La objetividad informativa y el sabor de las palabras

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“Los españoles son tolerantes con el aborto, el matrimonio homosexual y la eutanasia”. Este titular apareció en numerosos periódicos el pasado mes de junio de 2013, ya que se trata de una noticia de la agencia Colpisa, reproducida en casi todos casos literalmente, como aquí. Mucho más que los datos (no tan evidentes), me llamó la atención porque ilustra muy bien la relación de los periodistas con las palabras. ¿Sería lo mismo decir “los españoles toleran el aborto”, “admiten el aborto” o “apoyan”?

Usar cualquier palabra es transmitir los valores, sugerencias e historia que van implícitos en ella. Evidentemente, cada palabra tiene su sabor propio y elegir la más adecuada en cada caso es siempre una decisión importante; más si buscamos transmitir una idea que permanezca y llegar a una audiencia masiva; con un matiz muy especial en casos como la noticia, que -es sabido por todos- tiene como meta comunicar datos y hechos objetivos.

“La información, en sentido estricto, no incluye opiniones personales del periodista ni, mucho menos, juicios de valor” asevera Álex Grijelmo en su recomendable estudio “El estilo del periodista”. Sí, es una norma que podemos ver conculcada cada día, violaciones premeditadas de lo que debería ser una noticia, aunque más importante es tener en cuenta que la red del lenguaje es extensa y sutil y vamos a enredarnos en ella por mucho cuidado que tengamos. Grijelmo se ocupa por extenso en el libro citado de las técnicas para lograr la objetividad de las noticias, con normas linguísticas como “elegir palabras con significados muy concretos” o “buscar adjetivos sobrios y sencillos”, pero la valoración, el prejuicio, la crítica nos acechan desde las palabras… aunque ni lo pretendamos, ni sea evidente a primera vista.

La encuesta en que se basa la noticia citada dice que a la pregunta de si es aceptable el aborto, en una escala de 0 a 10, la media entre los españoles es de cinco; una conclusión que no parece que permita elegir titular sin dudas entre la clara gradación que hay entre ser tolerante – aceptar – apoyar. Más aún, en la entradilla se esconden dos juicios de valor mucho más problemáticos.

“Los ciudadanos son partidarios del aborto, la eutanasia, el matrimonio gay e incluso la adopción de niños por parejas homosexuales (¿Cómo se justifica ese incluso que transmite que la adopción por homosexuales es peor que todo lo anterior?) … Los participantes en la investigación se muestran condescendientes (¿los participantes se acomodan por bondad al gusto de alguien, que es lo que significa condescender?).

Hay que aceptar que la información sin juicios de valor es un imposible porque somos sujetos y porque las palabras son creación humana, así que la objetividad como valor informativo tiene que pasar por planteamientos modestos: ser honesto para reconocer las ideas propias, conocer bien el lenguaje y, desde luego, aceptar que puede ser imposible pero no renunciar a ese ideal.

Joaquín Marco

Periodista