Erratas, errores y fallos periodísticos: cinco reglas básicas

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Artículo publicado en El objeto de la comunicación 

En octubre de 2013 The New York Times publicó una sorprendente fe de errores: corrigió un apellido mal escrito, 136 años después de haber publicado la noticia. ¿Fue una exageración? Quizá no hay que llegar a esos extremos, pero sobre todo fue una muestra de que a este periódico le preocupa el rigor de sus informaciones (y de paso una estupenda publicidad); un ejemplo de la exactitud a la que debería aspirar el periodismo, pese a los ejemplos diarios de que los medios son fuente de erratas, fallos de diversa gravedad y falta de reconocimiento del error.

Y sí, en cualquier actividad humana son inevitables los fallos, y más si se pueden alegar justificaciones como las prisas, por lo que son muchas las preguntas sobre cómo evitar los errores en las noticias o hasta qué punto son aceptables. Aunque al menos se pueden aceptar cinco reglas básicas sobre los errores en la información.

 

No son admisibles las faltas de ortografía y redacción.

Una de las quejas más usuales del público, tanto en medios informativos como en redes sociales, son los graves fallos de escritura, con casos tan clamorosos como este, que motivó este atinado comentario en Twitter del profesor Ramón Salaverría.

Tuit de Ramón Salaverría

Lo primero que debe exigirse a alguien que se dedica profesionalmente a escribir es que lo haga con corrección y las justificaciones por la prisa o la falta de personal no son aceptables. ¿Alguien se imagina a un panadero vendiendo barras crudas porque abre temprano y trabaja solo?

 

Los errores pequeños en los datos importan.

Equivocarse en datos como un apellido, un cargo, un lugar afecta al conjunto de la información. Da derecho al lector a dudar de si puede fiarse del resto de la pieza. La precisión genera confianza.

 

Tres exigencias: conocimiento, verificación y frialdad.

Códigos éticos y manuales insisten en la necesidad de que el periodista verifique sus informaciones antes de publicarlas, hablando con varias fuentes, comprobando sus testimonios y cotejando documentos; pero no son menos importantes otros dos requisitos.

Uno es el conocimiento previo, o la documentación, del tema que se aborda. Una fuente importante de errores está en que el periodista escribe sobre cuestiones que no conoce lo suficiente.

Igualmente importante, y más difícil, es mantener la distancia frente a la noticia. El estudioso Walter Lippmann escribió que en los errores de prensa se repetía constantemente un patrón: “una ficción que intensifica la carga dramática de la historia”. El natural deseo de contar una buena noticia, los prejuicios y la intencionalidad juegan en contra del redactor.

 

Pese a todo hay que aceptar el riesgo de error…

Como señala el editor de la revista Etiqueta Negra, Julio Villanueva Chang, “la rigurosidad de un reportero es muy elemental si se la compara con la de un historiador”. Salvo en medios como The New Yorker, donde la comprobación de datos llega al extremo, como cuenta uno de sus correctores, Andy Young, en el texto de esta charla, hay que admitir que el esfuerzo del periodista no evitará completamente los errores. El periodismo exige cierto grado de modestia por parte del que escribe y de escepticismo del lector.

 

… Pero los errores hay que reconocerlos y corregirlos

Los errores ocasionales -si no se deben a una negligencia grave- no enturbiarán el trabajo del periodista si este los reconoce y explica y el medio los corrige.

Sin embargo, lo más habitual es que ni se admitan los fallos ni se subsanen, no solo en periodismo, sino en otros campos de la comunicación.

Joaquín Marco

Periodista

Blog ‘El objeto de la comunicación’