Cartas desde Moroni

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La periodista aragonesa Silvia de Félix se encuentra trabajando en las Comores desde el pasado 21 de diciembre en el marco de un proyecto de asistencia técnica electoral financiado por la Unión Europea. Silvia colabora en este proyecto en calidad de experta en materia de educación cívica y comunicación corporativa. Los comorenses celebran elecciones legislativas, municipales y de gobernadores de isla los próximos 25 de enero y 22 de febrero.

CARTAS DESDE MORONI

Moroni - Silvia de Félix
Los propósitos son básicos: agua y electricidad para todos./Silvia de Félix

Moroni es la capital de Gran Comore, la principal isla del archipiélago de Comores. Estos trocitos flotantes de lava volcánica no aparecen en todos los mapas. Difícilmente un español podría localizar mi actual emplazamiento en algún lugar del globo sin consultar Google maps. Ésta es zona de influencia francesa. El archipiélago se encuentra cerca de Madagascar, al norte del canal de Mozambique, y está compuesto por las islas de Gran Comore, Anjouan, Mohéli y Mayotte, ésta última, departamento de ultramar francés desde 2014. Las tres primeras conforman la Unión de las Comores, juntas bajo esta denominación desde 2001. Tres islotes que no ocupan mucho más que la superficie de Tenerife.

Tras varias conexiones aéreas aterrizo en el aeropuerto internacional de Hahaya, en Gran Comore. Al salir del avión me abraza un calor de 38 grados con una humedad del 80 por ciento. Difícil respirar o moverse a la velocidad acostumbrada. Palmeras y vegetación exuberante crecen en un terreno negro de piedra volcánica. En el trayecto hasta la capital, Moroni, pequeñas viviendas de techo de uralita salpican el paisaje. Las Comores figuran en el puesto 169 de los 187 países censados en la lista del Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborada por Naciones Unidas en 2013. Todo está por hacer.

El país entra en 2015 celebrando, con retraso, elecciones legislativas, municipales y de gobernadores de isla. Los comicios estaban previstos en noviembre de 2014 pero dificultades de todo orden han obligado a aplazar la cita en dos ocasiones. Las Comores tienen una historia reciente convulsa. Son unas islas mal avenidas. Las más pequeñas, Anjouan y Mohéli, han protagonizado múltiples movimientos secesionistas, el último, en 2009. Todo ello sin contar los numerosos golpes de estado que han ido jalonando la vida política del país desde su independencia de Francia en 1975. El 25 de enero y el 22 de febrero, en plena estación de lluvias, los comorenses están llamados a las urnas para elegir a los representantes que cambiarán el país. Al menos eso es lo que prometen los candidatos a ocupar un escaño en el parlamento.

Las promesas son básicas: agua y electricidad para todos. Pero la ciudadanía no confía en la clase política. Muchas palabras y ningún resultado visible. Aunque la población está acostumbrada a sobrevivir sin agua corriente ni electricidad, la economía no despega. El país se sostiene con las remesas de la diáspora, instalada principalmente en Francia, y la ayuda de los donantes internacionales. La escasez de recursos empaña todos los sectores. En el principal hospital público de las Comores, El-Maarouf, la prensa local desvela los testimonios sobrecogedores de médicos cirujanos obligados a suturar a la luz de la linterna del teléfono móvil. Los comorenses necesitan creer que la renovación de cargos políticos en el país conllevará mejoras palpables. Sin embargo, el futuro y la democracia son conceptos abstractos para la gran mayoría. Rara vez unos comicios han alcanzado una participación superior al 50% del censo. La tarea de sensibilización al voto es inmensa en una población que vive preocupada por el día a día. Y esta responsabilidad recae principalmente en las organizaciones de la sociedad civil que, financiadas en gran medida por organizaciones internacionales, intentarán llegar a los últimos rincones de estos islotes para convencer a la ciudadanía de que votar sí importa.

Silvia de Félix

Periodista