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Javier García Antón: “Las generaciones más jóvenes tienen horizontes tan amplios que pueden contribuir a dignificar la profesión”

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Víctor J. Rodríguez

El director de Diario del Altoaragón aboga por buscar un nuevo modelo de negocio para el periodismo, en el que se ponga en valor “el factor diferencial de la comunicación en su sentido más amplio, pero sin estridencias ni tonterías como la proliferación de periódicos gratuitos sostenidos, el exceso de televisiones locales y otras aventuras propias de la irrupción alocada de personas del mundo de la gestión pura y dura sin especialización alguna en la comunicación”. Además, reivindica el valor de la prensa local y confía en la supervivencia de los diarios impresos.

¿Cómo está su medio y qué sentimiento tiene de cara al futuro, teniendo en cuenta el contexto económico y social  que vivimos?

Nuestro diario atraviesa las dificultades propias del entorno en el que nos movemos, con una crisis publicitaria que ha sido constante en el último lustro y una leve aunque continuada reducción de las ventas en quiosco, mientras hemos mantenido una altísima fidelidad de nuestros suscriptores, que son un porcentaje muy elevado de nuestra difusión. En el caso de la publicidad, constatamos que las caídas están tocando suelo e incluso ha habido un leve repunte en el tercer trimestre, aunque lejos de las cifras de hace unos años. Lógicamente, los resultados económicos se resienten salvo en un 2011 en el que fuimos uno de los poquísimos medios con beneficios –pequeños, por supuesto-, pero el comportamiento publicitario y el hecho de que los resultados de ventas se reduzcan bastante menos que el resto de la prensa inducen a pensar que algo de luz hay en el otro lado del túnel, algo de lo que los profesionales de Diario del Altoaragón y de www.diariodelaltoaragon.es no hemos dudado nunca porque estamos convencidos del futuro del periodismo, de la prensa y de los medios de comunicación, aunque evidentemente el escenario será paulatinamente cambiante.

DPH. PROYECCIÓN DE CINE CON JAVIER GARCÍA ANTÓN Y NATIVIDAD BLASCO

Javier García Antón, imagen de archivo./Diario del Alto Aragón

¿Cree que la causa principal del descenso de ventas de los diarios se debe a la crisis económica o al auge de las nuevas tecnologías?

Negar la influencia de las nuevas tecnologías sería muy poco honrado intelectualmente, sobre todo por la dificultad de renovación de los lectores por las capas más jóvenes de la sociedad, aunque, ojo, nuestras encuestas desvelan que también hay jóvenes que compran Diario del Altoaragón, sea por los deportes, sea por el suplemento de cultura y música, sea por contenidos en los que habrá que incidir. Pero hay un dato que demuestra que las ventas de los diarios se han resentido principalmente por la crisis económica: si en el año 2000 había setecientos mil ejemplares más de venta respecto a 2011 (son los últimos datos de AEDE en su Libro Blanco de la Prensa), por el contrario en 2011 hay 664.000 lectores más, lo que demuestra que los diarios son un producto demandado y con prestigio. Otra estadística: las ventas de diarios crecieron hasta 2007 (ya estaba en pleno auge la cultura digital), justo el año de inflexión en la coyuntura económica. Es a partir de entonces cuando cae la difusión. Creo que el hecho de que la audiencia aumente y que el periódico se haya convertido en un bien de consumo colectivo que se lee en bares y otros espacios públicos es una buena noticia para cuando haya una recuperación firme.

¿Hasta qué punto piensa que influye el nivel adquisitivo a la hora de seguir comprando el periódico diariamente?

Mucho. En las reuniones de editores de diarios, existe la mala costumbre de menospreciar el 1,30 de precio diario. Si lo multiplicamos por cinco de lunes a viernes, añadimos un pequeño sobrecoste por las revistas los sábados y los 2,50 de los domingos, nos topamos con que al mes hemos acumulado cerca de cincuenta euros. Y hoy en día en muchos hogares cincuenta euros es una cantidad más que apreciable para cubrir necesidades que pueden ser consideradas más básicas, con el añadido de que, aun sin tanta profusión, otros soportes informativos le aportan una parte de las noticias que puede desear.

¿Considera que la prensa local puede mantener mejor su público que la de tirada nacional?

Por supuesto, en primer lugar porque tiene un hecho diferencial, y es que hay menor concurrencia competitiva que en la prensa nacional. Un ciudadano recibirá una ingente cantidad de información por tierra, mar y aire (prensa, radio, televisión e Internet) sobre los casos de corrupción, sobre las grandes catástrofes o sobre la Eurocopa, pero si quiere conocer los avatares de la peatonalización en Huesca, del tomate rosa de Barbastro, de la evolución agroganadera en cada comarca o del partido Ayerbe-Bolea, acudirá a prensa de proximidad, que tiene además valores muy importantes: tiene una alta calidad y una gran sensibilidad hacia el territorio. Juega en casa.

