En memoria de Carlos Moncín

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Carlos Moncín casi, casi nació con una cámara fotográfica entre las manos. A los 14 años ya se dedicaba profesionalmente a ello en el Foto-Estudio Ibérica de Calatayud. Eran otros tiempos. Del trabajo artesano pasó pronto a desarrollar unas fuertes inquietudes artísticas. Buscó caminos expresivos y los encontró de muy diversas formas, como atestiguan los muchos premios que recibió.

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Si en algo destacó pronto fue en la fotografía taurina, una disciplina que ya no abandonó nunca y en la que se convirtió en una de las grandes firmas. Su pasión por la fotografía y por los toros le llevaron a convertirse primero en corresponsal de Heraldo de Aragón; en fotógrafo de plantilla de este diario después y, pronto, en jefe de esta sección.

Javier Cebollada, fotógrafo de la Agencia EFE con quien compartió muchos años de profesión, lo recuerda así: “La primera vez que ví a Carlos Moncín fue en 1986 en Calatayud. Era el fotógrafo de Heraldo en la zona. Había visto desde pequeño su firma en la sección de Actualidad bilbilitana del periódico y lo imaginaba como un señor mayor muy serio, no sé por qué. Y de repente vi a un tío joven, muy delgado, siempre con un cigarrillo entre los dedos, incluso cuando hacía fotos. Todo el mundo lo conocía y tenía un poderío que a mí, con mis 24 años y recién llegado a la profesión, me dejó impresionado. Desde entonces, cada vez que pasaba por Calatayud pasaba a verlo por su tienda, donde me enseñaba también sus fotografías artísticas, aunque las que hacía para prensa también me lo parecían”.

Después, ambos coincidieron en innumerables coberturas de todo tipo: éxitos y fracasos deportivos, atentados y sucesos, vaivenes políticos,… 30 años de profesión dan para mucho. Y Carlos Moncín siempre estuvo en primera línea. Lo mismo completó una gran serie de fotografías en los juegos olímpicos de Barcelona 92, que hizo un libro sobre las fiestas de San Roque de Calatayud, y hasta se dedicó en los últimos años a la fotografía institucional en el Gobierno de Aragón. No dejó ningún registro sin explorar.

Carlos es un fotoperiodista que, sin duda, deja una huella en la profesión aragonesa. Por ser un maestro pero también por el profundo cariño que deja entre sus compañeros de toda la comunidad. La Asociación de Periodistas de Aragón y el Colegio de Periodistas lamentan profundamente su pérdida. Lamentablemente, en la situación actual no será posible realizarle ningún acto de despedida, pero junto con la Asociación de Fotoperiodistas de Aragón o con el Centro de Estudios Bilbilitanos, seguro que tendremos pronto la oportunidad de recordarle y despedirle como se merece.

Autor del artículo: Pepe Verón, vicedecano de la Facultad de Comunicación de la Universidad San Jorge y vocal de la APA y el Colegio de Periodistas