Antón Castro: “El periodismo no ha de perder nunca el rigor, la profesionalidad, la curiosidad y el buen texto”

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Leticia Celma

Antón Castro (La Coruña, 1959) es periodista, escritor, presentador y lector empedernido. La labor que realiza cada día desde los periódicos en los que trabaja, desde su blog y desde la televisión aragonesa se ha visto reconocida con el otorgamiento del Premio Nacional de Periodismo Cultural 2013. 

¿Cómo un coruñés recayó en Zaragoza?

Estudié formación profesional de segundo grado de Electrónica. En junio de 1978, cuando terminé, hice un viaje de estudios por Zaragoza y estuve en la universidad laboral. Había una cosa que me obsesionaba mucho, yo no quería hacer servicio militar, era objetor de conciencia. En aquel encuentro me hablaron que había una comunidad de objetores de conciencia. Además había establecido una especie de historia de amor por carta con alguien. Juntando eso, de repente me vine aquí, en septiembre de 1978. 

Me estaba esperando una beca para ir a estudiar Letras a Santiago de Compostela, pero vine aquí. Aquí empezó mi vida. Al principio no tenía ni idea de lo que iba a hacer, de hecho empecé a ser periodista relativamente tarde, a partir del 1 de julio de 1987, en el Día de Aragón. Se interfieren una idealización de una moral que apenas conozco, un amor por carta, y la necesidad de encontrar una comunidad de objetores. Fui como un okupa, fueron cariñosos y amables, pero no me conocían. Me llamaban entonces Antonio, el gallego, nada más.

 

¿Cuántos libros ha podido llegar a leer?

Cuando vine aquí, regalé mis mejores libros, intenté como desposeerme de todo. Entonces como tenía la sensación de que era una nueva vida, les regalaba los mejores Lorca a mis amigos. No he calculado jamás cuántos libros he podido llegar a leer, es muy difícil. Hay algunos que los he leído muchas veces. Cuando trabajaba en el bingo, leía los autores enteros. Por ejemplo, salía Kafka y yo me hacía con todos los libros en español de Kafka. Lo mismo con Mercé Rodoreda; Borges, que fue el escritor de mi vida junto a Cortázar durante un tiempo. A Borges lo leía veces y veces sin parar, es más, se lo contaba a mis hijos. Explicar Borges a los niños es muy difícil, pero yo lo hacía. 

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Antón Castro, tras la entrevista en Zaragoza. LCR

¿Qué tipo de lectura prefiere?

Cada vez me gustan más los libros no muy largos. Las novelas históricas, salvo que sean muy buenas, me aburren. Lo hago por profesionalidad, pero me parecen libros como hinchados, exagerados, poco humildes, en general, porque pensar que la gente tiene tanto tiempo para leer esas cosas. Luego cada uno escribe lo que necesita, no tengo nada en contra de la novela histórica. Así como la novela negra me atrae, la novela histórica salvo Marguerite Yourcenar y algunos libros, me parecen cortados por el mismo patrón. Pero libros cortos leo todos los que puedo, esta mañana he leído dos. Pero me da pena porque a veces tengo la sensación de que vas tan deprisa que lees mucho menos de lo que quisieras leer.

 

Escribe sobre cultura en Heraldo de Aragón y El Periódico de Aragón, también tiene una sección en un programa de Aragón Tv, se podría decir que usted es el abanderado de la cultura.

No soy el abanderado. Soy una persona que trabaja mucho y está enfocado ahí, pero no soy el abanderado. Soy un entusiasta, me interesa todo, intento llegar a todos. En todo caso seré uno de los abanderados pero en la ciudad hay muchos. A lo mejor no todos están en tantos sitios como yo, porque soy hiperactivo y también me llama mucho la gente. También me parece que hay que ser generoso con la gente. Si crees en eso pues a veces tienes que defender los libros y las canciones de los demás. No me siento nada especial, sinceramente.

 

Este año fue nombrado Premio Nacional de Periodismo Cultural. Ya han pasado unos meses, ¿cómo ha llevado convertirse en el entrevistado?

