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María Gómez y Patiño: “La búsqueda de las raíces familiares y conocer la cultura donde has nacido creo que tienen un valor terapéutico de primer orden”

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La periodista María Gómez y Patiño ha presentado su novela ‘Luciérnagas en la Toscana’, una obra literaria y emocional que entrelaza memoria, pasado y belleza.

Con una prosa íntima y reflexiva, la autora propone un viaje que nace en un desván familiar y nos lleva hasta una pequeña casa en la Toscana italiana, donde las luciérnagas iluminan los recuerdos que parecían dormidos.

PREGUNTA: ¿Cómo fue el momento en que encontró esa novela inédita escrita por su madre? ¿Qué sintió al descubrir ese manuscrito y cómo supo que ahí había una historia que merecía ser contada?

RESPUESTA: Cuando Mercedes encontró el manuscrito fue un momento mágico. Sintió que había encontrado un tesoro sentimental. El manuscrito estaba entre otros documentos conservados en una caja y cada uno de ellos tenía un gran valor emocional. A medida que iba sacándolos de la caja, los recuerdos iban aflorando junto a aquellos papeles amarillentos y las fotografías antiguas. Algunas eran desconocidas para ella y cada una era una sorpresa más grande que la anterior. Mercedes estaba en un momento muy especial de su vida. Lo había encontrado en el momento adecuado. Ahora tenía tiempo para leerlo, lo haría. Su lectura, su transcripción y la transposición a la realidad constituía todo un reto personal.

P: ‘Luciérnagas en la Toscana’ entrelaza memoria, arte y reconciliación. ¿Cuánto hay de María Gómez en Mercedes, la narradora que reconstruye el pasado familiar desde el desván y la casa toscana?

R: Es muy difícil saberlo. Mercedes es un personaje recurrente en mi obra de ficción. De hecho, Mercedes es la protagonista de SOLA EN ORIENTE MEDIO (2018) y también de RELATANGOS (2023). Y la pregunta sigue siendo válida para las tres obras. Siempre hay cosas, algún detalle o aspecto que pueden ser personales, pero no siempre, y además es difícil decir qué sí o qué no… realidad y ficción se entrelazan y construyen una narrativa que en ocasiones tiene algo de autoficción.

P: El hallazgo de una novela inédita escrita por una mujer en la posguerra es un detonante muy simbólico. ¿Qué te interesaba explorar sobre el silencio y la invisibilidad de tantas voces femeninas de aquella época?

R: El momento histórico es muy importante. Además, el escenario en que se desarrolla la historia es el País Vasco, con una gran influencia de la iglesia en la vida cotidiana de sus protagonistas. Un tiempo en el que los topónimos se usaban en castellano, y la lengua hablada en el ambiente rural era un castellano con una sintaxis euskaldun, que lejos de complicar la lectura, aproxima al lector a un tiempo y a una moral concreta. El rol de la mujer de aquella época era muy diferente al actual. Y una lectura en profundidad desvela algunas realidades familiares muy importantes. Las mujeres son las protagonistas indiscutibles de las historias y su voz puede sentirse desde distintas personalidades.

P: En la novela hay una búsqueda emocional, pero también un ejercicio de reconstrucción histórica. ¿Cómo fue el reto de tejer esas capas de tiempo y memoria sin perder la emoción ni la claridad del relato?

R: De hecho, se trata de una metanovela. Es decir, es una novela dentro de otra novela. Me gusta utilizar la palabra trenza, porque en la novela se entretejen tres historias de amor, absolutamente distintas. De una parte, se trenza la ficción que data de la década de los 50, con los recuerdos de la década de los 70 y el análisis reflexivo de 2024. Se trenzan por tanto los hechos de ficción que transcurren en el País Vasco, que se trenzan con los recuerdos y la comparación con la realidad social actual, para acabar la trenza narrada en la Toscana.

P: La Toscana aparece casi como un personaje más, un refugio luminoso frente a un pasado doloroso. ¿Qué papel juega el paisaje en la sanación y en la memoria de tus protagonistas?

R: Para mí la Toscana es mágica. Estudié en Florencia y volver a esta región fue revivir también una serie de recuerdos familiares y epistolares. Y el paisaje para mí es fundamental como escenario en el que se viven las experiencias. En mi opinión, recordamos imágenes. Como en los sueños, cuando los recordamos los recordamos como imágenes, y los sentimos como reales. De ahí que, tanto la paleta de colores como los aromas son dos experiencias sensoriales que impregnan y modifican la realidad. De hecho, al ser una novela dentro de otra novela, he pintado dos paisajes, (que aparecen en la portada y en la contraportada), la casa en la Toscana y la casa de Punta Galea respectivamente. Ambas tienen mar y montaña: azul y verde.

P: El libro invita a reconciliarse con las raíces y con lo heredado. ¿Crees que cada generación debe reescribir la historia de su familia para poder entenderse a sí misma?

R: la búsqueda de las raíces familiares y conocer la cultura donde has nacido creo que tienen un valor terapéutico de primer orden. No sé si cada generación debe reescribir su historia familiar, pero su conocimiento desvela una serie de verdades que facilitan la comprensión de tu propio yo. Sin duda hay un legado familiar, cultural y espiritual que ayuda a conocerse mejor.

P: ¿Qué te gustaría que quedara en el lector cuando cierre Luciérnagas en la Toscana? ¿Una emoción, una pregunta, una reconciliación propia quizá?

R: Si consiguiera las tres cosas me sentiría la mujer más feliz del mundo, pero con solo una de ellas, también me daría por satisfecha. Cuando digo que esta metanovela se ha escrito en el momento adecuado quiero decir que se han concitado los tres aspectos: la emoción, las preguntas, y la reconciliación final. Sin duda, hay un legado, y puede ser distinto para cada persona, dependerá del momento en que se encuentre y de la profundidad con la que quiera hacer la lectura, su lectura.