Comprometerse con uno mismo

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Hace unas semanas, un compañero de otro medio de comunicación me dijo: “Tú que me sigues en twitter y demás, ¿qué dirías? ¿que soy de derechas o de izquierdas?”. “Pues no tengo ni idea” –le contesté con cierta desgana.

Él respiró orgulloso, al tiempo que decía: “¿Ves? Es que a mí no me gusta que se sepan cuales son mis ideas, mi deber como periodista es ser objetivo”. Supongo que solo fue la educación lo que le impidió proseguir: “No soy como tú, que llevas la hoz y el martillo tatuados en la frente”.

No respondí nada. Supe que no merecía la pena ponerse a discutir, porque él y yo tenemos un concepto diferente de lo que significa la objetividad. Sobre todo porque yo hubiera empezado negando su existencia, así que imaginaros lo tedioso y lo largo del tema.

Con tan solo 11 años, ya tenía metido en mi absurda cabeza pre-adolescente que quería ser periodista. Eso fue antes de saber siquiera qué era la política. No sabía si quería ser de derechas o de izquierdas, pero sí que quería ser periodista. Más tarde, mi manera de ver la vida me acercaría más hacia posiciones de izquierdas, ni de un partido ni de otro, simplemente de izquierdas, algo que no intento ocultar ni con mi familia, ni con mis amigos, ni con mi trabajo. ¿Y?

Los periodistas no somos loros. No podemos relatar sin sentir ni padecer, somos intérpretes de una realidad cambiante, contextualizadores de hechos con un solo límite: la honestidad y el compromiso con nosotros mismos. Un periodista es periodista 24 horas al día y no puede (ni debe) aparcar sus puntos de vista cuando se sienta delante del ordenador. Las opiniones no son de quita y pon y un periodista siempre contextualizará e interpretará influido por su forma de ver la vida en ese preciso momento. Pero las opiniones no son inamovibles y van cambiando con la evolución de los hechos y de nuestra propia perspectiva personal. Un periodista tiene el mismo derecho que cualquiera a cambiar de opinión, siempre y cuando defienda su nuevo punto de vista con la misma honestidad que defendía su punto de vista anterior.

Mirar con honestidad la realidad y comprometernos con nosotros mismos a contar las cosas tal y como las vemos en ese instante. Eso es objetividad. Lo otro, lo de ser un loro y no pronunciarse ante nada, es solo un ejercicio de imparcialidad mal entendida.

Esther Aniento

periodista