Javi Vázquez: “En mis obras hay retazos de gente que forma parte de mi vida diaria”

1977

Periodista, locutor, escritor, actor, presentador… Son muchas las facetas de nuestro compañero Javier Vázquez Ezcurdia (Zaragoza, 1973). Acaba de publicar El Vals de la novia ausente. Se trata de la segunda aparición en sus novelas de la cupletista y detective Mercedes Ibor.

Rafa Navarro conversa con Javi Vázquez para conocer más detalles de una obra muy entretenida que nos acerca a la sociedad de la capital aragonesa poco después de la Exposición Hispano Francesa de 1908.

Regresas al mundo literario, aunque realmente no lo has abandonado nunca. Y lo haces de nuevo con las aventuras de Mercedes Ibor. ¿Cómo le ha cambiado la vida desde el Tango para una asesina?

Pues le ha cambiado para bien, porque ella recupera en este nuevo libro esa faceta que perdió en el primero. Ella, de repente llegó a Zaragoza huyendo de un crimen que se había cometido en Barcelona en lo más alto de su carrera. Y se convirtió en una mujer de la calle, de las que decía que no quería que le regalasen flores, sino borrajas, porque necesitaban del alimento que llevarse a la boca. ¿Qué pasa? Que en este caso, en la pensión que regenta su tía en la plaza del Pilar, aparece un personaje muy peculiar. Felipe Val de Negro, que forma parte del elenco de artistas que va a montar el nuevo espectáculo en el Teatro Pignatelli y la convence para que vuelva otra vez a subirse a un escenario. Y, a partir de ahí, en esta nueva novela a Mercedes la vamos a ver también casi más cupletista que detective, por decirlo de alguna manera.

El carácter de tus personajes, habitualmente, suele estar inspirado en personas que conoces de la vida real. ¿Cuánto hay de Javier Vázquez, por ejemplo, en la Bella Ibor?

Realmente no hay nada. Lo que pasa es que todo el mundo que ha leído las novelas dice que el libro es ‘muy yo’, que ahí están todas mis facetas metidas. Me gusta escribir, obviamente lo necesito, tengo la necesidad de comunicar, no solo como periodista. Me gusta mucho el teatro y, como actor, también el teatro está allí. Me gusta mucho la ficción. Los diálogos casi tienen un componente más de una ficción, de una serie de ficción de televisión o de una película que literarios. Todos esos componentes forman parte de mi vida. Y luego también está mi pasión por el mundo del cuplé, que esto es algo que tengo que agradecer a mi abuela Teresa. Y eso también está plasmado en el libro. O sea que, a lo mejor, hay más de mí en las páginas del libro.

Pero sí que hay muchos personajes que están inspirados, al menos, en retazos de las personas con las que convives.

Más que inspirados, son personajes a los que a lo mejor les he dado nombres o apellidos de personas que conozco. Porque para mí es muy importante que un personaje tenga un nombre que le imprima carácter. Y hay veces que todos esos guiños son pequeños homenajes que yo voy haciendo a la gente que conozco. Porque claro, si estoy buscando algo, no sé, pongamos un apellido o un nombre sonoro e instintivamente, creo que por el simple cariño que tengo a toda la gente que me rodea me viene ese nombre a la cabeza. No hay ninguna cuestión personal que esté inspirando un personaje en concreto, pero sí que hay retazos de un montón de gente que forma parte de mi vida diaria que se puede ver reflejada en la novela. Sería como pequeños homenajes o pequeños guiños. No es una cuestión que yo busque intencionadamente, sino que surge así cuando voy escribiendo las historias.

Es la segunda novela con Mercedes Ibor como protagonista (esperemos que lleguen muchas más). Recordamos que ella desciende de uno de los héroes de los sitios de Zaragoza. Y también regresan otros personajes de la primera novela. Por ejemplo, la tía Arminda, a quien conocimos en una pensión que va camino de ser la más famosa del panorama literario aragonés, frente al Pilar. No sé si es este el espacio al que das más relevancia en la novela o  en general. O si  es el nexo que te permite dar el hilo argumental de los personajes que van a ser claves en el desarrollo de las tramas.

