El presente del libro electrónico visto desde el futuro

174

Por Darío Pescador en la web del Congreso del Ebook.

Tengo que confesarles algo: soy un observador venido del futuro. La buena noticia es que dentro de unos quince años se inventará la máquina del tiempo, y unas pastillas que evitan que te arrugues. En este viaje he decidido venir al congreso del ebook a Barbastro, y he dejado a mi yo de 2014 en casa haciendo la bonoloto.

Congreso ebook
El Congreso del Libro Electrónico ha celebrado su segunda edición con éxito.

Por desgracia no les puedo desvelar lo que va a pasar en los próximos años porque se han puesto muy serios con desvelar información que pueda crear una paradoja espacio-temporal, y te ponen una multa de alivio. Pero sí puedo comentarles algunos contenidos del informe que presentaré cuando regrese a 2029.

En este congreso el escritor Gonzalo Torné mencionó que la sustitución del libro electrónico por el digital es una metáfora. Pero aún hoy, está resultando ser muy literal. En el metro de Madrid o Barcelona se ven ya muy pocos libros de papel.

Es curioso observar como en estos años se confunde la lectura con la venta de libros. Las ventas de ebooks solo suman el 5%, sin embargo, la mitad de los lectores leen ya en pantalla. Esta inmensa disparidad entre la increíble abundancia de la demanda y la pobreza de la oferta debería hacer saltar todas las alarmas, pero aquí nadie parece tener prisa por actuar.

En estos días, los editores tradicionales siguen dedicados a ese trabajo invisible de presentar los libros impresos como objetos selectos, elegantes y sin erratas, mientras confiesan abiertamente que invierten poco en crear versiones más cuidadas de sus libros electrónicos, y se quejan del trabajo adicional que suponen.

Al tiempo que se aprueba la ley de propiedad intelectual más retrógrada de Europa, las bibliotecas públicas acumulan 20.000 préstamos de obras digitales. Por extraño que pueda parecer, las editoriales aún insisten en aplicar a los libros electrónicos prestados las mismas condiciones que a los libros impresos.

El trasvase de poder de los editores a los autores es evidente, pero no es completo. Los autores se han convertido ya en editoriales con patas: publican sus propias obras como libros electrónicos, los promocionan y se comunican con su público a través de clubes de lectura. Aun así, en su mayoría anhelan ver su nombre en papel, que sigue siendo el único camino para aparecer los medios de comunicación de masas.

Los colegiales de 2014 escriben a toda velocidad con sus pulgares en sus teléfonos móviles, pero en su mayoría siguen cargando en sus mochilas con varios kilos de libros. En palabras del director de educación de la editorial Planeta “Tenemos alumnos del siglo veintiuno, profesores del veinte, aulas del diecinueve y una ley educativa del dieciocho”.

Roger Domingo recuerda que hace tiempo que el libro ha perdido el monopolio de la transmisión de conocimiento. La lectura concentrada de un texto largo convive con un flujo continuo de información y un frenesí de retuits y “me gusta” que estimulan al cerebro de forma parecida al sexo o las drogas. Pero no conviene olvidar que hoy se lee más que nunca antes, en todas las formas, dispositivos y lugares.

Los libreros y bibliotecarios están en una posición privilegiada para observar cómo cambian los hábitos, las necesidades de los lectores y fomentar la lectura. Son muy conscientes de que atraviesan territorio comanche compartiendo caravana con los editores, dedicados al mismo producto y al mismo cliente, mientras se preguntan por qué no hay más cooperación entre ellos.

Surgen nuevos negocios alrededor del libro electrónico. Curiosamente, ninguno de ellos consiste en publicar ebooks, porque ese bacalao ya está cortado. En su lugar ofrecen servicios en las orillas de este nuevo ecosistema: desde hacer tangibles las descargas en forma de tarjetas de cartón, hasta nuevas formas de conectar autores con lectores, editores con autores o fomentar la lectura en los niños.

En esta época, Amazon domina el mercado de libros electrónicos en España. Los editores tienen una oportunidad histórica de hacer frente a esta fuerza formidable y tomar las riendas de su negocio futuro, apostando por un formato común y abierto, como ePub, presentado aquí por Pierre Danet, miembro de la comisión del International Digital Publishing Forum (IDPF). Pero primero tendrían que ponerse de acuerdo.

Mientas el Titanic editorial maniobra para intentar el choque contra el iceberg, en lanchas rápidas llegan los primeros servicios de suscripción y de descarga de ebooks que redefinen lo que significa un libro. En lugar de pensar en ejemplares vendidos, se concentran en ofrecer un servicio de lectura, libre de limitaciones y centrado en dar al lector lo que quiere leer, cuando lo quiera y donde lo quiera, algo que en estos años ya está ocurriendo con la música.

Por primera vez en el congreso se oye decir que la mejor forma de fomentar la piratería es poner trabas a la lectura.

El español sigue siendo el cuarto idioma del mundo, pero el mercado de libros dista mucho de ser único, fragmentado por países a ambos lados del Atlántico. Los libros electrónicos son otra gran oportunidad de tender un puente de palabras entre las dos costas.

Y ahora siento tener que despedirme. Tengo muchas ganas de meterme en la cápsula, volver a casa, cerrar los ojos, conectar el cerebro a Internet y leer un rato.

Toda la información relativa al encuentro en Ronda Comunica.