Jorge Vargas: “Elegí Bruselas porque me daba la oportunidad de vivir el proyecto europeo desde un punto de vista profesional”

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El periodista Jorge Vargas Visús se marchó a Bélgica con el objetivo de empaparse de la experiencia de vivir en otro país. Ya había disfrutado del programa Erasmus y no satisfecho con ello, volvió a emigrar. No ha trabajado como periodista, pero sí en comunicación y en temas europeos, materias para las que se formó. Tras seis años en Bélgica, ha respondido a la Asociación de Periodistas de Aragón estas preguntas para mostrar su vivencia a aquellos que estén pensando en buscar oportunidades fuera de la Comunidad.

¿Qué expectativas tenía cuando empezó la carrera de Periodismo?

Estudié periodismo con la intención de acceder al mercado laboral lo más rápido posible –dado que era Licenciado en Historia y no tenía intención de prepararme oposiciones. Creí que trabajar como periodista me daría bagaje y me presentaría oportunidades.

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 Jorge Vargas Visús, foto de archivo.

Muchos periodistas han emigrado de España, pocos se dedican a la titulación por la que han estudiado. ¿Es su caso?

He de decir que sí. Aunque mi respuesta tiene varias apartados. Estudié para trabajar en temas europeos y trabajo en temas europeos. Estudié comunicación y he trabajado en comunicación. Finalmente no descarto, puesto que afortunadamente es posible, trabajar en el campo de mi formación que más me gusta, la historia.

 

De Radio Ebro a una oficina de Bruselas, ¿cómo dio el gran salto y por qué?

Cuando estudiaba la secundaria ya sabía que quería vivir la experiencia de vivir en el extranjero. El programa Erasmus me permitió vivir esa experiencia por primera vez. Y todo salió bien. Durante mi primer año en Radio Ebro compaginé mi trabajo con la realización de un Máster en Unión Europea. Consideré que esos estudios me ofrecían una buena especialización de cara a mi trabajo y, de cara a futuro, una posible oportunidad laboral en Europa que enriqueciese mi corto bagaje profesional. Y así fue. A través de una beca del Gobierno de Aragón llegué a la oficina de Bruselas.

 

¿Por qué eligió Bélgica?

A veces pasa que diferentes opciones se presentan al mismo tiempo. Además de la beca para la oficina había solicitado, a través del programa Leonardo, estancias en Italia y Francia. Tuve la suerte de que se me presentasen dos opciones: Bruselas y Turín. Valoré las posibilidades de cada opción y elegí Bruselas porque me daba la oportunidad de vivir el proyecto europeo desde un punto de vista profesional, algo que colmaba mis intereses profesionales en aquel momento.

 

Hoy a los jóvenes emigrados se os ha calificado de todas formas desde la política, pero una de las más oídas ha sido generación perdida. ¿Qué opina?

Creo que los jóvenes que han decido emigrar a causa de la crisis y de la falta de oportunidades no son una generación perdida. Al fin y al cabo, con esfuerzo y un poco de suerte, acaban encontrando trabajo y, por lo tanto, contribuyendo al proyecto común, social, del lugar en el que se encuentran –allí donde todavía exista dicho proyecto, claro-.

Si usted considera que es España la que pierde creo que lo adecuado es afinar el tiro y concluir que la pérdida no es tanto los jóvenes que se marchan –hay muchos, igual de capaces que cualquiera de los que se van, que se quedan- como el proyecto común que se ha dinamitado y que ya no provee oportunidades a aquellos que lo han de sustentar, lo que genera una espiral preocupante que puede afectar a más de una generación.

 

¿Cómo es el periodismo allí?

Hablando sin haber ejercido como periodista aquí y, por lo tanto, recurriendo a testimonios de conocidos, le digo que laboralmente también es precario. Mucha temporalidad y tiempos de recortes de personal en las redacciones. Conozco casos de belgas licenciados en periodismo que están en el paro desde hace más de un año.

En cuanto a los medios, y en este caso hablo como consumidor de información, llama la atención el hecho de que Bélgica es un país con dos paisajes mediáticos paralelos, uno por cada comunidad lingüística. Identificar tendencias de opinión, por ejemplo, implica ir más allá de la simple calificación ideológico-política para incluir en el análisis elementos sociológico-culturales y lingüísticos. La carga que los términos francófono o neerlandófono portan es, en sí misma, definitoria y muy contundente puesto que es la puerta de acceso a uno de los dos mundos presentes en Bélgica.

Como corolario a esta reflexión creo que es necesario añadir un tercer paisaje mediático, el relativo a la Unión Europea. De nuevo un universo independiente de los citados anteriormente y que concentra su actividad en la burbuja del mundo institucional europeo. Para hacernos una idea de la ruptura que hay entre el mundo bruselense y el mundo comunitario residente en Bruselas basta una curiosidad: los funcionarios comunitarios belgas no suelen decir en su círculo de relaciones que trabajan para las instituciones europeas porque “le marché commun” –que es como llaman al conjunto de las instituciones- y todo lo que lo rodea ha generado tensiones en la vida de la ciudad que han llevado a que ambos mundos se den la espalda ignorando muchas cosas el uno del otro.