No creo que un sitio sea más importante que otros. La novela es muy coral y como novela coral, con muchos personajes. Cada uno tiene un ámbito social y uno en el que vive completamente diferente. Digamos que, en esta novela, la pensión a lo mejor tiene incluso menos relevancia que en la anterior, que en el Tango para una asesina. Pero es verdad que los personajes que habitan ese microcosmos de la pensión, en La Paloma de doña Teresa, tienen mucha fuerza narrativa porque son caracteres muy fuertes y además son los personajes que de alguna forma arropan a la protagonista, arropan a Mercedes. Es donde están sus doctores Watson o doctoras Watson, ahí está su tía doña Teresa, está doña Arminda, la tía de Santiago que es el Watson de Merceditas, porque es su pareja en esta novela, ya amigo en la primera. Y es verdad que yo le tengo mucho cariño a todo ese ambiente de la pensión, incluso sin haber estado nunca en una pensión. Creo que es un ambiente como muy cercano, es lo más parecido a una familia que tienen todos estos personajes que andan perdidos por la vida.

“Todas mis facetas están plasmadas en mi nuevo libro”

Sin embargo, hay muchos otros escenarios que también tienen protagonismo. Por ejemplo, en este Vals, el teatro Pignatelli se convierte también en un elemento importantísimo. Es un teatro que actualmente ya no existe, que lo perdimos después de que se le diese una prórroga o lo indultase la propia ciudadanía mucho más tiempo del que tenía que haber estado construido, porque era un teatro efímero. Aparece el Hotel Regina, poquito, pero tiene protagonismo porque ocurren ahí un par de escenas, digamos que muy surrealistas, donde aparece retratada toda la alta sociedad de aquella época y especialmente las niñas bien de las familias pudientes de aquella Zaragoza de principios de siglo XX.

Esos escenarios, los del Hotel Regina, el Casino Principal, el Paseo Independencia que ya hemos conocido en nuestro día a día, los montes de Torrero, la calle Cerdán. Esto ha requerido un trabajo ingente de documentación.

Sí, nos ha requerido documentación porque, obviamente, había cosas que yo no conocía. Pero, al mismo tiempo, como soy un enamorado de las tramas de principios del siglo XX desde hace mucho, no me digas por qué me llamó mucho la atención todo el modernismo de las calles, el de las pocas casas que nos quedan en pie en la ciudad… Era un momento muy floreciente para la capital aragonesa. Esa transformación de una sociedad más agraria a una sociedad que estaba mirando hacia la industrialización como sinónimo del progreso. Siempre me ha llamado mucho la atención. Es una época que ya había estudiado mucho, sobre la que había investigado. Con una investigación en lo cotidiano, que es también lo que de alguna manera me ha servido para arroparme en todo esto. Eché mucha mano de las fuentes de la época, o sea, de los periódicos, a través de la Hemeroteca Digital del Ayuntamiento de Zaragoza, de los archivos documentales del Gobierno de Aragón, para buscar fotografías que me permitían recrear las descripciones que yo hacía. O incluso para buscar en esas fotografías los comercios que estaban ubicados en un lugar u otro de la ciudad, por los que iba a pasar Merceditas, o por los que iban a pasar los protagonistas. Para conseguir toda la veracidad que necesitaba la novela.

¿Qué queda de aquella Zaragoza del año 1910?

Pues muy poquito. No te voy a mentir. Queda un gran legado, que yo creo que es el mismo amor que tuvieron por la ciudad los zaragozanos y las zaragozanas de aquella época, que fueron capaces de montar una Exposición Hispano Francesa un par de años antes para dejar atrás el pasado, para reconstruirse, mirar hacia el futuro y al progreso que da la esencia de la gente que hizo esa ciudad. Pero arquitectónicamente, por desgracia, hemos perdido grandísimas referencias de aquella época, de las casas modernistas que tenía que haber entonces. Porque fue un momento en el que había una burguesía muy pujante que se hacía construir esas casas, porque era la manera de mostrar a la sociedad el poderío económico que estaban adquiriendo, en detrimento de esos aristócratas que tenían que empezar a casar a sus hijas con esos nuevos burgueses para poder mantener un estatus social. Nos queda muy poco de todo eso. Casas modernistas quedan muy poquitas. Hemos tenido una gran falta de respeto al patrimonio arquitectónico. La piqueta se ha llevado por delante muchas cosas. El propio Teatro Pignatelli sucumbió porque era necesario ensanchar por allí la ciudad.

