La nueva directora del Congreso de Periodismo de Huesca, Livia Álvarez, ha hablado con Periodistas de Aragón para hacer balance de su primera edición al frente, así como compartir cuál es la clave del éxito y los próximos desafíos para esta celebración que volverá a tener lugar los días 12 y 13 de marzo de 2026.
P: Ha sido el primer año que está como directora del Congreso de Periodismo de Huesca. Ahora que ha pasado un mes desde que se celebró este encuentro, ¿qué balance hace?
Esta 26 edición era, para mí, un desafío. Conozco bien el Congreso porque he formado parte de su equipo organizador durante una década y aunque esto no era una garantía, sí ha sido de ayuda. Ha sido fundamental contar con el trabajo de la Asociación de Periodistas de Aragón y de un equipo humano en el que confío y con el que disfruto trabajando. Las 25 ediciones que el Congreso tenía a sus espaldas, al principio, me imponía porque hablamos de un evento nacional muy potente, pero esa larga trayectoria – ahí está el buen hacer de Fernando García Mongay todos estos años atrás- también me ha empujado, incentivado y sostenido.
El Congreso puede parecer por momentos labor de equilibrista, tanto en la elaboración del programa porque tiene que haber variedad como en cuestiones relacionadas con los patrocinios, la difusión o las inscripciones. Así, hasta el clímax de dos días en los que, sobre todo, deseé que todo fluyera sin grandes contratiempos.
Es una fórmula mágica con bastantes elementos, pero creo que lo hemos combinado bien y de ahí los testimonios positivos que nos han llegado en persona y a través de una encuesta de la asistencia. Estamos satisfechos, aunque tenemos hambre de más.
P: ¿Cómo se adapta este evento a las nuevas tendencias y necesidades?
Dialogando mucho con el entorno profesional y reflexionando para identificar y materializar qué es lo que el Congreso necesita en cada edición y qué es lo que la profesión necesita del Congreso. Es imposible en sus dos jornadas de duración dar respuesta a todo y a todo el público. Hay que elegir, sabiendo que hay temas y profesionales que, en cada edición, se quedarán afuera o asomarán sólo de perfil y que habrá que retomarlos en la siguiente o quizás en alguna de las actividades vinculadas al Congreso fuera de esas fechas.
Además, este año hemos incorporado un Comité Asesor con profesionales de los medios de comunicación que nos ayuda a clarificar tendencias y necesidades y al que le estoy muy agradecida.
Dicho esto, hay cuestiones que, para mí, son obvias en cuanto a su importancia: el impacto de la IA, la lucha contra la desinformación, el desafío de la captación y fidelización de público, la comunicación en situaciones críticas… Todo esto es importante para los y las periodistas y también para la sociedad en su conjunto, que puede venir y sentarse en una butaca del Palacio de Congresos. De hecho, animo a que lo hagan.
P: ¿Qué papel juega el congreso como punto de encuentro entre periodistas veteranos y nuevas voces del sector?
Un hecho que me alegró muchísimo, porque hemos trabajado duro para que así fuera, es que había una cifra elevada de estudiantes de facultades de Periodismo y del máster de El Mundo –más de 120 en total-, una cifra que deseamos que siga creciendo. Se habla mucho del desinterés de la juventud y yo más bien creo que a la juventud hay que ganársela, hay que inspirarlos, implicarlos y también desafiarlos un poquito. A ello nos ayudaron mucho ponentes de edad más próxima, que manejan muy bien su lenguaje, temas de interés y formatos. Así, hicieron de enlace Carles Tamayo, Alba Moreno, Mar Manrique y Emilio Doménech, por ejemplo.
Y, desde luego, creo que el encuentro y diálogo entre jóvenes y mayores de la profesión es imprescindible como caudal de conocimiento y creatividad y vamos a seguir fomentándolo.
P: Periodismo especializado, true crime, nuevas formas de comunicar, CHAT GPT, Estados Unidos… ¿Cómo ha influido esta variedad en el éxito de la edición?
Antes hablaba de la fórmula mágica del Congreso. Uno de sus ingredientes es la variedad que, efectivamente, nos permite conectar con diferentes públicos, pero hay que poner la dosis adecuada. Si nos centramos sólo en la variedad, tampoco funcionaría.
En el diseño del programa, también busqué enraizar, seleccionar temas que nos permitieran explorar y ahondar. Seamos realistas, no vamos a llegar al fondo de la cuestión en un evento de una duración limitada, pero quizás podamos vislumbrar un trecho más del camino que transitamos y en vez de ir con las luces de cruce, poner las largas. Eso nos da más perspectiva.
Sirvan un par de ejemplos. Hablamos de nuevos medios y nos planteamos, ¿cómo voy a crear, yo, periodista, que no vengo del mundo de la empresa, un medio de comunicación? Pero qué pasa si lo que nos planteamos es: ¿y si creo un medio pequeño que, al mismo tiempo, sea capaz de generar una gran comunidad a su alrededor?
