El periodista ambulante

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Mi moto, un ordenador portátil y un teléfono se han convertido en mis compañeros inseparables de esta nueva etapa profesional en la que estoy embarcada. Son mis instrumentos básicos, los del periodista ambulante. En ese grupo estoy yo, en el grupo de los que, a pesar de todo, hemos decidido emprender, esto que parece apuntarse como la solución a todos los problemas. Hoy, el concepto más utilizado si se habla de empleo, poco novedoso a mí entender porque ya hubo otra época de crisis en la que también se proponía esta solución, aunque en lugar de emprendimiento se hablaba de autoempleo.

Soy freelance, el tren al que decidí subirme hace algo más de un año y que no creo que sea la solución a todos los problemas de la profesión periodística, pero sí la menos mala. Mujer, más de 40, con una mochila demasiado cargada de experiencia no es el perfil que se adapta a lo que buscan las empresas. Cansada de esa respuesta una y otra vez, decidí tomar las riendas de mi vida profesional y volver a empezar. Otra vez estaba en la casilla de salida, es verdad que esta vez iba a poder utilizar la mochila de la experiencia y de una agenda con bastantes teléfonos a los que llamar. Una ventaja frente a los jóvenes periodistas a los que les queda un largo camino que recorrer en un momento tan complejo para el periodismo, a los que se les habla de emprender como si fuera algo tan fácil.

Sin embargo, si mi experiencia le puede servir a alguien, mi balance de esta nueva etapa profesional es más que positivo, a pesar de todas las dificultades. Ahora vivo con mi familia y con mi entorno en lugar de vivir con el trabajo, lo que no quiere decir que trabaje menos, porque necesitaría que los días tuvieran más horas y, de repente, muchos fines de semana ya no son tal sino dos días más para sacar adelante el trabajo. Y lo más importante, me siento libre, creo que más libre que nunca.

¡Qué importante es la libertad para el periodista! Es cierto que sin libertad no hay periodismo, pero sin periodistas tampoco hay periodismo y sin periodismo no hay democracia. Son malos tiempos, en general, pero especialmente para nuestra profesión, nos enfrentamos a una crisis económica junto a una crisis del modelo periodístico. Es momento de replantear tantas cosas… y de buscar salidas, pero nunca de tirar la toalla, eso es lo que a muchos les gustaría. Hoy más que nunca, los ciudadanos necesitan información y nuestra obligación es que la reciban desde la veracidad y con honestidad. Por eso, es tan importante que recuperemos nuestra credibilidad que, no nos engañemos, está bastante en entredicho. Y también es hora de que defendamos nuestro espacio y la misión del periodista: informar. Que nadie nos haga creer que los periodistas no somos necesarios porque ya está Internet. Pero ¿qué tiene que ver? Internet es una herramienta, no sustituye al periodista, deberemos adaptarnos a estos nuevos tiempos y a la nueva manera de informarse de los ciudadanos, pero de ahí a que no se necesiten periodistas hay un abismo.

Es cierto que nuestra profesión está mal pagada, que cualquiera cree que puede tener un periodista a precio de mercadillo. Así no, así vamos mal. En esta nueva etapa, he aprendido que, a veces, hay que decir no a quien no valora al profesional que tiene enfrente. Ahí tenemos mucho que decir, porque si nosotros mismos no nos valoramos y no nos respetamos no esperéis que otros lo hagan.

Yo soy periodista, ahora periodista ambulante, pero sigo siendo periodista, ¿y tú?

 

Melania Bentué

periodista