“De la Zaragoza de 1910 queda el amor y el progreso por el que apostaron los zaragozanos”

Hay dos referencias importantes en la novela a dos elementos que, a día de hoy, afortunadamente todavía se mantienen. Uno es la Casa Solans, que en la novela está convertida en la casa Aguilar y por el otro está la fábrica de galletas, El Paraíso, que está inspirada en la fábrica de galletas Patria. Lo que sucede es que, ahora, la fábrica abierta se ha convertido en un gimnasio. Previamente, ha sido un concesionario de automóviles y el interior ha desaparecido por completo porque el patrimonio industrial en esta ciudad no lo hemos sabido valorar. Y ahí está, por ejemplo, lo que ha pasado con Berlín, pero de alguna manera, por lo menos tenemos el contenedor y podemos observar edificios de una riqueza que es innegable arquitectónicamente. Pero por ejemplo, a la Casa Solans le ocurre lo mismo. Ahora por dentro está habilitada toda, como si fuese lo que es, que son unas oficinas de una institución pública. Pero, al menos, hemos conseguido salvar el contenedor de esos edificios.

Esa novela combina lo que es la trama de intriga policial con el relato social. ¿Cómo era la sociedad de principios del siglo XX? Seguro que muy diferente a la actual, pero supongo que habría algunas semejanzas y muchas más brechas que hoy en día.

Diferente sí, pero no tan, tan diferente a la nuestra. Era diferente, por ejemplo, el papel de la mujer. Las mujeres de mi novela son caracteres fuertes y reivindico a una protagonista que, de alguna manera, rompía moldes, porque yo creo que había muchas mujeres como Mercedes, que tenían capacidad de decidir por sí mismas y que querían ser libres. Y sin embargo, el modelo de mujer que imperaba en aquella época, en una sociedad eminentemente regida por los hombres, las obligaba casi, casi a tener que casarse, como se retrata en la novela en este caso, sobre todo por la parte de las aristócratas, para aspirar a tener un matrimonio que aportase dinero y que siguiese manteniendo una tradición familiar. Otra cosa diferente, por ejemplo, esa brecha salarial que podía haber en esos dos mundos. Porque es verdad que era una Zaragoza que miraba la industrialización, el progreso, pero al mismo tiempo ese progreso era sobre todo para quienes poseían las nuevas industrias. Un obrero cobraba un salario muy bajo y si encima comparamos el de un obrero con el de una obrera, pues todavía la diferencia era mayor. Por coger, por ejemplo, como referencia la propia fábrica de galletas El Paraíso, una mujer, una operaria que trabajaba rellenando las cajas de galletas, cobraba un real y medio aproximadamente a la semana. En el caso de los hombres, el salario que podía percibir, llevando del horno a las mesas donde estaban las galletas grandes canastos cargados, podía ser de 5,40 reales aproximadamente. Pero para que te hagas una idea, el alquiler mensual de una casa modesta era de 44 reales.

“El postureo existió a principios del siglo XX, existe ahora y seguirá existiendo”

La longevidad de una persona acomodada podía llegar de media hasta los 40 y tantos años; mientras que para un operario, un obrero, su esperanza de vida se solía situar en torno a los 25 o 30, con lo cual vemos que las condiciones de vida y las viviendas eran diferentes. Pero también la manera de relacionarse. Unos se relacionaban en las tabernas, otros se en los salones de té galantes, como por ejemplo el del Hotel Regina. No hay grandes diferencias, pero al mismo tiempo, ya que hablaba del Hotel Regina, ahora que vivimos en la sociedad del postureo, nos podemos relacionar en las redes sociales. En aquel momento la mayor red social que había era poder estar en uno de esos tés del Hotel Regina o de cualquier otro lugar donde se codeaban las altas esferas de la sociedad o quienes pensaban que pertenecían a esas altas esferas. Lo que hacían era lo mismo que cuando hoy nos damos un like. Allí, sí te saludaban con una inclinación de cabeza, te estaban dando el like. Si, de repente, giraban la cabeza era todo lo contrario. El postureo existió entonces y existe ahora. Y digo yo que, probablemente, también existirá mañana.

En un libro, sin duda, lo importante es el contenido, ¿verdad? Pero también la portada puede ser un elemento muy atractivo para poder atrapar a la persona que acude a la librería. En la portada de Tango para una asesina, había elementos de tu pasado o de tus antepasados. En El Vals de la novia ausente, ¿por qué has elegido esta portada?

Pues a ver, yo siempre he pensado que la portada es la tarjeta de presentación de un libro, sobre todo cuando acudes, como tú muy bien decías, a la librería o a la biblioteca. Quería que jugase un poco con la misma línea del libro anterior. Es decir, que la portada fuese una pista de lo que nos vamos a encontrar.

