Plácido Díez: “La carta de despido dice, ‘por no ser proactivo en la captación de clientes’.Yo soy director de contenidos, no comercial”

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Leticia Celma

La destrucción de empleo ha salpicado una vez más a un veterano de la profesión y de la historia periodística de Aragón, en este caso la asociación ha hablado con Plácido Díez, voz de referencia en el análisis de la actualidad y ex jefe de contenidos en Radio Zaragoza. Fue “invitado” a abandonar su puesto en octubre. En su situación de desempleo reflexiona sobre retomar la esencia del periodismo, la necesidad de desvincularse de los grandes medios de comunicación y de la tendencia a dejar la calidad en segundo plano.

DESPIDO EN RADIO ZARAGOZA

En octubre saltaba la noticia de su despido, ¿qué ha ocurrido?

La calificación es de despido improcedente. Es difícil de definir porque te abren las puertas para que te marches y te dicen: “O coges esta baja incentivada que hemos preparado para gente como tú o habrá un ERE de 20 días”. Evidentemente es un acuerdo, pero un acuerdo impuesto. Tienes que elegir entre lo malo y lo peor. Son 38 días por año trabajado con el tope de dos anualidades. La otra opción era 20 días. Escogí la mejor opción en ese momento. Es una propuesta que están haciendo a gente de mi perfil, de más de 50 años, que llevamos ya muchos años en la empresa, que conllevamos un coste económico que consideran alto. Pero también creo que hay una devaluación de la redacción porque cuando nos vamos gente con experiencia, nos vamos la gente con más capacidad de tener una visión histórica.

 

¿Por qué se está llegando a esta situación en las redacciones?

Se ha juntado la situación económica del grupo, que está muy endeudado. Hace poco fue la Junta General Extraordinaria de Accionistas y se reconoció que todavía hay una deuda en el grupo PRISA de 3.200 millones de euros. Está atado de pies y manos con los bancos y tiene que devolver ese dinero y, en consecuencia, tiene que ajustar. Entonces yo creo que encajo ahí también. Y quizá también alguien pensó que había que abrir una etapa nueva. Contra eso no tengo nada que decir, yo creo en la renovación. En un momento dado lo pensaba, que podía ser un tapón para gente que venía detrás como Pepe Lasmarías, Eva Pérez Sorribes y tantos otros buenos profesionales.

 

Hace un año ya habló de posibles reestructuraciones en la plantilla de Radio Zaragoza.

Sí, lo veía venir. Veía lo que pasaba en El País y me imaginaba que me tocaría a mí también, más tarde o más temprano. Creo que hay una penalización de la capacidad crítica. En la carta de despido improcedente dice, “por no ser proactivo en la captación de clientes”. Yo soy el director de contenidos, no soy el director comercial. En este momento el objetivo fundamental de los grandes grupos de comunicación, por lo menos en el que yo trabajaba, es captar ingresos comerciales. Los contenidos han pasado a un segundo plano. En una situación como la mía o la de tanta gente de El País, en otras circunstancias alguien hubiera dicho a la empresa: “Un momento, esta persona nos aporta este valor añadido”. Pero ahora mandan los departamentos comerciales y financieros y cuando digo mandan, mandan, porque hay que pagar una deuda. La información va en camino de ser más un producto y menos en ser un bien para los ciudadanos.

 

En una entrevista con Antón Castro, decía que en la SER se estaba tendiendo a la centralización, ¿cree que se puede llegar a cerrar las cadenas locales?

Quiero pensar que no, pero en la música ya ocurrió. Esa reflexión que hice entonces, y que probablemente jugó en mi contra, la mantengo. Creo que la esencia de la SER es la radio local. También entiendo que para alguien que está gestionando una cadena como la SER es muy tentador recortar lo local porque es lo más fácil. No se dan cuenta del componente dinamizador de la democracia que tiene un valor intangible importante. Sé que la SER tiene muy claro cuál es su esencia, pero sé también que los que gestionan las cuentas de los grandes grupos son personas que están mirando hacia los bancos.

 

¿Qué valor tiene el ámbito local en la SER?

Lo local es muy importante y hacer una radio con medios requiere plantilla. Podríamos hacer todos lo mismo, con cinco o seis personas en redacción cubrimos los informativos. Pero al final haremos una información de carril que no se diferenciará, salvo excepciones.

