La libertad de prensa atraviesa su peor momento en un cuarto de siglo, con más de la mitad de los países del mundo en una situación “difícil” o “muy grave”, según la Clasificación Mundial 2026 publicada por Reporteros Sin Fronteras, que alerta de una “asfixia” creciente del periodismo a escala global.
Por primera vez en los 25 años de historia del índice, el 52,2 % de los países analizados se encuentran en esas categorías, mientras que la puntuación media global ha caído al nivel más bajo registrado hasta la fecha, reflejo de un deterioro progresivo del derecho a la información.
La organización subraya que este retroceso no solo afecta a regímenes autoritarios, sino también a democracias, donde el uso de leyes de seguridad nacional, acciones judiciales abusivas y restricciones legales están contribuyendo a una creciente criminalización del periodismo.
La directora editorial de RSF, Anne Bocandé, advierte de que “los ataques contra el derecho a la información se diversifican y se vuelven más sofisticados”, con responsabilidades compartidas entre Estados autoritarios, poderes políticos, actores económicos y plataformas digitales.
Un deterioro sostenido en 25 años
Desde la primera clasificación en 2002, el panorama global ha empeorado de forma constante. Entonces, solo el 13,7 % de los países presentaba una situación preocupante, frente a más de la mitad en la actualidad. Además, el porcentaje de población mundial que vive en países con una situación “buena” ha caído del 20 % a menos del 1 %.
RSF destaca que, aunque los asesinatos y encarcelamientos de periodistas continúan, las formas de presión han evolucionado hacia métodos más sofisticados, como discursos políticos hostiles, debilidad económica de los medios y el uso instrumental de leyes.
El indicador legal es el que más ha empeorado en 2026, con retrocesos en más del 60 % de los países, lo que evidencia una tendencia global a utilizar el marco jurídico para limitar la libertad informativa.
Conflictos y autoritarismo agravan la situación
Las guerras siguen siendo uno de los principales factores de deterioro. Países como Irak, Sudán o Yemen figuran entre los peor situados, mientras que conflictos recientes, como el de Gaza, han tenido un impacto directo sobre los periodistas, con más de 220 profesionales muertos desde octubre de 2023.
En paralelo, regímenes autoritarios como China, Corea del Norte o Eritrea continúan ocupando los últimos puestos del ránking, mientras que Rusia, bajo el mandato de Vladimir Putin, mantiene una fuerte represión mediática en el contexto de la guerra en Ucrania.
En contraste, Siria protagoniza el mayor ascenso del año tras la caída del régimen de Bashar al Assad, aunque sigue en posiciones muy bajas.
El uso de leyes como herramienta de represión
RSF denuncia que, 25 años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las leyes de seguridad nacional se han convertido en una herramienta habitual para restringir la información, incluso en países democráticos.
Este fenómeno se observa en países como India, Egipto o Turquía, donde acusaciones de terrorismo, desinformación o insultos al Estado se utilizan para perseguir a periodistas.
También en democracias consolidadas se detectan presiones crecientes. En Japón, las leyes de secreto de Estado limitan la protección de las fuentes, mientras que en Filipinas o Hong Kong se han utilizado normas legales para encarcelar a profesionales de la información.
Además, RSF alerta del aumento de demandas intimidatorias y presiones judiciales en países como Bulgaria o Guatemala, así como de la debilidad de los mecanismos de protección, considerados ineficaces en más del 80 % de los casos.
América, en retroceso
El continente americano experimenta un deterioro significativo, marcado por la violencia y la presión política. Estados Unidos cae siete posiciones hasta el puesto 64, en un contexto de creciente hostilidad hacia los medios durante la presidencia de Donald Trump.
En América Latina, países como Ecuador o Perú registran importantes descensos debido a la violencia contra periodistas, mientras que Argentina y El Salvador también retroceden en el ránking en un clima de creciente presión gubernamental.
RSF señala que el crimen organizado y la inseguridad siguen siendo factores determinantes en la región, donde los asesinatos de periodistas provocan caídas abruptas en la clasificación.
Un llamamiento a la acción
Ante este panorama, la organización reclama políticas activas de protección y sanciones efectivas para frenar la impunidad y garantizar el derecho a la información.
“La pasividad se convierte en una forma de complicidad”, advierte Bocandé, quien insiste en que corresponde a las democracias y a la ciudadanía defender la libertad de prensa frente al avance del autoritarismo.
El informe concluye con un mensaje claro: el deterioro de la libertad de prensa no es inevitable, pero requiere una respuesta firme y coordinada para revertir una tendencia que amenaza uno de los pilares fundamentales de las sociedades democráticas.











