Las mujeres periodistas sufren mayor estrés por la COVID-19, según un estudio de la FIP

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Las mujeres periodistas sufren más estrés y ansiedad que sus homólogos masculinos por trabajar sobre la pandemia de la COVID-19, según revela la encuesta mundial de la Federación Internacional de Periodistas (FIP).

Aunque las condiciones de trabajo de las mujeres periodistas tienden a verse menos afectadas por el brote de COVID-19 que las de los hombres, dos tercios de las mujeres han sufrido mayor estrés y ansiedad como resultado de la crisis en comparación con la mitad de los hombres.

La encuesta, llevada a cabo por la FIP, la principal organización mundial de periodistas que representa a 600.000 periodistas en 146 países del 26 al 28 de abril, recogió 1308 respuestas de 77 países, de las cuales el 42% eran mujeres.

Tres cuartas partes de todos los periodistas se han enfrentado a restricciones para informar sobre la COVID-19. Los resultados de la encuesta mundial de la FIP sobre el impacto de esta pandemia en la libertad de prensa muestran que las mujeres tienden a estar de forma general igual o menos afectadas por la pandemia. Los datos revelan que:

  • El 35% de las mujeres y los hombres han cambiado su enfoque periodístico para cubrir las historias relacionadas con la COVID-19
  • Sólo una cuarta parte de las mujeres, frente a casi la mitad de los hombres, han sufrido una pérdida de ingresos
  • El 7,4% de las mujeres contra el 6,5% de los hombres han perdido sus trabajos
  • Las mujeres sufren menos que los hombres la falta de equipo en el hogar y en el campo
  • El 19% de las mujeres contra el 27,5% de los hombres han afirmado tener dificultades para encontrar fuentes independientes
  • Casi el 10% de las mujeres y los hombres señalaron el aumento de las desigualdades en el trabajo

Si bien los resultados de la encuesta parecen contradecir la investigación de la OIT, según la cual ciertos grupos, incluidas las mujeres, se verían afectados de manera desproporcionada por la crisis laboral provocada por la pandemia, particularmente las personas con empleos precarios, muchas mujeres periodistas señalan que la situación ya era mala antes del brote y que la pandemia Ha empeorado las cosas.

Mi principal problema, más que la libertad, es simplemente no ser capaz de vender mis artículos hoy en día”, dice una reportera independiente de Argentina. Por su parte, una periodista portuguesa afirma que “este es un periodo que saca a la luz las dificultades más graves de un sector ya precario y frágil“.

Sin embargo, la encuesta muestra que dos tercios de las mujeres, frente a la mitad de los hombres, han experimentado un aumento de la ansiedad y el estrés.

La FIP ha mostrado su preocupación por la subida de los niveles de ansiedad que experimentan las mujeres y que éste haya tenido un impacto en su bienestar, su trabajo y su vida privada.

La federación señala, en particular, el efecto de las disposiciones sobre la vigilancia en la vida privada de los periodistas y el estrés amplificado por la combinación de los deberes periodísticos y las responsabilidades de cuidado que a menudo recaen en las mujeres. 

“Estamos en una situación en la que los roles de género se han acentuado y las mujeres periodistas no son una excepción. ¿Cómo se puede conciliar bien cuando el mejor momento para trabajar es antes de las 8 de la mañana o después de las 10 de la noche porque el resto de su tiempo está reservado para sus responsabilidades familiares?“, sostiene la presidenta del Consejo de Género de la FIP, María Ángeles Samperio.

La FIP se ha unido a otras federaciones sindicales mundiales para denunciar el efecto de la COVID-19 en las mujeres trabajando en primera línea. Durante el mes de mayo se pondrá en marcha una serie de seminarios web para recoger las experiencias de las trabajadoras de todo el mundo.