Radio Zaragoza es una singularidad, tuvo una autonomía propia, era propiedad de una familia de aquí, tiene un patrimonio enorme, ha estado presente en la defensa de la autonomía y en la lucha contra el trasvase. Si al final lo reduces a una plantilla pequeña, estás perdiendo la esencia que es tener lo medios para estar en los sitios, para acompañar a la gente, para no fallar a los aragoneses, para moverse por todo el territorio y hacer programas especiales.

 

¿Por se está dando carpetazo a la veteranía?

He reflexionado mucho sobre esto. A mí cuando me sienta el director me dice la mala situación económica. Pero luego pensé que me han cortado la posibilidad de seguir comunicándome con mis oyentes. Con lo cual también deduzco que hay una intención de bajar la capacidad crítica. Es necesario el complemento, el equilibrio y la compenetración entre veteranía y juventud para que nos intercambiemos los conocimientos y para que cuando muera un alcalde como el de Alfamen haya alguien con memoria histórica.

Creo que cuando se renegocian las deudas también hay un intento de decir: “Oye, no seáis incómodos con los poderes”. Esto es una interpretación mía, pero creo que es así. Se busca una comodidad con los poderes porque te están echando una mano en el tema de la deuda.

 

El 30 de octubre escribió en su cuenta de Twitter que la experiencia y el criterio incomodan.

Sí, lo creo. También creo que hay gente que tiene un concepto muy claro de la democracia y que defiende este modelo y a los periodistas. Yo he recibido gran cantidad de llamadas de afecto no solamente de representantes públicos sino de gente anónima que me seguía. Este es el mayor patrimonio que tenemos los periodistas, el reconocimiento y el cariño de la gente. Las empresas, cuando nos despiden a los veteranos, están perdiendo valor. Creo que esto no es casual, es un intento de consolidar una sociedad más conformista, pero va a ser en vano porque los ciudadanos buscan otros medios donde informarse.

 

Por ejemplo…

El otro día reflexionaba de la revista Alternativas Económicas que dirige Andreu Missé. Es la típica oferta periodística que debería haber hecho El País en un momento de crisis económica tan grave. Plantéate un recurso como Alternativas Económicas, que no otro tipo de ofertas que son papel satinado y glamour, pero que se nota que son puramente comerciales y que a lo mejor no encajan bien con la mayoría de los lectores que son de centro izquierda.

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Plácido Díez señala ‘El Día’, donde comenzó como becario./LCR

SITUACIÓN DE LA PROFESIÓN

¿Hacia dónde va el periodismo?

Soy optimista. Creo que los periodistas estamos buscando caminos para acercarnos a los ciudadanos sin intermediarios y, sobre todo, sin la hipoteca de los bancos. Yo percibo un cierto espíritu con similitudes a lo que significó la Transición, finales de los 70 y principios de los 80, cuando surgieron muchos medios de comunicación de pequeños accionistas y suscriptores que pretendían reafirmar su independencia para hacer un periodismo crítico y una opinión pública democráticamente saludable. El pacto con las grandes empresas periodísticas se ha roto y ahora tenemos que buscarnos la vida.

 

En su opinión, ¿dónde se están desarrollando estos nuevos caminos?

Está surgiendo sobre todo en la red. Yo lo estoy descubriendo ahora en Infolibre, Diario.es, Mongolia, Marea y Alternativas Económicas, por ejemplo. Todo esto es muy esperanzador porque es una vuelta a la esencia del periodismo. Estamos acertando con el camino; otra cosa es quién se quedará, porque todos no podrán sobrevivir. Los medios nacionales tienen que citar más a estos medios digitales porque son los que están dando primicias como la de los correos del expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa. La gente percibe que el periodismo crítico se está yendo a la red o a fórmulas de papel como Alternativas Económicas.

 

¿Es posible hacer un periodismo totalmente desligado de esas potencias?

Hay que diferenciar la publicidad, de los bancos. Ahora mismo los bancos son los dueños de los grandes grupos de comunicación de este país. La publicidad es otra cosa, es que tú tienes una audiencia que te cree y acude la publicidad. No me cerraría a la publicidad. Me refiero a que tenemos que recuperar la esencia y la independencia o al menos la tendencia a la independencia para hacer un periodismo creíble y al servicio de los ciudadanos Hay clientes publicitarios que aceptan este juego democrático. Y si surge conflicto con ese anunciante porque ha hecho algo que no está bien, hay que ser consecuentes, hay que contarlo, para eso están los medios. Yo digo que esto va a ser el camino, otra cosa es que no va a ser fácil.