¿Le parece que el papel está condenado a ir desapareciendo?

Si Warren Buffet ha comprado recientemente más de sesenta periódicos locales y Jeff Bezos se ha hecho con el Washington Post, ¿cómo voy a pensar que el papel está condenado a desaparecer? Uno es uno de los inversores más avispados de la historia económica del mundo, y el otro uno de los grandes innovadores. Inversión más innovación, esto es, el dinero y el conocimiento apuestan por el papel. El primero, por los motivos anteriormente expuestos y que son una de las grandes fortalezas de la prensa local. El segundo, por la capacidad de influencia y por la compatibilidad que estima que existe entre el papel y las nuevas tecnologías. Bezos ha sido prudente y visionario al asegurar que no sabe cuánto tardará porque estamos en un periodo de transición lenta, pero por un lado manifiesta que el consumidor no está acostumbrado a pagar por contenidos y eso tardará y, por otro, que en un tiempo indeterminado la prensa será un artículo de cierto lujo. Jaume Roures dijo en Huesca hace aproximadamente cuatro años que dentro de medio siglo envolveremos el bocadillo con papel de periódico. Luego, cuando cerró Público, esgrimió que a la prensa le quedan cuatro telediarios. Es el interés del converso.

La publicidad, ¿hasta dónde es responsable de la crisis de la prensa?

Pues muy importante. Si los ingresos de publicidad hubieran caído en la misma medida que los de venta de periódicos, estaríamos hablando de modo muy distinto. Se ha invertido el peso específico de los ingresos de un periódico y hoy prácticamente son un setenta-treinta los de difusión y comerciales cuando en un escenario normal el guarismo es favorable a la publicidad. Es razonable cuando las empresas tienen tales dificultades para sostenerse financieramente que reducen hasta cero sus esfuerzos publicitarios, y cuando las administraciones abandonan campañas de concienciación que en otros tiempos serían consideradas imprescindibles. En todo caso, tampoco hay que escandalizarse, porque hay muchos sectores económicos en España y en Europa que ya quisieran haber sufrido las caídas de facturación que han tenido los medios informativos. Pero cada uno es propietario de sus dolores y los expresa con lamentos.

¿Cree que el periodismo debe modificar su modelo de negocio?

Creo en primer lugar que el periodismo debiera venderse mejor. No hay ningún sector que hable tan negativamente de sí mismo como el nuestro, y particularmente el de la prensa. En lugar de exponer continuamente nuestros valores, nos empecinamos en exhibir nuestras debilidades. Nunca he oído a altos directivos de la prensa esgrimir argumentos como el hecho de que la segmentación de su clientela le convierte en el medio más útil para la publicidad. En Europa, la prensa acapara sólo el 5 % de la audiencia y, sin embargo, abarca el 20 % del pastel publicitario, y es por el mayor poder adquisitivo de sus compradores respecto a la audiencia de otros medios. Y, además, hubo en el Libro Blanco de Aede en su penúltima edición un fantástico estudio sobre la eficacia publicitaria, con 75.000 encuestas entre empresas y consumidores, que desvelaba que la prensa es, con gran diferencia, el medio que más valoraban por su información y por su influencia sobre las compras.

En cuanto al modelo de negocio, resulta evidente que está cambiando, en algunos casos para bien, en otros para desastre. Hay que buscar un modelo de negocio en el que se ponga en valor el factor diferencial de la comunicación en su sentido más amplio, pero sin estridencias ni tonterías como la proliferación de periódicos gratuitos sostenidos –y pagados en sus pérdidas- por diarios de pago, el exceso de televisiones locales y otras aventuras propias de la irrupción alocada de personas del mundo de la gestión pura y dura sin especialización alguna en la comunicación. Muy probablemente, también hemos tenido algo de culpa los periodistas que hemos abandonado absolutamente áreas de decisión fundamentales en las que es preciso complementar los conocimientos de profesionales de la economía con el saber hacer de los profesionales de la comunicación. Ha sido una dejación de responsabilidades que ahora se está pagando.

En los últimos años han surgido diarios on line, que funcionan por suscripciones, publicidad y/o cooperativas. ¿Qué le parecen esas estrategias de financiación?

El mundo on line tendrá que definir su supervivencia, que será por la vía de encontrar todas las fórmulas de financiación posibles. Lo que no es de recibo es este totum revolutum que ha devaluado hasta el extremo el rol de los periodistas por un intrusismo atroz y por un error colectivo mundial, que es el de regalar los contenidos. No podemos regalar el trabajo de buenos profesionales. De todos modos, creo que tampoco podemos descontextualizar Internet, sus posibilidades y su evolución: el hipervínculo de texto de Tim Berners-Lee fue creado en 1989, esto es, la primera página web. ¡No ha pasado ni un cuarto de siglo! ¿Nos damos cuenta de la cantidad de siglos que han tardado las distintas ciencias para enriquecer sus contenidos y su desarrollo? Por eso, ahora hay que experimentar, hay que innovar y hay que acostumbrarse a los fracasos, y aprender de éstos para rectificar hasta encontrar la senda de los éxitos. No es sencillo. Ni rápido.