Muy bien. Tienes unos tres o cuatro días iniciales de vértigo relativo y luego con mucha naturalidad. Vas a los sitios y todo el mundo te presenta como el Premio Nacional de Periodismo Cultural de 2013. La gente sí que se ha hecho eco, lo valora mucho en general, yo también, pero lo llevo con mucha naturalidad porque sabes que tienes que estar ahí, de vez en cuando te golpea la suerte, el azar.

De este premio lo que me parece muy bonito es que aún no sé ni quién me ha propuesto ni quién me ha votado. Hay un jurado de 13 o 14 personas, pero no sé quién me ha propuesto. Yo he estado un año en ese jurado y tú tenías que proponer a la gente y defenderla. Como es un poco secreto me parece mal llamar a alguien del jurado y decirle cuéntame cómo ha sido. Lo importante ha sido el premio. Sé quién ha sido el finalista, que no se puede decir, que ha sido muy amigo mío.

 

¿Qué ha supuesto?

Me parece que es un premio que nos hace visibles. Es el primero que se da fuera de Madrid y Barcelona y creo que es bonito porque hace visible lo que se llamaría periodismo periférico. Hasta ahora habían recibido los premios gente de Madrid y Barcelona y, de repente, pues Zaragoza también existe, tiene una propuesta cultural que no solo me abarca a mí que abarca al periodismo de Aragón, a ‘Heraldo de Aragón’, a ‘El Periódico de Aragón’ y a ‘El Diario del Alto Aragón’ que hace un suplemento maravilloso. El premio también ha sido por mi trabajo en televisión y nos abarca a todos. En ese sentido, me siento que formo parte de un colectivo que ha sido premiado. El periodismo cultural es un periodismo muy específico. No me ha cambiado la vida, ni la vida laboral, ni he tenido ofertas de trabajo. Estoy en una situación inestable en Heraldo y tampoco me ha dado seguridad. Pero soy feliz igual. Las cosas están complicadas para todo el mundo.

 

¿Ha sacado alguna reflexión de este galardón?

Todavía no lo he pensado. Ahora lo que tengo es más responsabilidad. Lo que quiero hacer es trabajar menos deprisa, con más sosiego, no hacer tantas cosas y hacerlas mejor. Yo soy como soy, si por hacer las cosas como las he hecho me han dado el premio, lo que no quiero es cambiarlo todo, es decir, sentirme un señor soberbio. No, yo sigo igual. Me apasiona la vida, la cultura, lo que hace la gente y ahí estoy. Reconozco que vivo demasiado deprisa, que me interesan demasiadas cosas y me crea esa dispersión. Uno de los primeros artículos que publiqué después de ser premio nacional, casi no me dio tiempo a corregirlo.

 

En la resolución se ha valorado sus entradas en el blog.

El blog cumple ahora diez años. Yo calculé unas 8.000 entradas, si buscas cualquier cosa entre las diez primeras casi siempre aparece mi blog, y si es un tema de Aragón, por supuesto. Yo estaría todo el día, dejaría de trabajar para alimentar mi blog y Facebook, pero con eso no puedo vivir.

También el medio es el mensaje. Depende de donde trabajes es muy importante. Trabajas en El Periódico de Aragón y te da mucha visibilidad, trabajas en Heraldo y te da mucha visibilidad, trabajas en Borradores (Aragón TV) y te da mucha visibilidad. Pero yo he llegado a tener más de 100.000 personas al mes en mi blog, 3.000 visitas diarias, un día llegué a tener 7.500.

 

Para plantearse poner publicidad

Me lo ofrecieron varias veces pero siempre dije que no porque yo pongo fotos, no cobro a nadie. Me parecía feo poner publicidad, y luego me gusta esa libertad. Me lo han ofrecido dos o tres veces. Ahora es más un lugar reflexivo, más largo, donde vas viendo y seleccionando lo que te interesa. 

 

¿Qué distingue al periodismo cultural de otras secciones?

El periodismo trabaja con un material muy delicado porque trabaja con la vida. Creo que todo el periodismo es muy específico. El periodismo cultural exige una formación, una gran curiosidad, conocer una serie de claves del arte, del teatro, etcétera. Necesita un conocimiento específico, pero no creo que sea distinto, salvo esos términos de especificidad. Son experiencias muy etéreas, por eso te exigen poder hablar sobre ello. Quizá que seas un poco artista. Primero, que entiendas, que comprendas bien. Y luego, que seas un buen mediador con el lector, es decir, que le cuentes perfectamente lo que has percibido y hablado con el artista o creador.

