Falta de respeto

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A los periodistas se nos sigue sin respetar. Los incidentes que se vivieron en la sede de la APA el pasado 19 de junio durante la rueda de prensa del empresario germano-pakistaní Kadir Sheik son un ejemplo más. Aún sabiendo que las personas que entorpecieron el trabajo de los profesionales que intentaban cumplir con su obligación son unos energúmenos, no debemos restar hierro al asunto. ¿A esos personajes se les ocurriría quitarle los ladrillos de la mano a un obrero porque no les gusta el color? ¿Les robarían las herramientas a los mecánicos porque prefieren otras? ¿Se atreverían a entrar a las consultas de los médicos a tirarles las recetas a la basura porque no están de acuerdo con uno u otro medicamento? Porque lo que hicieron es comparable con todo eso y cualquier ejemplo que a uno se le ocurra. Se puede estar de acuerdo con alguien o no, pero siempre es mejor buscar otras opiniones antes que hacer lo que hicieron.

Hace tiempo que sabemos que nuestra profesión está entre las peores valoradas por la sociedad y lo que pasó con los aficionados del Real Zaragoza en el Centro de Prensa es una muestra de todo ello. A lo mejor estamos extrapolando demasiado la cuestión. El periodismo deportivo levanta pasiones incontrolables que no surgen en otras secciones, pero está claro, por si hay quien no se ha dado cuenta, que muchos ciudadanos ya no solo se contentan con negar la importancia que un periodista tiene para la sociedad, sino que los hay que hasta se atreven a entorpecer su labor. Y no estoy hablando solo de lo que pasó. Esto no es nuevo. Hay empresas privadas, asociaciones profesionales y otras entidades que se niegan a dar declaraciones cuando se las piden, que emiten notas informativas (a modo de comunicados) como única vía de contacto con los medios, que organizan ruedas de prensa y entregan su nota impresa en la mano de los periodistas, a veces incluso se olvidan de dar paso al turno de preguntas.

Hay quienes se fían más de los bloggers, foreros y tuiteros (muchos de ellos intrusos) que de los propios profesionales de la información. También tenemos a compañeros que trabajan en departamentos/gabinetes y su labor se ve mermada por la obligación de ejercer como un mero propagandista so pena de perder su empleo, teniendo que cortar sus alas en numerosas situaciones del día a día. Ahora hemos visto a unos reventar una rueda de prensa, pero no olvidemos que a otros les revientan su trabajo de otras maneras todos los días.

Lo que más me sorprende es que en esta época, en la que tenemos un total acceso mundial a la información, muchos no se fían ni valoran a los que saben manejar, entender, contrastar y elaborar la información de manera profesional pero sí de quienes lo hacen de una manera amateur, deficiente, sin criterio, sin imparcialidad y a veces con faltas de ortografía (tema que merece una reflexión aparte). En este mundo en el que todos saben de todo y se permiten opinar de todo, en el que muchas veces falta amplitud de miras, también falta respeto. Eso sí, no olvidemos que hay que ganárselo.

 Víctor J. Rodríguez

Periodista