Lucía Benavente: “Entender la perspectiva de los colombianos fue uno de los aportes más interesantes que adquirí”

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Leticia Celma

La periodista Lucía Benavente Liso (Zaragoza) se marchó de España cuando tan solo era una recién licenciada en Periodismo, hace ya dos años. En concreto, se fue a Bucaramanga, una pequeña localidad de Colombia. En la actualidad, se encuentra en la misma emisora, WRadio, pero en Miami, Estados Unidos, informando de la actualidad americana a los colombianos.  Este viaje, que por el momento no piensa terminar, le está aportando experiencias personales y profesionales y un aprendizaje del “otro lado del charco”.

De España a Colombia, ¿cuándo, en qué situación estaba y por qué decidió dar el paso de marcharse del país?

Mi salto a Colombia se dio en noviembre de 2012 cuando terminaba mi último curso de periodismo en Alemania. Una mezcla de curiosidad y necesidad de evolucionar como periodista y como persona sumado a la falta de opciones de trabajo en España, me ayudaron a dar el salto.

Preferí invertir ese dinero en un verdadero máster: viajar a otro país donde poder ejercer la profesión.

 

¿Qué expectativas tenía por aquel entonces?

Nunca quise crearme expectativas, tal vez no pude por el desconocimiento que tenía sobre ese país. Sabía que iba a tener nuevas aventuras, pero nunca imaginé que, por ejemplo, el lenguaje fuera a ser una barrera. El día a día en Latinoamérica no tiene nada que ver con la realidad de Europa. Entender la perspectiva de los colombianos fue uno de los aportes más interesantes que adquirí: su forma de entender el concepto de la familia, de la amistad, la música, la religión, el trabajo… ¡incluso beber! Es una cultura que te atrapa y, a día de hoy, siento que hay una parte muy colombiana en mí (incluida la forma de hablar), aunque no he aprendido a bailar todavía tan bien como ellos…

 

En algunos de los artículos que ha compartido con la APA ya contaba las diferencias a la hora de informar, ¿cómo se adaptó a ejercer el periodismo en otro país?

Para ejercer el periodismo creo que hay que conocer las necesidades de su sociedad, sus gustos, incluso su forma de expresarse. Ese es un proceso diario y lento, pero muy enriquecedor. Cuestiones que en España son noticia, en Colombia son excesivamente comunes y tienen un impacto menor. Por ejemplo, la violencia en las manifestaciones es ‘demasiado’ común y una mujer que pierde el ojo no será nunca portada, a no ser que sea política o de un estrato alto.

La corrupción y la sanidad son temas cruciales, pero ante los que los periodistas y la propia audiencia están aburridos. Al principio, cuando ejercía de corresponsal en una ciudad pequeña llamada Bucaramanga, me costaba mucho ‘vender’ temas de interés nacional a Bogotá para el programa. Un accidente mortal entre un camión y un turismo que crea un atasco de dos horas en pleno centro es para ‘abrir informativo’ en España. En Colombia, no.

Quizá uno de los aspectos que más me impacta es el concepto de la mujer en la sociedad. Siento que Colombia es un país bastante sexista. Por eso, echo en falta escuchar la denuncia al maltrato a la mujer (aunque sí se reportan casos de ataques con ácido) y, en cuanto a la violencia en los estratos bajos y las comunas es tan indiferente que dejan de reportarse, quizá porque es tentador caer en la ‘porno-miseria’.

Al final, uno acaba entendiendo por qué es tan exitosa la farándula y el entretenimiento.

 

Lucía Benavente  y Juanes

Lucía Benavente, con el cantante Juanes, en los Premios Grammy./LB

¿Cuáles son las diferencias entre el periodismo local de Colombia y el de España?

Por una parte: la corrupción. Colombia es un país más centralizado que España y eso se nota en el abuso de poder en las regiones donde los cargos políticos y empresariales se enfrentan continuamente a denuncias por tráfico de influencias y malversación de fondos.

La otra diferencia es que cada región en Colombia es una cultura diferente. La geografía abrupta del país hace que un bogotano (‘rolo’), frente a un costeño o a un santandereano tenga unas necesidades informativas muy diferentes e incluso el lenguaje que debe usarse para informar es muy distinto. De hecho, hay zonas del país en las que hasta hace pocos años estaban controladas por las guerrillas y los campesinos no tienen acceso a televisión y el periódico llega dos veces por semana. La radio ha sido y es un medio vital en Colombia. Los oyentes son muy fieles y respetan el criterio de los periodistas.

Pero, al margen de esos problemas, Colombia ofrece una variedad de historias de lo más rocambolescas. Cada esquina te sorprende con un personaje pintoresco y eso te ayuda a entender cómo García Márquez creó Macondo y por qué Colombia es la cuna de algunos de los mejores cronistas de habla hispana del mundo (como Alberto Salcedo Ramos).

 

Ahora ha pasado de Colombia a Estados Unidos, ¿por qué ha vuelto a cambiar de país?

Fue una especie de promoción interna. Mi jefe me propuso trabajar en un puesto totalmente diferente para el mismo programa. Pasar de reportera regional a locutora y productora de todo Estados Unidos. Colombia es un país de emigrantes y muchos de ellos están en Miami, Nueva York y Washington D.C. , por lo que la emisora cuenta con corresponsales en esos tres puntos del país.