Es muy específico porque abarca campos muy extensos, pero no siento distinciones. Un periodista cultural tiene que estar muy bien informado, tiene que saber los referentes del teatro local y nacional. Ir a entrevistar a alguien y no saber de qué vais a hablar ni nada a mí eso sí me parece una falta de responsabilidad. El periodismo hay una cosa que no ha de perder nunca, el rigor, la profesionalidad, la curiosidad y el buen texto, hecho con economía, hondura, amenidad.

 

¿Es más descriptivo?

A veces sí. Pero el periodista no puede mentir, puede explicar las cosas con subjetividad, utilizar los géneros con libertad, pero siempre se debe a la realidad. Si cuenta sus impresiones tiene que quedar claro que es su voz la que habla desde el punto de vista impresionista o subjetivo. Pero en general un periodista tiene que informar bien, preguntar y entender bien lo que está viendo.

Luego, el artista es un señor que está casi siempre en la cuerda floja, no está pagado por el Estado, en general es alguien que está buscando un interlocutor casi siempre en el lector, en el espectador, es alguien que de alguna manera se arroja al vacío con muy poca red y eso hay que tenerlo en cuenta. Es alguien especialmente sensible, especialmente hipersensible. Al artista le suele doler más un amago, una crítica o un detalle negativos que 77 positivos. El artista suele ser hipersensible con inclinaciones autodestructivas y un poco victimistas. El artista se suele sentir tan inseguro siempre, que siente la necesidad de convencerte en las cosas que le cuestionas. Thomas Mann, Premio Nobel de Literatura, al final de su vida decía “aún me duele una primera mala crítica a mi primer libro”. Después de haber ganado todo. Pues tienes que saber trabajar con ese tipo de gente que se siente especialmente frágil.

 

Entonces, ¿se crea enemigos?

Sí, a veces pasa. También lo entiendo. Recuerdo una vez que me ponían mal en todo el artículo, desde la línea uno a la 120, a mí no me importa creo que forma parte. La sensación que tienes es este señor no tiene nada contra mí, sencillamente que el libro no le ha gustado, le parece mal y de solemnidad lo ha escrito. Tú lees eso y no quieres salir a la calle porque te parece que todo el mundo ha leído esa crítica y te está cuestionando, te parece que eres el hazmerreír de todo el mundo. Las malas críticas son difíciles por esa fragilidad del escritor. No he tenido enemistades fuertes, algunas sí, sobre todo en mi época de crítico de teatro. Alguna vez se te va la mano, y te duele porque la gente pone mucha pasión, aunque a veces sea una pasión que no funciona. La pasión está bien, pero por lo que sea no está bien, y es muy difícil que la gente lo asuma y después vuelva a subir al escenario. Tienes que tener mucha entereza y darle a las cosas la importancia justa. Yo he aprendido mucho de las malas críticas. Incluso me he dado cuenta a veces de que posiblemente tenga razón, no estoy del todo de acuerdo, pero me doy cuenta de que hay una serie de peligros o caminos que podría haber mejorado. Sobre todo cuando son críticas de gente que no te conoce y hace una lectura muy virgen de lo que eres.

 

¿Cómo se promociona la cultura para que entre en los hogares donde la mayoría visualiza programas de “realities shows”?

Me parece horrible, lo primero porque es reaccionario, hemos desenterrado una sociología del Franquismo que penaba el adulterio, la aventura… Y luego hemos vuelto a recuperar el grito, la falta de respeto, la imposibilidad de convivencia. No respeta la ley, los derechos humanos están ahí vapuleados todo el rato. Estos programas se alimentan de la bronca, de la disidencia, sino no funcionan. A pesar de todo eso, la información cultural sigue siendo una aventura apasionante. Hay gente que lo hace muy bien. Todo el mundo va al cine, al teatro, compra libros, pero se ha producido una especie de ruptura, la cultura de repente ha perdido peso. Hubo una época que todo el mundo sabía sus poemas, sabía quién era Lorca, había como un respeto. La cultura formaba parte de nuestras mejores emociones, y ahora parece que no.

