Tranquilos, de aquí a que terminéis la carrera de periodismo no habrá crisis

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Todavía me retumban esas optimistas palabras de aquel noviembre de 2008. El destino, contrario a las suposiciones del profesor Bardají, no ha servido más que para, de aquél tiempo a esta parte, ahondar más en la boca del lobo. Pero esa historia todo el mundo en la monotemática España se la sabe.

Ahora buscan (y buscamos) reconfortarnos sabiendo que hay vida en el exterior. Que el futuro no se hunde en la península ibérica y de cómo es posible que alguien encuentre hueco en alguna barca para huir a tiempo de ese Titanic que, algún día, será temario en los libros de historia de España (y que entra ‘fijo’ en el examen).

‘Hija mía, estás a punto de acabar la carrera. ¿Qué planes de vida llevas?

Noviembre de 2013, 5 años después. La libertad y la ingenuidad de los 22 años, sumada a la vehemencia de todo periodista novel y al esfuerzo de unos padres que dicen ‘sálvate tú, al menos’ me llevaron a saltar el charco ante una propuesta de trabajar en Caracol Radio; emisora hablada y reconocida empresa en Colombia y una de las tantas hijas del grupo PRISA. Eso sí; en una ciudad pequeña (creo que aunque me lo dijeron como ‘vas a empezar por lo más insignificante’ a mí me sonó a ‘agárrate, vas a lo más complicado: el periodismo local’).

‘¿Y amañada en Colombia? ¿No extrañas a tu familia? ¿Cómo hace una ‘culicagada’ como tú para no enloquecer en este país?’

Bucaramanga- conocida como La Ciudad Bonita- es el (des)afortunado conejillo de indias que me ayuda, desde hace apenas 7 meses a comprender un país nada indiferente en Latinoamérica, en pleno auge económico y con pensamientos a veces similares, dicen, a los 70 de España que nunca viví. Absorta por el olor a fruta en la calle, la estridente música de despecho y que cada persona es un personaje digno de entrevistar me estoy empapando diariamente de su léxico, de su alimentación y de su forma de interpretar la vida del ‘primer mundo’ que queda ahí fuera. Sí, digamos que después de haber probado la bandeja paisa y bailado vallenato ya estoy amañada.

‘Ah! ¿Tú eres la españoleta de Caracol?’

Trabajar con Caracol Radio supone que dos terceras partes de la ciudad haya oído alguna vez tu voz y la mitad te reconozca y sea capaz de decir algún comentario que hiciste ante el micrófono. La fuerza de la radio, envidiable por la fidelidad de los oyentes, hace que cada comentario al aire tenga una gran responsabilidad.

Colombia está repleta de medios y es exigente con la libertad de prensa. Es más, trabajar en programas de entretenimiento de CaracolRadio te ubica en el mapa de la ciudad y, todavía más con este acento españolete que, chirría para algunos y para otros (generalmente adultos varones) les suena tremendamente sensual debido a la tendencia de venta de pornografía audiovisual en Colombia doblada con el español de la ‘madre patria’ en los 80. A su vez, trabajo en el servicio informativo de Wradio como corresponsal en esta ciudad. (Wradio es la otra emisora hablada del grupo Caracol pero con un target de estratos más altos y conducida por el premio Rey de España: Julio Sánchez Cristo).

Colombia es, generalmente, conservadora y aunque desde su pureza pretende marcar su identidad en el planeta, lo opaca el energético capitalismo de Santos y otras clases altas que tienden a agringar al país de la cumbia, la arepa y el aguardiente. Por ello, es que hacer periodismo es luchar con una serie de desigualdades sociales e incongruencias tales como celebrar la inauguración de un punto turístico cuya figura de un Cristo de 30 metros cuesta 18 millones de euros mientras se cierra un colegio y deja a casi 1000 niños sin clase por haberse construido dicho centro en medio de una falla geológica- lo peor es que a nadie le importa y esta noticia tarda en reportarse porque los niños son de estratos bajos-. Éstas y otras injusticias diarias hacen del periodismo una profesión indispensable pero complicada. El ambiente es bastante sórdido, especialmente cuando los profesionales aceptan callarse la boca por unos pases gratis o una botella de champán del gobernador. (Y esto es mucho más descarado y habitual que en España).

¿A tu madre no le da miedo que estés tan lejos?

No solo tan lejos, señora. Si no en un país que se encuentra en guerra desde hace más de 60 años donde, hasta hace una década, todo padre de familia besaba a sus hijos al salir de casa y se santiguaba pidiendo que no fuera esa la última vez que les viera, no fuera que una bala perdida se encontrara con su pecho en la calle. Por supuesto que hay narcotráfico y guerrillas y que la reinserción de guerrilleros y paramilitares del campo a la ciudad hace de las urbes más peligrosas y aumenta la delincuencia y el microtráfico. Sin embargo, lejos de esos días de bombas en las calles, ‘el único peligro que tiene ahora vivir en Colombia es que no quieras marcharte’ ¿Será?…

Lucía Benavente Liso

Graduada en Periodismo en 2012 por la Universidad de Zaragoza. Trabaja actualmente en Caracol Radio de Bucaramanga (Colombia)