¿Qué va a pasar con el algoritmo de las redes sociales que bien es sabido que fomenta el odio y la desinformación? ¿Nos vamos a mantener al margen como periodistas y como sociedad? Son muchas las reflexiones que emergen en un Congreso.
P: Efectivamente, uno de los grandes retos actuales es la desinformación. ¿Cómo cree que debe abordar esta cuestión un espacio como este?
Lo definió muy bien Carmela Ríos cuando apuntó en la mesa redonda que la desinformación es la gran guerra contemporánea y que el colectivo periodístico tiene que hacer periodismo de guerra. Desde el Congreso hacemos nuestra contribución propiciando este debate y poniendo voces acreditadas para dar con algunas de las claves de lo que está sucediendo.
También ofrecemos talleres como el de Chat GPT, en el que se habló de cómo la IA nos puede ayudar a manejar grandes volúmenes de información o cómo no caer en sus trampas cuando la buscamos. Ahí nos damos cuenta de que se repite una gran verdad del periodismo: “hay que saber preguntar”, incluso a Chat GPT, verdad que va de la mano de: “hay que saber cuándo desconfiar de lo que se nos cuenta”.
Además, pusimos sobre la mesa el debate sobre el periodismo especializado, que es otra herramienta para luchar contra la desinformación y una muy buena alternativa profesional. Seguiremos con esta “lluvia fina” de cuestiones, hasta que la desinformación, sus claves y cómo luchar contra ella nos cale hasta los huesos.
P: Huesca lleva más de dos décadas acogiendo este congreso. ¿Qué importancia tiene el vínculo con la ciudad?
Habría Huesca sin Congreso y Congreso sin Huesca, pero no sería lo mismo. Lo que comenzó como un idilio hace 26 años ha acabado convirtiéndose, no sé si en un amor eterno, pero sí en un vínculo profundo. Es una historia con sus etapas. En sus inicios era el Congreso de Periodismo de Huesca. Perdió el apellido “digital”, porque ahora casi todo lo es. Cualquier día puede perder el apelativo “de Periodismo”, puesto que la mayoría de las personas, sean de donde sean, se refieren a él como “el Congreso de Huesca”, así que Huesca está en su ADN. En Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas, ponentes que vienen al Congreso simplemente dicen “me voy a Huesca”. En general, en su entorno no hace falta más explicación.
Es un Congreso muy querido por la ciudad, que se vuelca con él, desde las autoridades hasta la ciudadanía pasando por la hostelería y todo el sector servicios. Es motivo de orgullo y sincero agradecimiento. Además, nos encanta ver cómo se le cambia la cara a cada congresista que viene “de la gran urbe” y nada más llegar muestra un lado mucho más relajado. La Magia de Huesca es real y poderosa.
P: Ya se conoce la fecha del próximo congreso, el que se celebrará en marzo de 2026. ¿Qué desafíos enfrenta de cara a la nueva?
De forma progresiva vamos a ir incorporando novedades, tanto en actividades como en formatos y tanto dentro del Congreso como de forma complementaria al mismo.
Este año, por ejemplo, hemos incorporado el podcast, que está funcionando muy bien como herramienta de difusión. En formatos, nos ha funcionado muy bien la fórmula de una pareja de ponentes generando un diálogo en el escenario de pie e interrelacionando bastante con el público. Seguiremos explorando sin modificar la esencia, porque el Congreso tiene que seguir muy vivo y evolucionando.
Ya está en proceso el programa, con alguna mesa redonda y ponencias ya identificadas, pero no quiero desvelar nada antes de tiempo, cuando aún estamos desarrollando actividades post Congreso. Os tendremos al tanto.
P: Además, las personas interesadas pueden acceder a una oferta flash. ¿Qué dirías a aquellas personas que estén pensando apuntarse?
Les diría que los espacios de encuentro y reflexión en nuestra profesión no abundan, a pesar de lo importantes que son. Del Congreso puedes salir con uno o muchos contactos nuevos o un nuevo proyecto en mente, incluso con las líneas maestras diseñadas. Sé de algún importante medio de comunicación que ha nacido en estos pasillos. Y como mínimo, y no es poco, te llevas encuentros y reencuentros que revitalizan y te cargan las pilas en una profesión que es cambiante, exigente y desafiante como buen reflejo de la sociedad en la que vivimos.
El mejor regalo para mí de esta edición fue ver ilusión y alegría en muchos rostros durante los dos días. Y creo que necesitamos más de eso. No lo digo para romantizar o edulcorar la profesión, eso no sería realista, pero lo que experimentamos sí lo es y tengo claro que las buenas ideas para resolver los grandes desafíos no nacen de la apatía ni de la desesperanza, sino de otras emociones que el Congreso derrocha a raudales. En cualquier caso, podemos hablar mucho de él, pero es un Congreso para vivirlo… Ahí os lo dejo…











