejece buscando volver a su hogar?

No hay nada que produzca más paz, ni mayor reconciliación con el mundo, que rodear con nuestros brazos el tronco del árbol. Yo lo hago desde pequeño, y así he visto envejecer lentamente los viejos olivos y los almendros ásperos en mi tierra de origen, en Caspe. El árbol es todo lo que dices, y veo que lo sientes así, como lo sentimos todos los humanos. Buscamos volver al hogar y no puedo explicar ahora el contenido esotérico de la madera, que nos recuerda fonéticamente a la madre. Somos hijos de la Madre, de la Madera. Y del fruto, que ella produjo.

IV: Esta parte me ha transmitido más esperanza. “Alzamos el vuelo cuando danzamos/…/y el cielo es nuestra casa”. Háblame de ese cielo, ¿no importa donde estemos, a dónde nos lleven, a dónde debamos movernos porque en realidad somos de todas partes? Eso es lo que he pensado…

Da título al libro. Es la conclusión de lo primero: “somos hijos del Águila”. El Águila es lo contrario de la Serpiente: dos civilizaciones enfrentadas a muerte históricamente. La Serpiente es un periodo histórico en la sucesión de Imperios destructores: Dragón / Serpiente, León, Toro, enfrentados con el Águila, que trae al Bebé, al Niño Dios, a la Tierra (no lo rapta, lo trae) para iniciar reinos de justicia en la Tierra. Todos procedemos de las estrellas, y también naturalmente, la Serpiente, el León y el Toro, pero nuestros reinos son distintos, enfrentados. Esta puede ser una explicación del origen de la violencia y del mal en la Tierra.

V: “…en el rumor que en suelo dejan/ya no volveré a pasar por el sendero…” ¿es una mirada a la historia o hacia el futuro?

Hacia atrás, buscando la fortaleza, el asidero, para afrontar el futuro con la serenidad que nos da el conocimiento de nuestro pasado.

VI y  VII: En estas dos partes percibo un cambio de actitud, ¿narra una historia de conquista o reconquista y habla de su legado? “con alegre obstinación la espalda dando al consejo/amortajados nuestros padres/alboreaba el rojo sol de la codicia”,  “nos sentamos junto al fuego en la noche/somos un pueblo escondido”.

Es el escenario físico de la conquista. El lector muy avisado descubrirá en esta parte resonancias y reminiscencias que nos llevan a la Conquista de Canarias, como ensayo general para la conquista de América, y a los genocidios que jalonan la historia de Europa. Es la descripción del programa del exterminio, su metódica ejecución. Aunque parezca lo contrario, los vencedores fueron vencidos por la Victoria. No construyeron un mundo mejor, ni una sociedad más justa, ni una religión de amor y de esperanza, sino sólo un mundo de rapiña, y dejaron establecido que el mundo se mueve por la destrucción, la guerra lo justifica todo, y la injusticia es el modo de ser de una sociedad asentada sobre las ruinas de las que destruyó.

VIII: Como indica su nombre, ‘Improperios’, noto un cambio de actitud, un giro más agresivo. “aspiran la pestilencia de sus mentiras”, “nuestra venganza mañana alegraos/hermanos ya llega. ¿es la reacción en contra del poder establecido?

Es más que la reacción. Es la definición del modo de ser del injusto. Se afirma esta vez la soledad del opresor y sobre él la grandeza moral del humillado. Ratifica la hermandad de los vencidos, su gozo en la contemplación de que sus verdugos son escoria.

IX: “los pobres los que lloran los que se hincan/de rodillas acabado el viaje de espina y sangre/no necesitan el codicioso cobijo del templo” ¿Habla del honor de los cobardes tras la batalla?

Habla de los débiles por conveniencia, de los que se hicieron traidores porque su alma era inconclusa, de los hipócritas que construyen templos de mentira, de los que buscan consuelos antes de haber empezado a sufrir.

X:  “Acudo al río de la promesa con mi cesta/de peces muertos y gangrena seca”, ¿es el regreso al hogar después de la batalla o muchos años de castigo y exilio?

Es la fatiga del largo exilio, el recuento de los fracasos inútiles, la decisión de volver al río que no cesa.

XI: “Solo temo no saber encontrar el camino de tus hazañas para perdurar dibujadas” ¿Habla el miedo al olvido?

Hablo del miedo al olvido. Estamos dando vueltas en una galaxia que nos lleva a no sabemos dónde. Expresamos nuestra voluntad de haber sido tenaces luchadores contra el olvido, y deseamos que nuestros sueños sean ciertos.

“No rompas el frágil sueño de la flor/…/no la apartes del sitio en que nació”, me gusta ese final, ¿denuncia a los invasores que sacan de sus tierras a los más débiles?

Este poema, que en la presentación del libro en el Círculo del Liceo en Barcelona fue declamado traducido a quince idiomas euroasiáticos y africanos, por iniciativa de la Dra. Tatiana Kompanyets, cierra el libro y me gustaría que lo publicaras íntegro para que los lectores pueden hacer sus propias preguntas. Las respuestas están dadas.

Y aquí el poema final:

   No rompas el frágil sueño de la flor

el hilo de nácar en que dormida se mece

al movimiento del oído atento

   De ella nacen la luz viajera y el canto viejo

la estabilidad donde la voluntad ajena

complacida se asienta

   El confín del mundo describe su corona

   La recompensa anuncia para el circular paseo

de los espíritus más leves

en ella buscando alivio la pena eterna

   No la atemorices con tu presencia

si es grito contagioso tu corazón en ciernes

el paso enfermo consigo su condena arrastra

   En el sitio en que nació

en tierra puesta por mano del Dueño del Silencio

no la castigues por no saber quién eres