Javier Zardoya: “Concibo el periodismo como un oficio que debe ofrecer rebeldía e independencia al ciudadano en una sociedad democrática”

208

L.CELMA

El periodista Javier Zardoya (Fuentes de Ebro) explica su experiencia en América Latina y en Estados Unidos, las expediciones que compartió con el explorador Gregory Deyermenjian, así como las oportunidades que ha tenido después de marcharse de España. Además analiza la situación del periodismo desde su punto de vista profesional.

¿Cuándo y por qué decidió marcharse de España?

Me marché en abril de 2012, pero lo tenía decidido desde hacía varios años. Simplemente fue una decisión que fui aplazando, seguramente de forma equivocada, debido a que surgió la oportunidad de trabajar en un proyecto periodístico muy interesante en el Bajo Aragón. La decisión fue de acuerdo a un cúmulo de circunstancias personales y profesionales. Por una parte, yo estaba completamente libre en el plano personal y profesional; otro punto importante fue que vivir y formarme en un país anglosajón era una asignatura pendiente desde hacía años que por diversos motivos no había podido realizar. Cuando llegó la oportunidad no me lo pensé. Ahora creo que lo debería haber hecho seis u ocho años antes. Finalmente la guinda la puso la situación y las escasas perspectivas que se abrían para mí en Aragón y España en el plano profesional, que aunque tenía alguna oferta, no me satisfacían.

Javier Zardoya 2
Gregory Deyermenjian, Yuri Leveratto, Javier Zardoya e Ignacio Mamani, en una expedición en 2011 en Perú.

 

¿Qué expectativas tenía? ¿Se están cumpliendo?

Cuando sales de tu propio país te conviertes en un extranjero, y como tal hay que adaptarse a nuevos sistemas en todos los ámbitos de la vida. Las expectativas iniciales eran unas, que poco tenían que ver con la realidad existente. Poco a poco las he ido cambiando y ajustando a lo que es factible y a mis intereses personales y profesionales. Si la pregunta es que si estoy satisfecho con lo conseguido hasta la fecha, la respuesta sería: todavía no. Por eso sigo trabajando duro día a día en busca de cumplir esos objetivos.

 

Pasó de trabajar en una redacción de un medio de comunicación aragonés a unirse a la expedición en busca del Paititi. Para usted, ¿qué significó este cambio de rutina, que también implicó una nueva residencia en América Latina?

El asunto de las expediciones surgió un poco de casualidad o una llamada del destino, llámalo como prefieras. Desde niño me atrajeron los viajes y desde que tuve uso de razón intenté hacer el máximo de ascensiones y escaladas con amigos en los Pirineos, los Alpes o el Atlas, pero nunca me había enfrentado a terrenos inexplorados. Tras mi salida del medio de comunicación donde trabajaba decidí realizar una expedición por mi cuenta a Perú en 2011, donde ya había estado viajando sólo durante más de un mes en 2010 recorriendo todo el sur del país. Fui en busca de unas ruinas de las que me había hablado un agricultor en el norte del Cuzco y que, tras investigar en fuentes históricas, tenían toda la pinta de existir realmente y estar ocultas todavía. En el transcurso de esa expedición conocí al explorador estadounidense Gregory Deyermenjian, que desde hace tres décadas busca la pista de uno de los mayores enigmas arqueológicos de Iberoamérica. Desde el primer momento coincidimos plenamente en el plano personal, y decidimos unir esfuerzos para trabajar juntos. Y en eso estamos desde hace más de tres años. Iberoamérica y sus gentes es un territorio maravilloso al que todo español debería acudir al menos una vez en la vida porque estamos unidos con ellos desde hace más de medio milenio por lazos indestructibles. Iberoamérica es uno de los últimos reductos vírgenes para la aventura, de una belleza descomunal. Vivir una temporada allí te ayuda a entender que supuso y que supone hoy en día ser español.

 

Durante la expedición profundizó en su faceta de geógrafo y escalador, cuéntenos su experiencia y cómo llegó a colaborar con Gregory Deyermenjan.