Hay quienes hablan de que el periodismo vive una crisis de identidad. ¿Está de acuerdo?

Sí, rotundamente. En primer lugar, porque el destierro de toda ética en la configuración de programaciones televisivas o radiofónicas, así como de las secciones en papel, ha contribuido a la irrupción de personajes sin preparación ni catadura moral. Segundo, porque el plano empresarial se ha impuesto al periodístico en muchas ocasiones, para desgracia de los dos ámbitos, a las pruebas me remito. Y tercero, porque, con crisis, todos perdemos cotas de independencia y, con ellas, de búsqueda de la objetividad, de la verdad y de la pluralidad, que son factores que siempre han distinguido a los medios. Sin embargo, también he de decir que me parece que las generaciones más jóvenes de periodistas tienen unos horizontes tan amplios que pueden contribuir a dignificar mucho esta profesión. Pero, ojo, no es una advertencia moralizante, sino una percepción sólida: o se hace con la mejor herramienta que tenemos, que es la deontología que nos convierte en vocacionales servidores públicos en el mejor sentido, o el empeño será baldío.

Si las nuevas tecnologías hubieran aparecido hace diez años, antes que la crisis económica, ¿cree que el periodismo se hubiera resentido de la misma manera?

Hombre, las nuevas tecnologías habían aparecido de facto antes que la crisis, e incluso tienen su granito de arena en la cierta deformación profesional, porque no están exentas, sino al contrario, de utilizaciones espurias y perversas, pero también han aportado el aire fresco de muchos emprendedores que se han lanzado a buscar espacios de libertad aun con la renuncia de la comodidad que da una empresa consolidada y un sueldo estable. Que, por cierto, es una aspiración legítima y que hay que seguir defendiendo.

En el pasado Congreso de Huesca hubo una ponencia (sobre periodismo postindustrial) en la que se habló de que el futuro del periodismo pasaba por una segmentación temática y demográfica. Por ejemplo, periódicos especializados o de información mucho más localizada. ¿Qué opina de ello?

El Congreso de Periodismo Digital de Huesca tiene el valor de que ha reflejado e incluso liderado una permanente reinvención de la profesión, de que ha servido de debate para extraer algunas ideas fantásticas y desechar otras conforme la experimentación demostraba que no surtían efecto. En su primera edición, en el Centro Cívico Santiago Escartín Otín de Huesca, algunos audaces se empeñaron en la dicotomía entre los periodistas digitales y los periodistas analógicos, con fecha de defunción marcada para estos últimos, entre los que nos hallábamos la inmensa mayoría de profesionales. Nos daban cinco años… y eso fue no sólo en el siglo, sino en el milenio pasado. Pero el Congreso, a través de su evolución, está aportando mucho y, efectivamente, la segmentación será clave en el futuro del periodismo, tanto en el ámbito temático como en el demográfico, aunque lo fundamental será que seamos capaces de hacer entender a todos, a la administración pero también al conjunto de la sociedad, la trascendencia de un buen periodismo para la información y para la formación, con los criterios de la credibilidad y de la confianza que da la profundidad de los buenos profesionales.

Dé su opinión sobre la situación actual que vive la profesión y el futuro.

La situación actual es la propia de una época de turbulencias, pero estaría bien que miráramos nuestro entorno. La prensa mundial creció en venta de ejemplares el año pasado, por ejemplo, lo que sucede es que lo hizo más en los países emergentes. Y, al hablar de crisis, tenemos que preguntar de dónde. ¿De Finlandia, donde se acercan a los cuatrocientos ejemplares de difusión por cada mil habitantes, de Suecia con más de 320, de Gran Bretaña con más de doscientos cincuenta? España está en infradesarrollo por venta de periódicos según los parámetros que maneja la Unesco y sólo estamos por encima de Italia y Portugal en Europa. Y hay que fijarse, además, que los principales países en venta de ejemplares son también los más avanzados en cultura on line, lo que nos tendría que hacer reconsiderar un problema cultural de primer orden en este país.

Evidentemente, nuestra profesión atraviesa una coyuntura difícil, pero yo creo que hay que combinar tres factores importantes en los que los periodistas somos básicos, por nuestra formación y nuestra experiencia, a la hora de sacar las empresas adelante: primero, la capacidad de liderar decisiones desde nuestro conocimiento de las audiencias y con vocación permanente de innovar; segundo, la curiosidad que es enseña de los profesionales y que nos debe inducir a buscar las oportunidades que nos rodean con el lema de “ave que vuela, a la cazuela”; y, tercero, el cambio de tono vital-profesional para practicar un optimismo activo.