Ojala también sirva de acicate para que los medios convencionales se den cuenta que lo que es pan para hoy puede ser hambre para mañana. Ahora puedes recuperar ingresos y reducir la plantilla, incluso conseguir una rentabilidad, pero estás devaluando lo que los ciudadanos quieren, una información que ejerza su misión de control a los poderes económicos y políticos. Si no hacemos esa función, la democracia se resiente. Lo estamos diciendo continuamente, sin periodistas no hay democracia.

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 El periodista fue pregonero de las fiestas/Chus Marchador, El Periódico de Aragón

¿Qué harán los jóvenes sin veteranos en las redacciones?

Afortunadamente ya hay veteranos de los 40 que siguen nuestra estela. Pero cuando nos marchamos gente como Concha Monserrat o como yo, se manda un mensaje de incertidumbre e inseguridad para los que se quedan. Que se plantean, “Si esto les pasa a gente como Concha o Plácido o tantos otros, ¿nosotros que pintamos aquí?”. Tienen que pensar que los grandes grupos de comunicación es una panacea. En Internet hay un mundo por explorar. Creo que fue un error poner los periódicos gratis en la red. Pero hay cada vez más gente que entiende que tiene que pagar por recibir información de calidad. Los grandes medios de comunicación van a estar mucho tiempo en esta situación.

 

¿Por qué se ningunea tanto a la profesión periodística?

Porque no nos hemos sabido valorar, yo el primero. Tenemos tanta vocación de servicio que no nos hemos dado cuenta de que somos también trabajadores por cuenta ajena y que nos echan. Además ha habido una ley del silencio. No nos hemos dado cuenta de que estábamos peor pagados que muchas profesiones, que estábamos con una precariedad enorme y que hacíamos unos horarios salvajes. Quizá hemos tenido un enorme privilegio de trabajar en lo que nos gusta. Probablemente alguien que trabaje en la cadena de General Motors ganará mucho más que cualquier redactor, pero no tendrá esa satisfacción. Con esto no estoy justificando que no te paguen bien.

 

¿Con qué condiciones comenzó en Andalán?

Era el año 78-79, entré con 22.500 pesetas (135,23 euros), se pagaba como colaboraciones, que eran magníficas oportunidades para meter la cabeza. Entonces se hacía aquel periodismo, que echo en falta, el de ir a ver las cosas. Nos hemos vuelto muy perezosos. Internet tiene esta contraindicación, puedes sacarlo pero no lo ves con tus ojos. Cuando lo ves siempre aportas un plus de calidad, de emoción y de sentimiento que contagias al lecto. Cada vez se hace menos, tampoco podemos. Una radio no puede desplazar a sus redactores porque no tiene medios. Pero hay que hacerlo. Es el periodismo más gratificante, el que más agradece el ciudadano.

Todos empezábamos así. Te llenaba y aprendías un montón, ibas con un fotógrafo con el que compartías horas de viaje, trabajo periodístico y te enriquecía. Echo muchísimo en falta ser testigos, dedicar un tiempo, hablar con todas las partes y con la gente mirándole a los ojos.

 

¿Qué añadiría a que Moncloa elija las preguntas que se formularán en ruedas de prensa?

Que ya hemos cedido mucho. Uno de los mayores defectos de nuestra profesión es que hemos cedido demasiado. Me parece muy bien que vayamos a presentar un recurso contra la Universidad de Zaragoza por haber cubierto una plaza de periodismo sin exigir la titulación de periodismo. Esto es un ejemplo de hasta qué punto habíamos cedido.

 

¿Por qué ocurre esta cesión?

Tiene que ver con el miedo que viven las redacciones. En la medida en que estamos siendo golpeados por la crisis económica, perdemos nuestra propia libertad. Tenemos cada vez más miedo y miedo a perder nuestro trabajo. Al final te dan todo hecho y, como solo hay tres o cuatro en redacción, dices, “qué bien, me lo dan todo hecho”. Eso no es periodismo, eso es hacer información de carril que te la dan los gabinetes públicos. Ayudan, pero también hacen una función de contar lo positivo de sus jefes. Si tú la compras todos los días, estás haciendo un mal servicio a los ciudadanos.

 

Cita la cesión como uno de los problemas de la profesión, ¿cuáles son los restantes?