Con la Democracia, la cultura se ha democratizado, su importancia ha sido espectacular, se han hecho muchas cosas. Yo creo que la cultura sigue estando muy viva porque sirve para cualquier cosa, para estar contigo hablando, para ir a ver una película, para estar con tu compañero, para dar un paseo. La cultura ocupa el 50% de tu tiempo. Siempre estará ahí. Mientras se sueñe, se pasee, se vaya a ver una exposición, veas la tele, hay muchas cosas en la tele que no son los programas bronca.

Luego me parece triste que la tele se haya convertido en eso. Uno de los elementos que mejor informa, que de repente haya llegado al formato de casi la pelea callejera, me parece que es como un fracaso de la sociedad y de la democracia.

A mí me gusta reírme. Me impresiona mucho el programa de David Marqueta y Juanjo Hernández todos los días o el de Javier Vázquez porque ves un equipo profesional que trabaja con una pasión, con un amor por la gente, con unas ganas de contar la vida. Me parece gente que está trabajando por la vida maravillosamente bien.

 

No queda ahí, entre la lista de los más vendidos está la novela del personaje de Belén Esteban. ¿Qué le parece esta preferencia en la lectura española?

Creo que forma parte de un empobrecimiento mental de la gente. Es muy libre de elegir lo que quiera, no me siento mal porque ella esté la primera. Pero me parece que no tiene ningún sentido, porque ese libro seguramente ni lo ha escrito ella, todo el mundo lo sabe. Entonces me parece como muy absurdo que alguien compre un libro de alguien que sabe que no lo ha escrito. Esto solo lo entiendo en clave como trastorno mental pasajero de España o de gente que tiene unas masoquistas ganas de reír. Luego me inquieta mucho cuáles son los rasgos de admiración, qué admira la gente de ella. Ahí me declaro perplejo total, soy un torpe sociológico que no entiendo de nada. También me parece absurdo que las editoriales publiquen un libro cuya firma no aparece ahí. Las editoriales tienen que sobrevivir, pero acaban con la propia industria porque le quitan credibilidad.

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Portada del programa Borradores, emitido en Aragón TV./Factoria Plural

¿Qué ha quedado del paso de Borradores en Aragón TV?

Lo más bonito que me han dicho es “no sabes cómo te echamos en falta”. Me lo han dicho cámaras, técnicos de sonido, redactores…También me pasa por la calle. Y por dónde voy mucha gente me presenta como la persona que ha hecho 280 programas de Borradores. Además sigo teniendo ese chip, cada vez que oigo una música siento una gran pena porque pienso cómo sonaría en Borradores. Me ha dejado una huella enorme, fue una época preciosa, con un equipo maravilloso de tres chicas, que decían que cada día era como un máster para ellas. Me da pena porque era un programa para durar muchos años. Tuviese mayor o menor audiencia es uno de esos programas que había calado en la gente. Lo más bonito es que mucha gente dice “yo no les puedo ver porque salen tardísimo pero me enorgullece ser de una Comunidad que tiene en su parrilla programas como éste”. Ha sido una experiencia muy bonita, hemos aprendido mucho. Hemos dejado un material para Aragón TV espectacular. Además nosotros nos leíamos los libros, veíamos las exposiciones, hacíamos el trabajo. Yo me leía todos los libros de la gente que pasaba por el programa, es que si no me sentía fatal. Era nuestro respeto, que de lo que íbamos a hablar lo conocíamos. 

 

Necesitaría adaptarse a la televisión.

Intentaba hacer mi trabajo lo mejor posible, ya sé que hablaba deprisa, se me entendía bien. Había gente que al principio no le gustaba mi manera de comunicar, pero que, al final, les encantaba. Necesitas también tus días para llegar a la gente.

Nunca pensé en trabajar en televisión, mi carrera está hecha en la prensa y he sido muy feliz y sigo trabajando todos los días. La radio me encanta, me gusta hablar y oír, pero la tele es algo especial, es inmediato, puedes jugar con las imágenes. Yo les decía a los cámaras que hicieran lo que quisieran, pero pensando que estaba bien. Ha sido una experiencia muy bonita, y me da tristeza que se haya acabado.