“Mi próximo proyecto literario estará ambientado en la gran industria farmacéutica”

Dentro hay un ramo de flores que se entiende aunque no está. La fotografía completa que está sosteniendo una novia en la mano es esa novia ausente y por eso no tiene rostro. Aparecen dos fotografías antiguas, o más bien dos fragmentos de fotografías antiguas de la capital aragonesa y aparece también una fotografía, un rostro de mujer sonriente, ataviada con una mantilla, que no deja de ser el retrato de una de aquellas cupletistas de la época, probablemente una de aquellas grandes creadoras que vive en el mundo de la canción. Con lo cual, ya tenemos todas las facetas que tiene Mercedes: el escenario y, ya para acabar de rematarlo, una enorme mancha de sangre roja, que es lo que nos hace la alusión o la referencia a esos posibles crímenes que va a tener que investigar en la novela.

Tenemos un Tango para una asesina, El Vals de la novia ausente. ¿Habrá una jota?

Bueno, jota no lo sé. Me lo pidieron en una de las presentaciones, pero no acabo de ver cómo puedo encajar la jota en un título, así que no lo sé. No hay nada imposible. No hay nada imposible, con lo cual todo puede ser. Pero, de momento, igual me tiraría más hacia el bolero, pero no tengo claro.

¿Cuál va a ser el próximo proyecto literario que en el que te embarques, si no estás ya embarcado en alguno?

A ver, entre el vals y el tango apareció una novela contemporánea ambientada en el mundo rural, que se llama Tres ovejas. Y ahora lo que quiero es que aparezca otra novela contemporánea. También va a ser un thriller, porque es un género en el que me siento muy cómodo y, de hecho, lo estoy escribiendo. Estará ambientado en una gran industria, como es la farmacéutica. Y con toda una serie de entresijos de los cuales, de momento, no te voy a contar mucho porque no sé muy bien hacia dónde me va a encaminar el libro.

Javi, eres periodista radiofónico, a veces de televisión, escribes novelas, teatro, cuentos, presenta galas. El nexo común es contar historias. Cuando no te ve el público, te conviertes en sus ojos para que puedan ver lo que les transmites. De todo esto ¿qué es lo más complicado?

No hay nada complicado en todo esto, porque, si te das cuenta, Rafa, todo eso es hablar, es más que hablar, es contar, es contar la vida y yo soy un disfrute, me gusta disfrutar la vida. Lo único que trato es de retratarla de una manera o de otra. Cuando ejerzo de periodista, obviamente, me tengo que ajustar al guion que marca el día a día y no puedo inventar ni pasar a la ficción. Pero en el resto de facetas, en la de actor, en la de escritor, en la de presentador de un evento, si me lo permites, lo que busco es ‘ficcionar’ la realidad y hacerla más llevadera y más agradable a los ojos de los demás.

Hace unas semanas hiciste una pausa, no sé si más corta, o más de medio plazo en tu carrera periodística, en el periodismo de toda la vida. ¿Hacia dónde te vas a enfocar en los próximos meses? ¿Qué vas a qué vas a hacer, al margen de seguir escribiendo?

Por supuesto, seguir escribiendo. A ver, no digo que no nunca a nada. Mi intención es poder volver a la radio, pero he pasado un par de años complicados a raíz de un accidente que tuve y sí que decidió tomarme una pausa para poder dedicarme a otros proyectos a los cuales no les podía dedicar tanto tiempo. Porque el hacer un programa diario de tres horas, pues prácticamente me fagocita toda mi vida. Entonces, ahora lo que pretendo hacer es seguir escribiendo, estoy ya en distintos proyectos teatrales, ensayando otras cosas, presentando eventos, presentando galas, haciendo voces para la gente que me lo pide y pensando proyectos futuros que tienen que ver con la comunicación. Y yo estaría encantado de volver de nuevo a la televisión o a la radio con cualquier proyecto que sea ilusionante.

El teatro es otra de tus pasiones. ¿Podremos verte de nuevo en los escenarios?

Espero que sí. De hecho, voy a empezar a ensayar enseguida una nueva función y lo que no tengo muy claro es cuándo podremos estrenarla. De momento dejamos también aparcada a raíz de mi accidente y luego por todo lo que conllevó la obra de teatro que había escrito Olga Larrubia en torno a la figura de Francisco de Goya, que nos gustaría mucho retomarla. Ahora están haciendo ocho funciones también de otro proyecto y enseguida empezaré a ensayar una comedia, así que espero que pronto me podáis ver en un escenario.

Te veremos, te leeremos y creo que te volveremos a escuchar.

Me volveréis a escuchar. De eso no me cabe la menor duda. La radio es mi vida, es mi pasión y esto es simplemente un parón para poder recuperarme del todo físicamente y poder seguir haciendo este otro tipo de cosas a las cuales les había robado mucho tiempo.