En esta tercera burbuja periodística la precariedad también es, desgraciadamente, la nota dominante en las condiciones laborales. Muchos medios han dejado de tener sus corresponsales en nómina para trabajar con freelancers.

 

¿De qué forma hay que adaptarse, aparte del idioma?

Hay que adaptarse al mundo belga que te rodea. Estos pueden ser el francófono, el neerlandófono, el bruselense o el europeo. Puedes vivir y trabajar en la burbuja europea y no tener contacto con ninguna de las burbujas belgas. Si interactúas con belgas has de saber que ellos hacen las cosas a su ritmo y a su manera y que se violentan si tú propones otra forma de hacer, a pesar de que dicha forma sea más eficaz o cómoda. Para cualquier cosa, administrativa, de atención hospitalaria, las prestaciones de seguridad social… son necesarios un número de pasos y papeles desquiciantes que son los que son. Total, la forma de adaptarse es desarrollar paciencia y no buscar explicaciones a ciertas formas de hacer porque no las hay, hay que aceptarlo como es y eso, cuando uno llega aquí, cuesta.

 

¿Alguna anécdota?

En un documento en el que hay que contestar marcando un cuadrado con una X para decir sí o no, salvo que haya instrucciones que lo especifiquen, por defecto tachar el cuadradito del no significa que tu respuesta es que sí. Esto, a mí, me generó un pequeño problema con una convalidación y que el funcionario responsable de mi petición me reprimiese porque mi dossier contenía información contradictoria. Ni siquiera se le ocurrió pensar que todo en el dossier sustentaba la respuesta negativa. Tuve que explicarle la confusión y que mi intención al tachar el cuadradito del no era decir que no.

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 El periodista e historiador, foto de archivo.

¿Qué pautas recomendaría a un periodista que siguiera antes de marcharse a otro país?

Primero que domine el idioma del país al que va a ir a trabajar. En Bruselas hay mucha gente que habla un excelente inglés pero que tiene limitado su horizonte laboral al sector “europeo”. Al no hablar francés ni neerlandés el mercado laboral belga les dificulta el acceso. Los idiomas del país son muy importantes aunque el trabajo necesite del inglés. En segundo lugar que procure encontrar trabajo antes de viajar. En Bélgica, por ejemplo, el registro en la comuna solo puede hacerse si se tiene trabajo. Y una vez se está registrado se tienen garantías puesto que formas parte del sistema.

 

¿Cómo ve el periodismo en España?

La crisis lo ha golpeado muchísimo. Y creo que también lo está subyugando. Echo en falta la crítica y me disgusta el servilismo. Jordi Evolé se ha hecho tremendamente popular… solo porque hace lo que le corresponde hacer. Hace su trabajo procurando ser independiente y destaca por ello. La conclusión es clara, ¿no?

 

¿Es aplicable esta opinión a la situación del periodismo en Europa?

No puedo afirmarlo con certeza porque cada país tiene sus particularidades. Pero el esperpento del plasma solo ha tenido lugar en España.

 

Ha trabajado como asesor de la oficina de Aragón en Bruselas, ¿cómo se vive la comunicación desde la cara corporativa?

En la oficina yo tenía otras responsabilidades. Pero sí que he vivido la comunicación corporativa trabajando para una multinacional farmacéutica, claro que en el departamento de Comunicación Interna en proyectos de branding, no de cara al trato con la prensa. Al final la cara corporativa de la comunicación es un filtro y también un recurso publicitario puesto que se vende imagen en todo momento, tanto de cara a los empleados como de cara al público.

 

¿Qué visión se tiene de nuestra Comunidad?

Somos una región poco conocida. Cuando me preguntan de donde vengo casi siempre tengo que explicar cuál es la situación geográfica de la región.

 

¿Cuánto tiempo lleva allí? ¿Es posible su retorno?

El próximo 3 de mayo se cumplirán seis años de mi llegada a Bruselas.

En cuanto al retorno, considerando la carga que, implícitamente, lleva la pregunta, mi respuesta es no. Aquí donde me encuentro, de momento, el Estado y la sociedad belgas ofrecen una serie de garantías de las que carecería en España. A pesar de que la crisis actual –en todas sus variantes- también golpea Bélgica, el sistema aguanta el envite y, con sus imperfecciones, por supuesto, permite ser dueño de una sensación de futuro.

 

Por último, ¿qué diría a los que buscan la aventura, como usted?

Es verdad que en mi decisión de venir a Bruselas estuvo el muy mal utilizado, en un momento difícil para los jóvenes españoles, “espíritu de aventura”. Un factor que, en mi caso, se mezcló con intereses profesionales y con una curiosidad por “el extranjero” que mis años de estudios beneficiándome del programa Erasmus terminaron de modelar.

Desgraciadamente, creo que en el contexto actual la aventura ya no se puede buscar. El aventurero parte con la convicción de que siempre puede desandar el camino, de que la vuelta atrás, una vez decide poner fin a su aventura, es posible. El que ahora decide irse no se aventura sino que paga un precio al cambiar un sitio por otro. La gran pregunta que hay que hacerse a uno mismo es si merece la pena pagar ese precio.

 

¿Y a los que se han visto obligados?

Que no miren atrás. Que tengan la esperanza de que el futuro, quizás, depare de nuevo la posibilidad de poder elegir.