 

¿Cómo se consigue una especialización en el periodismo cultural?

Se aprende con mucho tiempo, muchas ganas, leyendo mucho, viendo muchas cosas y sabiendo que es una tarea ilimitada. Nunca me ha parecido que supiera menos de nada que ahora. Cuando te parece que eres muy bueno, lees a un chico joven y dices “qué idiota era yo, que me parecía que era muy bueno y éste viene por aquí arreando maravillosamente bien”. Este es un trabajo que tienes que estar siempre perfeccionando, sin volverte loco y ansioso, pero sabiendo que realmente sabes poco. Yo aprendo todo el rato de toda la gente. Las claves son la curiosidad, el cariño y las ganas de estar ahí.

 

Las carreras de Letras siempre han estado denostadas e incluso calificadas como “fáciles”, ¿cómo podría demostrar la importancia que tienen en la sociedad?

Ahí soy un fracasado. Mis hijos mayores han estudiado Letras, pero tengo uno al que le intento contagiar eso y no lo tiene claro. En este oficio, uno empieza a ser un poco bueno cuando empieza a entender las cosas, cuando empieza a leer bien, cuando empieza a mezclar los pensamientos, las teorías, los países. Hay un elemento fundamental, en cualquiera de los medios, los periodistas tenemos que tener un gran respeto a la lengua, es un instrumento poderosísimo. La mejor forma de amarla es de conocer su historia, de que sea un instrumento valioso, de estar un poco enamorada de ella como estás enamorada de tu amor, darle lo mejor. Y darle lo mejor es escribirla lo mejor posible, tratarla bien, mimarla, verla que es larga, ancha, que es prolija, extensa y maravillosa. Saber que, de vez en cuando, en un artículo puedes utilizar dos verbos que no has utilizado nunca, pero que está bien en un contexto que todo se entiende, que el lector diga no entiendo este verbo, ramonear, triscar, por ejemplo, qué quiere decir. Esto lo debe hacer de vez en cuando el periodismo. El periodista sin afectación, con sosiego, debe también ensanchar, viajar por el diccionario, sin hacer su texto inextricable y confuso. Somos defensores de la lengua, como los escritores, porque en el fondo un periodista es un escritor.

 

Desde los ámbitos en los que trabaja, ¿en qué estado ve a la profesión?

El periodismo está en un momento crítico, se ha concentrado el poder en grupos de presión que tienen que ver con la política, que son grupos de comunicación que viven demasiado de la publicidad. Otro problema es qué está pasando con las nuevas tecnologías, es decir, estamos en una encrucijada. También estamos en el gran drama, al margen de que no hay trabajo, de que una profesión tan necesaria está en una situación crítica. Está crítica desde el punto de vista de que no hay trabajo para la gente, cuesta mucho rentabilizar las empresas periodísticas. Ahora mismo el medio en general está muy empobrecido y sobre todo está de una precariedad escandalosa. Estamos en una situación que me da pánico. Nunca parecía que hubiéramos estado tan mal en el periodismo, con esa situación de trabajar sin red, de parecer que hay muy poco futuro por la encrucijada tecnológica, por la encrucijada empresarial y porque hay una perdida de lectores brutal.

 

Se dice que hemos perdido la credibilidad.

Los periódicos hemos vivido mucho de la publicidad institucional y eso al final también crea una situación muy complicada. Los periódicos tienen que caminar siempre frente al poder y nunca a su lado. Uno de los grandes problemas es que todo ha estado subvencionado por el Estado. Ha llegado un momento en el que hemos aprendido a vivir de una forma que es bastante irreal. Hemos visto que hasta los bancos, que nos cobran a los trabajadores, de repente el dinero público también es para sanearlos. ¿Quién sanea a la gente que no tiene trabajo? Es una situación complicada.

Es todo muy triste, muchos periódicos ya han reducido sus trabajadores al 10%. También hay que reconocer que vivimos en una situación económica muy insostenible y muy crítica.

