Dicen que lo tenemos muy complicado

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Dicen que lo tenemos muy complicado, o “jodido” en lenguaje más castizo. Como para no tenerlo, hay más de 10.000 periodistas engrosando las listas del INAEM. Solo escucho que lo tenemos jodido, con las becas eternas, las prácticas que no son prácticas, y un largo etcétera de ofertas vergonzantes. Y qué bonito es el periodismo, claro que sí, muy bonito, una profesión de estas bohemias que surge en tu interior con la expectativa de salvar al mundo de la ignorancia. ¡Qué inocentes éramos en primero de carrera! Era la primera ilusión que los profesores se encargaban de borrar de nuestras mentes de novatos: horas extras no remuneradas, vecinos quejándose porque te equivocaste en una letra o en su edad, políticos exigiendo preguntas amables, oportunidades pérdidas…

Pero, oye, qué bonito es el periodismo. Más de 10.000 profesionales están desempleados, los que trabajan tampoco tienen un camino de rosas, los políticos y otros responsables nos tienen por insoportables e insolentes y la ciudadanía nos tacha de mentirosos o esclavos de la publicidad y de la gobernanza, o directamente nos insultan.

Las grandes cabezas pensantes abogan por un cambio en los pilares de los periódicos tradicionales y una renovación. Sí, estamos en tiempos convulsos que piden renovación, pero ¿alguien dijo que fuera fácil dedicarse al periodismo? Esta es la segunda ilusión que desvanecen los profesores en la universidad. No es fácil alcanzar un puesto importante, ni tan siquiera uno mediocre. Muchos os quedaréis por el camino, solo los buenos lo conseguirán, este trabajo es muy competitivo, tu compañero de pupitre será tu mayor rival … y desde entonces mirabas con recelo a la izquierda y a la derecha. Sí, también algún docente mandó a casa a unos cuantos primerizos de la carrera porque sus padres y sus madres no tenían ni la Primaria. Y es que el periodismo es vocacional e innato, o eso dicen.

Sí, lo tenemos jodido. No sé en qué momento nos hemos dado cuenta de que la situación estaba tan mal para el periodismo. Tal vez fue al mismo tiempo que comenzaba la crisis económica. Quizá fue con el despido de importantes periodistas en las redacciones o el cierre de medios de comunicación. Tampoco era un secreto en la universidad que a los veteranos se les echaba y se les contrataba después como colaboradores. O con los asesinatos que, cada cierto tiempo, ocupan los Timeline periodísticos de las redes sociales. No, no, sin duda fue el día que se alinearon los astros, los Star System de los telediarios, para protagonizar un anuncio de una entidad bancaria. Y podríamos continuar con los másteres de periodismo, cada uno de distinto medio de comunicación. Parece una estrategia infantil: ¡hazte con todos!. O tal vez fue un conjunto de todo y de nada lo que nos llevó a esta situación precaria de la profesión.

Por aquellos primeros años de Periodismo todos queríamos ser corresponsales de guerra: hace falta inglés. Entonces, todos queríamos ser presentadores de televisión: hace falta tener buena imagen. Vale, todos queríamos ser locutores de radio: la correcta locución es innata. Ya…todos queríamos ser…redactores: es necesario coche propio, facturar, bilingüe de turco y ruso, residencia en Pekín y no tener la titulación de Periodismo (requisito imprescindible en algunas ofertas de empleo para cubrir un puesto en gabinetes y empresas de comunicación). En fin, que no hay trabajo o lo hay, pero no para periodistas.

Y, junto a las desilusiones de la situación laboral que vivían los periodistas ya en 2006, a los profesores se les escapaba detalles que hacían del periodismo la profesión más excitante. ¿Quién podría hablar con Tejero por teléfono el mismo 23F? ¿Quién se colaría en una manifestación sin pase de prensa? ¿Quién conocería de cerca al escritor fallecido José Saramago? ¿Quién charlaría en varias ocasiones con el hispanista Ian Gibson y redactaría sus inquietudes? ¿Quién realizaría un reportaje sobre la Esclerosis Lateral Amiotrófica? ¿Quién viajaría con las tropas españolas a Afganistán? ¿Quién recibiría llamadas y off the record a deshora por parte de ministros y de ciudadanos? Los periodistas. Y esos detalles hacían cada vez más apetecible dedicarse al periodismo.

Así que, pese a la situación tan crítica que denuncian las asociaciones de periodistas, la llama optimista todavía continúa ardiendo a media mecha entre los periodistas aragoneses. Vamos a echarle leña y a defender y proteger el periodismo. Queremos seguir apostando por nuestra profesión, la más bonita del mundo, si nos dejan, claro está.

Leticia Celma

Periodista