La cultura del etiquetado exprés

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Es la época de las etiquetas. Bastan 140 caracteres para que alguien quede definido eternamente. Para bien o para mal. Da igual el contexto o la trayectoria. En ocasiones -demasiadas- parece dar igual hasta la verdad. Es la época de la “infobesidad”, de leer “el titular y dos líneas”. La época dónde ver un Vine pronto será un exceso y leer una entrevista en Jotdown toda una epopeya. Ni hablamos de los hastags y de las #personas que #utilizan hashtags #en una #de cada #dos palabras. ¡Es el súper etiquetado! Vaya paradoja: en la época que menos se lee, nos ha dado por ponerle palabras a todo. O para ser más precisos, en la época que menos se profundiza. Ahí -en la profundidad- esté probablemente la clave.

Cojamos el caso del deporte como ejemplo. El deporte que en esto de etiquetar -como en otras tantas cosas- ha sido un verdadero adelantado. “Robben es un extremo habilidoso”. “Nibalí es un escalador puro”. O “Roger Federer un jugador de red”. Tres rápidos casos de diferentes disciplinas. Falta precisamente aquello a que nos referíamos: el contexto, la profundidad. Las tres afirmaciones son ciertas, pero ocurre que estos deportistas -como modelo- son mucho más que lo que indica la etiqueta.

Es el consumo exprés. Mejor dos palabras que dos líneas. Es tal la moda de clasificar a los jugadores, ya no solo por posición, si no por debilidades o fortalezas, que hasta los propios videojuegos -tipo FIFA o NBA 2K- acompañan los cualidades numéricas de un jugador, de dos o tres etiquetas que lo definan. “Cañonero”, “motor”, “especialista defensivo” y un largo repertorio. También lo hacen todo tipo de guías deportivas.

Estas etiquetas tienen un afán descriptivo y agilizador. Pero al mismo tiempo llevan implícito una función limitante. Me explico: si tú lees que ha llegado a tu equipo de baloncesto un alero que es “especialista defensivo” automáticamente piensas que es un jugador muy limitado en ataque. Hay muchas de este corte porque lo que marca la tendencia en este momento es que hay que estereotipar todo.

 

Aplicado a la vida personal. La importancia del “estar” en vez del “ser”

Las etiquetas -y sobre todo cuando son limitantes- tienen un peligro manifiesto: el sujeto puede acabar creyendo aquello que reza la etiqueta. Y eso hace que el deportista en vez de expandir su juego lo vaya empequeñeciendo, pero cuidado porque pasa lo mismo en el plano personal.

Te invito a que te traslades un momento a tu día a día. Piensa en cuando alguien te dice en el trabajo que tu mayor cualidad es que te esfuerzas mucho. O que ocurre cuando alguien te dice que eres lento en el trabajo. O soso en tu vida personal. Lo cierto es que en el tipo de sociedad que vivimos le otorgamos una importancia desmesurada a lo que opinan los demás. Y a veces una etiqueta de este tipo puede degenerar en una creencia muy fuerte para la persona que marque parte de su comportamiento. Y esto es como para tenerlo en cuenta.

Por una parte, cuando somos el “receptor” de la etiqueta deberíamos comenzar por restar importancia. Tanto si es positiva como negativa. Si realmente quieres saber que imagen tienen los demás de ti, hay muchas herramientas (tipo la Ventana de Johari) que te van a permitir hacer una aproximación. Pero insisto: no tienes que buscar fuera de ti para descubrir como eres.

Por otra parte, si eres el “emisor” de una etiqueta, aunque sea con toda la buena voluntad, lo que se recomienda es que no hagamos referencia al “ser” de la persona, que hagamos referencia a estados puntuales. Me explico. No es lo mismo charlar con un compañero de equipo y decirle que crees que está un poco distraído en los últimos entrenamientos, que decirle que es distraído. Todo lo que ataca a nuestro “ser” golpea siempre en la línea de flotación. Duele. Ahora piensa un momento la importancia de esto en una discusión de pareja por ejemplo.

 

Rafael Nadal como ejemplo y el papel del periodismo

Partiendo de la base de que el periodismo debería jugar un papel importante en el camino hacia la madurez de una sociedad, planteo si es adecuado subirse tanto al carro de la primera corriente que pase. O por el contrario ponemos el foco en analizar bien cual es la función que le corresponde.

Hay muchas dificultades a las que se enfrenta el oficio en medio de la “infobesidad” de la que hablábamos al principio, muchas. Algunas de ellas no se pueden obviar y tienen que ver con la sostenibilidad económica y la libertad. Cuestiones fundamentales. Y otras para nada menores como mantener un preciado tesoro: aquello que denominamos “contexto”. Uno de los mayores valores del periodismo actual.

El contexto es lo que puede hacer que veamos más allá de la etiqueta y haríamos bien en darnos cuenta de la importancia que eso acarrea. Pondré de nuevo un ejemplo tan deportivo como popular. Es el caso de Rafa Nadal, a quién se le ha puesto la etiqueta de “acabado” desde hace algo más de un año. Éste es uno de los fenómenos favoritos que se producen en el ámbito deportivo de parte de la sociedad y -por qué no decirlo- de parte del periodismo: reducir el análisis al resultado y al mismo tiempo asociar el resultado a argumentos demasiado simplistas.

El hecho es que la temporada anterior fue la peor en resultados de toda la carrera de Rafael Nadal. Datos. A partir de ahí -como decíamos- se asoció el bache deportivo a lo más simple, es decir, el estado físico de Nadal. El balear jugaba mal porque su físico ya no le daba para más. Este argumento además venía a reforzar aquello que se ha aceptado popularmente desde hace años, que Rafa Nadal no podría aguantar mucho con ese estilo de juego tan físico.

Esto último no debería pasar desapercibido. No sólo ponemos etiquetas, además una vez que las ponemos buscamos constantemente argumentos que refrenden que esa etiqueta que hemos puesto está bien colocada. Sobra decir que el periodismo debería huir de esto, cabe plantearse si lo hace o no lo hace.

Volvamos a Nadal. Hasta aquí lo ha aceptado durante gran parte de la temporada pasada. Pero afortunadamente apareció el contexto en forma de periodismo. Gracias al maravilloso programa Informe Robinson que emite Canal Plus y al reportaje que realizaron sobre el tenista balear, pudimos descubrir no sólo que el problema de Nadal tuvo que ver directamente con lo mental, sino que era la temporada en la que el tenista estaba mejor físicamente de toda su carrera. Esto quiere decir que se había aprobado sin oposición que la carrera de Nadal estaba terminando por su estado físico y este era un argumento totalmente falso. Repito: falso. Otra lucha abierta: algo que es incierto no deja de serlo por tener 2.000 retweets. En cualquier caso, aquí fue el contexto el que nos sacó de la equivocación y lo hizo de la mano del periodismo. La pregunta es clara: ¿Es lo habitual?

 

Este artículo es una adaptación para la APA del publicado por el autor en el blog Viviendo Mejor: Que no te limiten las etiquetas, el caso de Stephen Curry