La profesión en estado puro, en el XV Congreso de Periodismo Digital de Huesca

58

Por Darío Pescador.

Ayer, uno de los jóvenes emprendedores de un nuevo medio digital se lamentaba de que esta profesión exige un constante compromiso y sacrificio. Decía: “Sé que cada día tengo la dulce condena de enfrentarme con este vacío, pero no sé hacer otra cosa”. A mí me pareció una descripción muy precisa del periodismo, y de la vida matrimonial.

Parece que, como dice Beyoncé, si te gusta esta profesión, tienes que casarte con ella. El periodista Martín Caparrós dijo hablando del compromiso del periodista que no es una necesidad, sino una fatalidad. Es imposible ser testigo y relator de una realidad y no involucrarse.

Después de tantos años de compromiso, llegó Internet y el periodismo se fugó con ella. Dicen los antiguos que el periodismo se volvió casquivano e inmoral, que está enviando mensajitos por el chat todo el día, que se vende por dos de pipas, e intercambia flujos de información con el primero que pasa. O que, horror, termina en brazos de un millonario.

Lo que hemos visto en estos catorce años es la crónica de de una ruptura amorosa. La historia del divorcio entre el periodismo y los periodistas. Como ocurre con cualquier pérdida, después del trauma llega el duelo, y las fases del duelo son bien conocidas.

En los primeros años de este congreso asistíamos a los periodistas negando la realidad. Esto no está pasando. Esto de Internet es una moda pasajera. Más tarde, la rabia. Internet nos roba el contenido, los ingresos, los derechos de autor y el pan de nuestros hijos. Esto da paso a la negociación: nos encontramos a las cuatro de la mañana bebidos llamando por teléfono y reconociendo que en realidad, en parte es culpa nuestra. A esto le sucede la depresión. Nunca encontraremos otra profesión como esta, lloraban los periodistas a lo largo de los años de crisis.

Tras todas estas fases vergonzantes, al fin, la aceptación. Esto se acabó, hay que seguir adelante. Vuelta a la nueva normalidad.

No eres tú, soy yo. El problema nunca fue el periodismo. El gran Jon Lee Anderson nos envió sus palabras desde Crimea. “Los periodistas somos una especie en vías de extinción”. El poder intenta arrebatar a los ciudadanos el uso de la información, y los periodistas forman parte de la última línea de defensa. Los periodistas son necesarios.

Pero nada está garantizado. “Cuando democracia flaquea, hay espacio para que el poder inhiba la función de la prensa en libertad”, nos recordó la periodista mexicana Carmen Arístegui. Esto también funciona al revés. Vemos como en Latinoamérica la regeneración democrática está impulsando al periodismo.

Sin independencia económica, no hay independencia real. En palabras de Olga Rodríguez, la crisis del periodismo es anterior a la crisis financiera. En el momento en que los medios salen a bolsa se cierran corresponsalías, no se invierte en la información. La información se vuelve mercancía. Algunos directivos de medios aún viven en una realidad paralela, según afirma el empresario de Internet Jesús Encinar.

Por primera vez en este congreso se asume que el pago por los contenidos no es un derecho. El dinero llega de los lectores, pero pagan por otra cosa. Los lectores no solo participan en la información, sino también en el sostenimiento del periodismo. Los lectores son ahora amigos, socios o benefactores. Ya no son clientes.

Como ocurre en toda ruptura, tras el trauma, hay que reinventarse. En ningún otro congreso se ha hablado tanto y con tanta pasión de qué es lo que significa ser periodista. Es la prueba de que estamos saliendo de este largo proceso de duelo. Ahora toca experimentar.

Es ya un hecho de que la tecnología no es un suministro, no es algo externo, sino el núcleo, la principal herramienta del periodista. Giannina Segnini nos recordó que usar las bases de datos para analizar la realidad es algo que los científicos, técnicos y empresarios hacen desde hace años. Los periodistas llegamos tarde.

La radio debe evoluciona para hacerse más visual, más accesible, y sobre todo, más cercana al oyente a través de las redes sociales. Allí se encuentra la audiencia, y allí hay que buscarla.

En estas redes sin pudor todos estamos medio desnudos, la transparencia es la nueva objetividad. Al dejar abierta la cocina de la información, los periodistas generan confianza. La red abraza la autenticidad y se fascina con la experimentación.

Precisamente, el premio José Manuel Porquet de este año premia al lab de RTVE.es. Premia esta reinvención de la profesión. “Nuestro jefe nos invita a equivocarnos”, decían los premiados. “No nos miden por los clics o la audiencia, sino por lainnovación”.

Esto ha dado la oportunidad a nuevos proyectos, pequeños, rápidos y maniobrables. No todos llegarán a puerto, pero todos tendrán una gran historia que contar.

La comunicación es obligatoriamente bidireccional. Cualquier medio tiene más lectores online que en papel. Llegan más lectores por redes sociales que por Google. Un libro de estilo ya no es un fajo de papel, sino una obra abierta y colaborativa. No porque sea una nueva forma de hacerlo, sino porque ya es la única forma.

Esto ya no es lo que era, pero amamos al periodismo. Hay que aceptarlo como es. Ahora está experimentando, asumiendo riesgos, descubriendo nuevas sensaciones. Porque ha tomado el camino de la libertad. Y cuando se cambia la seguridad por libertad ocurren cosas terribles, pero inevitablemente, también cosas maravillosas. Esta es la naturaleza humana. Así es el amor.

Gracias por su atención.