La idea de mi jefe, Julio Sánchez Cristo, no es una corresponsalía hispana más, sino estar al nivel de las principales productoras del país. Por eso, hemos despertado a premios Nobel, contactado con la Antártida con un grupo de expedición que se quedó atrapado en el hielo, cubrir al estilo paparazzi los premios Grammy y los premios Oscar desde Los Ángeles… Y nuestro mayor orgullo: en noviembre de 2013 hicimos un especial por el 50 aniversario de la muerte de JFK recogiendo los mejores testimonios de ese día. Fue un trabajo de producción muy difícil y muy apasionante ayudar a refrescarle la memoria a los testigos de ese fatídico día en Dallas, Texas.

Gracias a ese trabajo, hace dos semanas nos dieron el micrófono de plata en el festival de los mejores programas de radio del mundo con sede en Nueva York. Competimos con más de 200 trabajos de 30 países.

En resumen, pasar de entrevistar al agricultor de cebollas al premio Oscar Steve McQueen en la alfombra roja es un cambio muy radical, pero a veces siento que me quedaría más tiempo hablando con el hortelano.

 

Para que la conozcan más, ¿a qué tipo de espacio informativo se dedica en Miami?

La oficina de Miami está compuesta por tres productores y locutores que colaboramos en aportar información y entretenimiento de Estados Unidos al programa diario de ocho horas de Julio Sánchez Cristo. A las 5 de la mañana buscamos a los agentes de la frontera que tratan de organizar la entrada masiva e ilegal de menores a Estados Unidos desde centro América, a las 8 de la mañana hay un tiroteo en Virginia, a las 9 de la mañana hablamos del último estudio de Alzheimer y a las 11 de la mañana quizá estamos comentando el último escándalo de Justin Bieber o entrevistando a Leonardo Di Caprio. El contenido es muy variado e improvisado.

 

En estos dos años, cuéntenos si ha tenido algún problema en su país de destino.

Siempre hay problemas: pero me gusta llamarlos ‘aprendizajes’. El choque de cultura en Colombia ha sido uno de los más fuertes. Es un país extremadamente acogedor y eso facilita las cosas pero hay que tener presente que llevan medio siglo en guerra y se percibe cómo la gente no puede evitar ser desconfiada. Tienen un carácter muy especial y siempre admiro su picaresca y su creatividad. La capacidad de improvisación en la radio me deja boquiabierta, eso no se aprende en ninguna clase.

En cuanto a EEUU: contarle a la audiencia colombiana la actualidad de un país tan grande como Estados Unidos es muy complejo. Tienes que saber empalmar y conocer ambas sociedades.

Comprender que la polémica de los caballos en Central Park de Nueva York es similar al debate que tienen en la ciudad amurallada de Cartagena de Indias son cosas que se aprenden estando en ambos sitios o leyendo (mucho y todos los días).

 

¿Ha informado sobre algún tema que en España sea desconocido o del que nunca se hubiera imaginado informando?

Muchos cuando estaba en Colombia. Nunca hubiera imaginado que iba a escuchar durante una hora a una madre llorar sobre la injustificada muerte de su hijo en la cárcel. La anécdota no tendría trascendencia si no hubiera estado enseñándome fotos del cadáver del joven con cicatrices de múltiples puñaladas. La frustración de la madre es que el sistema penitenciario asegurara que se suicidó lanzándose desde el tejado de la prisión. Es desesperanzador.

Por supuesto, nunca hubiera pensado que iría a una rueda de prensa en un helicóptero del ejército colombiano a una zona de conflicto con la guerrilla del ELN por el secuestro de tres mineros.

Es otra realidad y son otros problemas.

 

En un artículo de opinión decía que Colombia era exigente con la libertad de prensa, ¿a qué se refería?.

Nunca me han dicho qué puedo y qué no puedo contar al aire. Siempre he tenido mucha libertad a riesgo de que, siendo española, se pudieran malinterpretar mis comentarios. Reconozco que mi opinión sobre religión, hacer preguntas incómodas a un político o denunciar una mala gestión de una empresa (aunque fuera cliente de la radio) nunca me han sido censuradas por parte de la emisora.

 

¿Qué cree que le ha aportado salir de España en un momento de crisis y asentarse en otro continente?

Madurez personal y profesional, ser autodidacta e independiente y a respetar una cultura desconocida. A partir de las 6 de la tarde de este lado del charco, nadie coge el teléfono en España y eso te ayuda a lidiar y a empequeñecer los problemas.

 

¿Cómo ve su futuro?

Incierto. Y eso me gusta. Mis padres sueñan con que vuelva a España cuando la economía se tranquilice pero creo que me falta mucho por ver.

 

¿Qué diría a los jóvenes recién licenciados que están pensando en emigrar?

Hacedlo. Ya. Cualquier excusa es mala: si es por dinero, esto es más barato y mejor inversión que un máster. Si van a hacerlo, que eviten el principal error: tender a que la gente de tu trabajo sea tu familia: recomiendo crearse un grupo de amigos paralelo para no enloquecer.