La asociación Consumo ConCiencia presenta un decálogo periodístico para escribir sobre drogas

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Consumo ConCiencia es una asociación de reducción de riesgos en el uso de drogas que resalta la importancia de ofrecer una información científica y veraz sobre este tema y resalta que el tratamiento en algunos medios no es lo preciso que debería ser y dificulta el trabajo preventivo. Para contribuir a esta precisión, el centro realiza cursos para profesionales, como el impartido en la APA el pasado noviembre. Como aporte, han elaborado un “Decálogo de Buenas Prácticas Periodísticas respecto al tema de las Drogas”: una serie de sencillas pautas a tener en cuenta antes de redactar un artículo sobre este complejo asunto.

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1- El alarmismo es contraproducente de cara al trabajo preventivo. Además, en general se debe informar para contribuir reducir el problema, no para agravarlo, como vemos por ejemplo con el modo de abordar el asunto de la llamada “burundanga” (escopolamina).

2- Es imprescindible no contribuir a uniformizar o a estigmatizar a determinados grupos sociales en base a falsos estereotipos y/o prejuicios.

3- Utilizar clasificaciones precisas I: la clasificación en “drogas duras” y “drogas blandas” es acientífica. La distinción de sustancias “muy perjudiciales” o “poco perjudiciales” para la salud obedece sólo a una clasificación legal, tampoco científica y, por ello, es importante únicamente a efectos de conocer la ley.

4- Utilizar clasificaciones precisas II: LSD, hongos psilocibios, peyote, ayahuasca, DMT etc. no son alucinógenos: son psicodélicos. Éstos últimos no tienen absolutamente nada que ver desde el punto de vista farmacológico con los alucinógenos en sentido estricto, como la escopolamina u otras sustancias.

5- Utilizar clasificaciones precisas III: no se trata de “alcohol y drogas” sino, en todo caso, de “alcohol y otras drogas”. El hecho de que una droga sea legal y su consumo esté normalizado no cambia su naturaleza química. El alcohol, el tabaco, el café, el cacao o los tranquilizantes y los antidepresivos de farmacia (por poner sólo algunos ejemplos) también son drogas.

6- La ficción para el cine I: no existe la “droga caníbal” (como se ha “catalogado” a la MetilenDioxiPiroValerona, MDPV). Se debe evitar repetir tópicos infundados.

7- La ficción para el cine II: a menudo no se trata de “¡¡una novedosa droga!!”, como por ejemplo se dijo del “tucibi” (2-CB). El término “novedosa” no sólo no es veraz la mayor parte de las veces sino que puede resultar atractivo y, por tanto, también contraproducente de cara a la prevención.

8- La ficción para el cine III: Las drogas realmente novedosas, las llamadas NPS (Nuevas Sustancias Psicoactivas, por su siglas en inglés) o “Legal Highs” constituyen un problema de naturaleza específica y hay que analizarlo con rigor. No son “sales de baño” ni se venden así como un fraude a los consumidores, que son conscientes de que están adquiriendo una droga.

9- Es importante tener un marco preciso de análisis de amplísimo tema de las drogas, que comprende aspectos históricos, económicos, políticos y sociales muy complejos. Debemos conocer las implicaciones de un negocio que genera beneficios multibillonarios, intervenciones militares y de otros cuerpos de seguridad del estado, el despliegue de un gran aparato asistencial e importantes consecuencias legales.

10- Los Cuerpos de Seguridad del Estado conocen la ley pero generalmente no son expertos en farmacología. Es necesario contrastar informaciones sobre sustancias antes de ofrecerlas y, para ello, es deseable consultar a organizaciones de reducción de riesgos (como Consumo ConCiencia…) que pueden ofrecer información y formación precisa.

Desde ConsumoConciencia resaltan  que están a la disposición de los periodistas para cualquier duda, consulta o petición de más información, a través de su correo  info@consumoconciencia.org o su página en Facebook.