El rigor. Aunque es difícil ahora que las redes sociales tienen una velocidad tremenda, tenemos que ser más selectivos que nunca. En temas judiciales la presunción de inocencia salta por los aires. Enseguida caemos en la tentación de contar, por ejemplo, “el cura de Borja, acusado por abusos sexuales”. Imagínate que al final no hay abusos sexuales y queda absuelto, el titular ya está. Y me dirás que lo dio la Guardia Civil. Es que ese rigor también atañe a los cuerpos de seguridad . En las tertulias hay que hacer más periodismo orientativo que opinativo. Cada vez más se hace un periodismo de dictadura de opinión, de la superficialidad y de la banalidad.

 

¿Y en los medios audiovisuales?

Echo en falta debates sosegados, tranquilos y de argumentos. Se ha visto en Sudáfrica, estábamos en el funeral de Mandela, un personaje histórico que todo el mundo ha ponderado su tolerancia. Al final nos hemos quedado con la foto del móvil de Obama, Michel y de la primera ministra danesa. Está bien como anécdota pero no para convertirlo en asunto de debate. Además de la cara de Michel, me imagino que el fotógrafo sacó 500 y ha seleccionado en la que ponía mala cara, pero a lo mejor después se estaba riendo. Y ya han interpretado que estaba enfadada con su marido por la frivolidad o porque estaba coqueteando. Nos faltaba el contexto. E insisto, estábamos en el funeral de Mandela.

 

Ha sido jefe de contenidos, ¿podía aplicar estas lecciones ?

He intentado que fuera uno de mis rasgos diferenciales y, de hecho, en los consejos de redacción yo participaba mucho. Creo que una de las funciones principales del veterano es orientar, alimentar ese debate y que no hagamos argumentos muy simples. Que nos pongamos en la piel del que vamos a criticar y preguntarse por qué lo habrá hecho. Hay que transmitir en las redacciones que no se pierda el amor por la pluralidad, por el equilibrio y por la ponderación. Lo que pasa es que eso no es fácil porque el peso de la deuda es enorme.

 

Al echar la vista hacia atrás, ¿de qué se arrepiente?

No me arrepiento de nada porque ha sido muy gratificante. Además estoy abrumado por el reconocimiento que tengo. Me he dado cuenta de que la gente realmente te llega a querer. Si acaso me arrepentiría de no haber sido más emprendedor, de no haber interpretado antes que esa dependencia de los grandes medios de comunicación se acabaría algún día. Siempre he sido una persona de dedicación exclusiva, casi de militancia, en los grupos en los que he trabajado. Es un buen momento para comprometerse, precisamente para abrir caminos a la gente joven. Aunque soy consciente de que si la bonanza económica vuelve, creo que los grandes medios volverán a pensar que vale la pena hacer contenidos de calidad.

 

¿Qué hace falta para ser un buen periodista?

Curiosidad infinita, vocación de servicio a los ciudadanos e integridad. Una capacidad de ser tú mismo y que no cedas ante las tentaciones que vas a recibir. Pero para eso tenemos que tener una seguridad económica, si no la tienes es muy difícil ser íntegro. Es fundamental que seamos honestos con nosotros mismos. Que estamos haciendo lo que los ciudadanos quieren que hagamos, ser consecuentes con nosotros mismos y también ser autocríticos. No estamos en posesión de la verdad, vamos sumando verdades relativas.

 

En este momento, ¿a qué va a dedicarse?

Ahora me está llenando escribir en las redes sociales. Llevo la misma rutina que antes, me levanto a la misma hora, leo los periódicos, consulto los digitales y escribo todos los días. Me he comprometido a hacer un análisis sobre lo que está ocurriendo en mi blog, como los que hacía en la radio. Estoy pensando en vivir de colaboraciones y también estoy pensando en los medios digitales. Eso me da más miedo porque me hace ser emprendedor y yo me he vuelto muy conservador. Es el momento de comprometerse y me tienta mucho hacer algo en la red o apoyar algo que ya existe en al red. Y luego estaría la situación más cómoda que sería que alguien me ofreciera un puesto. Me debato entre esas posibilidades. Y también te digo que se está muy bien así después de 30 años de tensión diaria. Yo soy periodista, yo no capto clientes, aunque en realidad los captaba porque cuanta más gente cree en ti, más fácil es que los clientes vayan. En ese modelo de radio me veía incómodo, mi libertad se iba a ir acotando. En ese sentido me he liberado tanto que no tengo nada. Ahora me estoy dando cuenta de la cantidad de bajas que ha habido en la profesión. Somos una legión, a ver si entre todos conseguimos encontrar la luz, que el periodismo florezca. Siempre habrá gente dispuesta a pagar por un periodismo de calidad.