Mi primera expedición conjunta con Gregory Deyermenjian fue en 2011, como te decía. Tras mis dos expediciones iniciales en una zona de jungla de altura muy difícil y exigente que emprendí por mi cuenta contratando a porteadores y macheteros locales, llegué a la conclusión que en este tipo de asuntos lo más importante es contar con la gente adecuada. Gregory contaba con el mejor equipo humano que se puede tener en Perú después de 30 años trabajando sobre el terreno, y me ofreció unirme a ellos. En esa expedición pudimos localizar las ruinas de una ciudadela inca que permanecía oculta en la selva y que llamamos Miraflores, debido a que se asientan cercanas al monte del mismo nombre, en un lugar bastante inaccesible en las selvas del norte del Cuzco. Fue muy interesante documentar en video, en fotografías y en reportajes ese hallazgo porque descubrir un poblado inca, aunque de escasas dimensiones, no es algo que ocurra todos los días. Son sensaciones muy intensas que jamás se olvidan. El día a día y las exigencias de atravesar terreno inexplorado obligan a sacar las mejores capacidades de cada uno si se quiere tener algo de éxito. Es un reto constante y una aventura increíble, pero que compensa con creces. El descubrimiento de la ciudadela tuvo bastante eco en páginas web de exploración científica a nivel internacional, la CNN y otros medios anglosajones también se hicieron eco, también Cuarto Milenio en España me invitó a su programa a explicarlo. Tengo que decir con bastante pesar que en Aragón, a pesar de que les ofrecí gratis las imágenes en exclusiva, ni siquiera se molestaron en estudiarlas.

 

En una entrevista con el periodista Juan José Sánchez, comentó que su equipo efectuaba el primer paso de fotografiar y acceder a las zonas arqueológicas. Nos puede contar alguna anécdota que viviera al adentrarse a lugares inhabitados.

Nosotros somos el primer eslabón para introducirse en esas zonas remotas y dar paso a estudios científicos posteriores. En nuestro equipo no somos ninguno arqueólogos, aunque tengamos conocimientos en la disciplina. Nosotros somos exploradores y periodistas, y lo que nos mueve es la curiosidad y la ambición de adentrarse en terrenos vírgenes desde el punto de vista de los estudios arqueológicos. Como periodista supone un raro privilegio y una responsabilidad bastante importante. Somos la avanzadilla para futuras excavaciones e investigaciones que puedan ofrecer a posteriori datos más académicos, que en la mayor parte de las ocasiones no se producen debido a la inaccesibilidad del terreno y la falta de medios. De alguna forma estamos haciendo el trabajo exploratorio inconcluso del siglo XIX en pleno siglo XXI, porque el mundo, contrariamente a lo que se piensa, sobre todo en esas zonas alejadas y difíciles, está escasamente cartografiado y no es conocido en profundidad. Anécdotas hay muchas, casi todas relacionadas con la escasez de agua y comida. Aunque pueda parecer al contrario, las selvas de altura es un sitio donde se hace difícil encontrar agua. Alguna vez hemos tenido que beber el agua de las cañas de bambú ante la desesperación que provoca el esfuerzo y la sed. Es una sustancia pastosa, a menudo llena de mosquitos y otros insectos, pero que quita la sed aunque sea por unas horas.

 

¿Qué trabajos salieron a partir de estas expediciones de 2012 y 2013?

En 2012, junto a Gregory Deyermenjian, el explorador peruano Paulino Mamani y el periodista italiano Yuri Leveratto realizamos una expedición más ambiciosa para avanzar en la búsqueda de nuestro objetivo principal en estos momentos, que no es otro que delimitar el rumbo y destino del denominado ‘Camino de piedra’, un ramal del sistema de comunicación andino del Qhapaq Ñan que adentra por la meseta de Pantiacolla. Aunque pudimos documentar algunos enterramientos funerarios y plataformas ceremoniales de cierta importancia, nos tuvimos que volver después de dos semanas de expedición debido a la magnitud del terreno a explorar y a las limitaciones de tiempo. En 2013 no realizamos expedición sobre el terreno y nos centramos en invertir esfuerzos en realizar preparativos para el futuro. Este año acabamos de volver de una nueva expedición a unos valles cercanos al objetivo final que realizamos para el programa de televisión ‘Expedition Unknown’ de la cadena estadounidense Travel Channel. En la mente siempre está volver al ‘Camino de Piedra’, que es un proyecto a medio y largo plazo por las dimensiones y los esfuerzos que requiere.

 

Zardoya pudo observar en su expedición un muro en la ciudadela de Miraflores (Cuzco, Perú) en 2011
Zardoya pudo observar en su expedición un muro en la ciudadela de Miraflores (Cuzco, Perú) en 2011

¿Qué le está aportando haber salido de España y conocer un nuevo continente?

