Por una vez -y no será la última- he dejado que pasaran días, semanas, y me he tomado horas de sosiego, antes de teclear. No me apremia la vorágine de la inmediatez, no tengo necesidad urgente de saltar a la primera, pero sí creo que es tiempo de hablar de cosas que están pasando y que provocan confusiones, emociones, apasionamientos inmediatos y poca reflexión. Tras las últimas salidas de profesionales de prestigio- quizá para ser exacta debería decir, tras la última salida de un periodista de la SER en Aragón- se han desatado inusitadas oleadas de solidaridad que no se produjeron en anteriores ocasiones por varias razones; quienes desfilaron antes no tenían ni ese renombre, ni ese cargo. La salida de Plácido Díez de RZ- donde era director de Contenidos- habla de un síntoma pésimo pero sobre todo alerta de que nadie está a salvo de la pira. Hablo de esta tierra, porque ya antes figuras señeras del duro oficio de periodista habían sido desalojados de las redacciones y buscaban un lugar en el blog o en la red. Síntoma terrible de una profesión en desguace que no es nada sin un soporte que hasta hoy, estoy convencida, solo lo dan los medios clásicos.
Me asombran las reacciones, ciertas reacciones, lo digo en serio y como nunca me he mordido la lengua ni he hecho precisamente amigos por escribir o espetar lo que pienso, me ratifico en mi pensamiento políticamente incorrecto . Estoy convencida de que cada sociedad tiene los políticos que vota y los periodistas que se merece y este oficio, tan solidario con los compañeros de medios ajenos al nuestro, calla sus miserias internas y agacha la cabeza cuando el ERE pende sobre su propia redacción. Citaba nuestro presidente – José Luis Trasobares– casos, no son todos idénticos pero sí semejantes, hablaba y tildaba de locos a quienes en aras del negocio y ese plan infinito de borrar, memoria, calidad y criterio prescinden de algunos profesionales. Es cierto ellos están locos, o muy cuerdos, pero nosotros estamos agazapados, acogotados, achantados y solo levantamos la voz para protestar cuando el hueco se ha producido hace días y sabemos que, de momento, la espada no ha cortado nuestra cabeza. ¿Cuantos han salido sin que nadie osase decir nada cuando los largaron?.¿Cuántas voces se han alzado para decir así no?¿Alguien ha sido temerario y le ha llevado la contraria al que decide quién debe abandonar?. Lo desconozco, pero me temo que quien lo ha hecho lo ha pagado. O no. Hay quienes creen que la sumisión, el esconder la cabeza bajo el ala, les hará invisibles. Error. Hay quien pensó, por ejemplo, que si se bajaba el sueldo se respetaría su puesto. Nada de nada, algunos salieron los primeros. Sé de lo que hablo. Es el tiempo de los cobardes. El miedo hace prisioneros y esta profesión, que debería alzar su voz como nadie, vive amagada y escondida en el viejo debate de un relevo generacional inexistente cuando el drama es que se cambia rigor y criterio por obediencia y espectáculo
Sí, están locos, pero lo están logrando. Consiguen adormecer a las redacciones, logran que nadie defienda al señalado, instalan el suspense de un futuro negro en el afán de cada día y así no se puede hacer periodismo. ¿Y nosotros? Somos prescindibles. Se está demostrando. Somos siervos. Es cierto que cada empresa tiene su código y sus servidumbres, claro que las tiene, pero hemos propiciado que aumenten porque ya nada es tabú para la empresa ¿Alguien se acuerda de aquello de la cláusula de conciencia? Jajaja. Yo creo que ya ni se estudia, ni se habla de ella. Ahí andamos. Cuando el protagonista del drama es de renombre parece que alguien se entera . Pero no nos engañemos. Sobramos y nos van a liquidar. O simplemente hemos logrado no pintar nada. Y no valen las salidas estentóreas como- lo siento- la de los compañeros de Canal 9. No vale que cuando les cierran cuenten en sus informativos lo que durante años han silenciado o maquillado. Esa es una reacción pueril y absurda que corrobora además, ellos lo han dicho, que durante años ocultaron la realidad. Es lamentable que se cierre un medio, más lamentable que casi dos mil personas se queden en paro, que quienes ven pelar las barbas de sus vecinos tiemblen ahora. No estamos logrando nada. La discreción en aras de evitar males mayores no conduce a nada más que a agrandar el abismo.
Estamos dejando de existir. Es un hecho. Hemos consentido abusos, impensables hace muy poco tiempo en el desarrollo de nuestra profesión, y como trabajadores. Se nos ha perdido el respeto quizá porque nosotros no nos lo tenemos. Lamento profundamente sentirme en estos momentos tan poco concernida sobre una profesión que ha sido mi vida a la que no reconozco. Igual es que quiero aliviar el dolor que me produce ver cómo se desangra sin que nadie vaya a ponerle un torniquete. Y a la postre lo que está en riesgo ya no somos nosotros , son los medios.
Concha Monserrat, periodista