Soy optimista, creo que la sociedad tiene mecanismos que le permiten regenerarse, volver a pugnar por el bienestar, por la justicia social, por el empleo, por la felicidad, y yo creo que ahí estamos.

 

¿Qué libros clásicos son lectura imprescindible para un periodista?

Hay muchísimos. Recomendaría periodistas que a mí me han llegado como Manuel Vicent, Paco Umbral, Manuel Chaves Nogales, hablando de clásicos de otro tiempo, algunos siguen escribiendo. González Ruano, Rosa Montero es una mujer a la que sigo con mucho cariño, el Martín Prieto de las crónicas que publicaba hace unos años, y ahora hay cronistas maravillosos, lees los reportajes de Leila Guerriero y te quedas maravillado. Y entre nosotros hay cronistas maravillosos, yo soy fan de Mariano Gistaín, Roberto Miranda, cuando estaba; me gustan los trabajos de cultura de Mariano García, la defensa apasionada de la música de Pablo Ferrer, de Javier Losilla. Hay mucha gente que está haciendo un periodismo estupendo. Sin hablar de los clásicos, Tom Wolfe, Gay Talese.

Hay que leer todo el rato, es muy importante conocer las palabras de tu tiempo. El periodista es alguien que tiene que estar alerta todo el rato, que mira y que tiene un sentido crítico y que sabe contar e interpretar lo que pasa.

 

¿Qué opina de la financiación de proyectos a través de crowdfunding?

Me parece bien, se trata de vender un proyecto antes de hacerlo, por decirlo así. Eso está bien cuando no se utiliza para todo, la sensación es que se utiliza para todo, es como otra forma de consumo. Tienes tantas incitaciones a colaborar que solo te dedicarías a hacer crowdfunding en vez de comprar cosas. Me parece estupendo, una opción imaginativa que conlleva una estrategia de seducción, y sobre todo que es muy libre, si hay gente que te apoya tú allá vas. El peligro que tiene es que se está convirtiendo en un recurso fácil, constante, y que está a todas horas y está perdiendo ese carácter de excepcionalidad.

 

¿En qué estado se encuentra la novela aragonesa?

Tiene una salud de hierro. Está publicando constantemente, está teniendo lectores fuera. El año pasado entre los libros del año estaba el de Pisón (Ignacio Martínez), este año está La Mala Luz de Carlos Castán. Estamos viviendo un momento muy interesante con muchos autores: Javier Sebastián, Corral, Ismael Grasa, Fernando SanMartín, Óscar Sipán, Carmen Santos, Juan Bolea, Magdalena Lasala, Pisón, Miguel Mena, Miguel Serrano que ha publicado ahora Autopsia, Sergio del Molino que ha sido premio de ‘El Ojo Crítico’. La presencia de aragoneses es fundamental, se hace ver, y soy muy optimista. Ha sido muy buen año. Hay novela psicológica, histórica, policíaca, culebrones, folletones, tenemos dos de los mejores escritores de literatura infantil Daniel Nesquens y Fernando Lalana. También está ahí Ana Alcolea, que está con una fuerza increíble. Tenemos una cuadrilla de ilustradores espectaculares Isidro Ferrer, Antonio Santos, Elisa Arguilé, David Guirao. A pesar de la crisis, de como está la cultura, Aragón está en un momento estupendo, hay una imaginación, unas ganas de hacer cosas, un intento de combatir la penuria.

El dibujante de relatos

Nuevo libro del periodista./Pregunta Editorial

Hace unos días presentó su último libro ‘El dibujante de relatos’, ¿qué se va a encontrar el lector?

Es un libro que he hecho con un artista que se llama Juan Tudela, que ganó dos veces el premio de carteles. Es un libro que nace primero de sus dibujos, de sus caras a las que fuimos poniendo cuentos, textos. Es un libro de cuentos, de cartas, muy abierto, lleno de historias. Se habla de todo, del mundo del cine, del circo, de la vida cotidiana, de personajes de Torrero, vinculados a la base americana, de carteristas, de gente que de repente descubre Aragón y se queda fascinado, de poetas. Es un libro que tiene que ver con mis temas y sobre todo con el corazón de la gente, que es lo que más me gusta.