Más de lo que había imaginado en cualquier idea preconcebida que pudiese haber tenido. He conocido a gente increíble con la que descubres una pasión compartida. Aprendes el valor de la verdadera amistad y lo que supone tener gente que te apoye. América en su conjunto, desde el Norte de Alaska a la Tierra de Fuego, es un espejo donde bajo mi punto de vista tendría que mirarse España para mejorar en muchos aspectos. Es un continente, en el que aunque muchos países tienen problemas, rebosa energía por los cuatro costados. Siempre ha sido la vía de escape para españoles de todas condiciones, por la facilidad que tiene éste de adaptarse a nuevos terrenos.

 

Desde su experiencia, ¿qué problemas ha tenido durante los más de dos años que lleva fuera?

Los problemas surgen a diario y ese es parte del reto: solucionarlos. Desde el idioma a integrarte a una cultura en muchos aspectos muy distinta de la española como es la anglosajona. Uno no sabe hasta qué punto es capaz hasta que se pone en frente de las dificultades y las afronta.

 

Como ha trabajado en varios medios locales, incluso ha sido redactor jefe, nos gustaría saber las diferencias que ha observado entre el periodismo local de Estados Unidos y el de España.

Por lo que he podido percibir en este tiempo, el periodismo local en Estados Unidos tiene muchas semejanzas con el periodismo local español que se practica en algunos periódicos. Los medios estadounidenses son fundamentalmente de ámbito local, a excepción de los escasos periódicos nacionales, por lo que están centrados en la información de proximidad, que a fin de cuentas es lo que importa a los ciudadanos. También aquí, como ocurre en España, hay una crisis de enorme magnitud en los medios de comunicación desde hace unos años con la irrupción de Internet y el cambio de hábitos de consumo en la sociedad. Se están viendo iniciativas innovadoras y es posible que los medios estadounidenses den antes con la clave para asegurar su futuro, pero bajo mi punto de vista es un proceso que no está cercano a corto plazo.

 

En la actualidad, ¿a qué se dedica Javier Zardoya y dónde podemos encontrarle?

Sigo formándome, investigando los asuntos que me interesan, escribiendo y preparando algunos proyectos audiovisuales para el futuro. También colaboro con algunos medios digitales como FronteraD. Intento evolucionar hacia otras disciplinas porque, bajo mi punto de vista, el periodismo, tal y como lo conocíamos, está en fase terminal. Lo que será el periodista del futuro en mi concepto tiene muy poco que ver con lo que es actualmente. O se retomarán las artes del pasado o se crearán otras nuevas, pero lo que está claro es que el actual es un modelo que está agotado.

 

¿Cómo está la situación para el periodista freelance en Estados Unidos?

Tan jodida o más que la que puede tener un freelance en España. Ser freelance en cualquier parte del mundo, salvo escasas excepciones, es una aventura de poco rendimiento y que da muchos quebraderos de cabeza.

Javier Zardoya portada
El periodista, en la cima de Machu Picchu.

 

Muchos jóvenes periodistas están pensando en emigrar, ¿qué consejos les daría?

Ni idea. No se me da bien dar consejos a nadie, y menos a jóvenes periodistas. Soy un periodista que para bien o para mal, lo han terminado despidiendo de casi todos los periódicos en los que ha trabajado, generalmente por escribir cosas que no gustaban. Puede que sea el periodista aragonés al que más juicios le han abierto en los últimos cuatro años por intentar hacer su trabajo. Concibo el periodismo como un oficio que debe ofrecer rebeldía e independencia al ciudadano en una sociedad democrática y así lo he intentado hacer durante todos estos años. Pero eso se paga bastante caro en España, que es una sociedad que arrastra valores caciquiles y sectarios desde el siglo XIX. Y eso también se refleja en la mayor parte de los medios de comunicación. Sin ser tachado de derrotista, a los indecisos les diría que elijan otro oficio con el que ganarse la vida antes de que sea demasiado tarde; a los que ya estén infectados por el virus del periodismo y crean que no tienen otro camino, que hagan caso a los consejos de Enrique Meneses, y que los sigan si pueden y reúnen las agallas suficientes.

 

¿Cómo ve su futuro?

Cualquier cosa que intuya a diez años vista no tendría ni asomo de semejanza con la realidad. Soy muy malo para hacer pronósticos, y siempre me equivoco, sobre todo en lo que respecta a mí. Digamos que hago pocos planes, intento aprovechar al máximo lo que ofrece la vida e improviso sobre la marcha.