Medios de incomunicación pasivos

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Me llamo Lucía y trabajo en un medio de comunicación masivo. Sí, en uno de esos medios más que están plagados de mediocridad, de hipocresía, de mentira y de desinformación. En esos medios en los que se antepone el número de oyentes al contenido veraz y elaborado. Escribo esto en forma de protesta porque trabajo en un medio de comunicación masivo y, aunque pocos se lo crean, mantengo mis valores periodísticos.

En mi día a día forma parte el sentirse infravalorada y vivir rodeada de comentarios como “eso no es lo que le gusta a la gente”, “hay que especular, hablar por hablar” con un tono de peligrosa irresponsabilidad hacia el oyente o lector.

No voy a negar esa realidad, pero pido, siendo consciente de los errores que cometo diariamente, un reconocimiento a la lucha diaria de quienes nos esforzamos excesivamente por dar con un contenido veraz, de quienes mimamos cada palabra en el lenguaje (no por estética, sino porque es un compromiso con el público), quienes no dormimos tranquilos cuando un político nos intenta prostituir usándonos de portavoces, cuando pasamos del respeto al endiosamiento de un empresario, cuando nos auto censuramos por miedo o cuando, en el otro extremo, actuamos como verdugos sin corazón.

El periodismo es intangible, pero eso no lo hace insignificante. Es una herramienta que puede destrozar o puede engrandecer a una persona, una situación, una ciudad, una ley… Alimenta o rompe arquetipos, condiciona al oyente en su opinión. Un poder tan grande que tienta a más de uno a darle un uso personal. Como insiste José Luis Trasobares: “no somos el cuarto poder, sino el contrapoder”.

Por ello, cada día acumulo granitos de arena basados en la esperanza de que existe alguien al que le he hecho pensar, le he hecho debatir, le he hecho profundizar en esa información y que valore esa entrevista o agradezca esa canción que no se escuchan en otras emisoras. En definitiva, rompa con lo que “los demás hacen”.

Reconozco que trabajando en un medio de comunicación masivo no voy a lograr la profundidad periodística que trata un freelance y nunca voy a tener un valor ni un reconocimiento como esta figura (tampoco me interesa). Pero también me esfuerzo, contra la corriente, por establecer un poco de cordura a lo viral, lo superficial, lo que mucho dice y nada aporta, porque “vale más decirlo bien, que decirlo primero”. Ese “pensar antes de hablar” que si no aplicamos en el día a día, difícilmente lo hacemos ante un micrófono.

No es una pelea fácil, rara vez es gratificante, solo hago una protesta en voz alta para que no se eche por tierra tan gratuitamente a esos periodistas que intentamos a diario ir “más allá” de lo que todos comentan, comparten, tuitean y tragan sin masticar.

Lucía Benavente Liso

Periodista y productora Voces RCN