Víctor J. Rodríguez
La subdirectora del Heraldo de Aragón, Encarna Samitier, reivindica la continuidad del proyecto del diario decano aragonés y defiende la coexistencia de los medios tradicionales con las nuevas tecnologías.
Cómo está su medio hoy y qué sentimiento tiene de cara al futuro, teniendo en cuenta el contexto económico y social que vivimos?
En un momento, como toda la prensa nacional, de dificultades, pero al mismo tiempo de convencimiento de que proyectos como el Heraldo siempre tienen futuro. Tras unos años de fuerte crecimiento y expansión al final del siglo XX, como suele suceder, ha venido una contracción y crisis que en la prensa tiene unas características especiales con la irrupción de los medios tecnológicos, la dificultad de compaginar ediciones de lectura tradicionales y digitales y la crisis económica. Pese a ese contexto, el Heraldo continúa trabajando con la serenidad que da mirar hacia atrás y ver que hay una historia de ciento dieciocho años con momentos de muchas dificultades, ya sean sociales, históricas, políticas o empresariales, todas superadas. Por todo ello, la perspectiva es pervivencia y futuro. Tiene una gran capacidad de adaptación y está trabajando sin olvidar la matriz de la marca de la edición de papel, pensando en diversificar con la edición digital y abriéndose al mundo audiovisual con las productoras audiovisuales y la cadena de televisión ZTV. La empresa también tiene participación en radio, en el proyecto Hiberus, de desarrollos tecnológicos, con el convencimiento de que la marca Heraldo ha sido fundamental en la trayectoria de los 118 años.
¿Cree que la causa principal del descenso de ventas en el sector se debe a la crisis económica o al auge de las nuevas tecnologías?
Es una mezcla. Lo que ocurre es que la comparativa de toda la prensa española se hace con esa’ década prodigiosa’ anterior en la que las difusiones de toda la prensa subieron y se vivió un boom y una expansión de prensa ligada a lo que significa la llegada de la democracia y la subida a nivel cultural y económico de España. La prensa española se puso al nivel de países desarrollados en cuanto a interés de los lectores y de la sociedad. Esa comparativa, cuando las cosas se han complicado, se ha hecho más llamativa. Hay algunos aspectos que son una reordenación lógica, como en el caso de las ventas en bloque. El impacto de las promociones ha empezado a resituarse, y a ello se une la crisis económica, y un contexto en el que ciudadano tiende a prescindir de elementos culturales como el cine, la prensa… En el Heraldo, en particular, estas circunstancias han tenido menos impacto. El esfuerzo de contenidos y de márquetin es muy importante, y, por ejemplo, estamos subiendo en suscriptores. Dentro de la dificultad, hay pues datos positivos.
¿Hasta qué punto piensa que influye el nivel adquisitivo del lector a la hora de seguir comprando el periódico diariamente?
La situación económica evidentemente influye. Pero hay un fenómeno esperanzador en las audiencias: la difusión ha descendido pero las audiencias se han mantenido. Heraldo tiene la mayor audiencia respecto a todos los medios de Aragón, incluso más que Aragón Televisión, que tiene un seguimiento muy notable. La gente sigue queriendo estar informada. El lector comparte edición impresa, web, y otros medios, ya que hay un aumento de tiempo dedicado a informarse y más diversidad de formatos en los que conseguir la información. Pero la prensa escrita sigue siendo el medio de referencia a la hora de informarse.
¿Considera que la prensa local puede mantener mejor su público que la de tirada nacional?
Sí, sin duda. Es difícil hacer predicciones, pero desde luego, lo que estamos viendo es que la prensa local está resistiendo mejor la crisis y que, en el caso del Heraldo, la marca y la proximidad son dos claras fortalezas. Mantenemos la línea editorial, que el lector del Heraldo agradece, y que está muy pegada al terreno; esa impronta de defender los intereses de Aragón y, al tiempo, informarte de lo próximo, es fundamental.
¿Le parece que el papel está condenado a ir desapareciendo?
No. Rotundamente no. Aunque ya digo que es imposible hacer predicciones, confío plenamente en la pervivencia del papel. Igual que la prensa en general y el Heraldo en particular están resistiendo la crisis, creo que los profetas de la muerte del papel se equivocan. La prensa escrita va a sobrevivir, ¿en qué tiradas y de qué manera? no lo sabemos. Cuando nací solo había una cadena de televisión en blanco y negro. Parecía que cada medio acabaría con otro, el vídeo, el cine, internet… También se dijo que el libro iba a desaparecer. Al final todo va coexistiendo, aunque con problemas y con un esfuerzo de adaptación. También vivimos en su día el boom de la prensa gratuita, que se dijo que iba a sustituir a la de pago; en su momento pudo afectar, pero ahora ha perdido relevancia y sigue habiendo millones de personas que confían en la prensa de pago, que no ha sido sustituida.
La publicidad, ¿hasta dónde es responsable de la crisis de la prensa?
Al descender los ingresos en unos porcentajes importantes, se ha notado, pero ahora los ingresos por venta en quiosco y suscripciones son superiores a los de la publicidad. Probablemente haya repercutido en los ajustes que han tenido que hacer las empresas periodísticas. En Heraldo ha sido positivo que dentro de esa contracción hemos conseguido no recurrir a EREs. Siempre tiene que haber un equilibrio en los ingresos, pero el hecho de que la venta al número esté aguantando el temporal incide en que, dentro de la dificultad, hay esperanza.
¿Cree que el periodismo debe modificar su modelo de negocio?
Soy de esa vieja escuela en la que los periodistas eran periodistas. Se está buscando cómo adaptar el modelo. El Heraldo está potenciando la web sin hacerse competencia interna: la web saca sus noticias y hay otras de la redacción que volcamos a la web. Los periódicos no saben si tiene que haber una redacción unificada o diferente, pues no se ha dado aún con la clave definitiva. Al final lo que importa es la marca. Todo el mundo está esperando los resultados de cómo funcionan los ensayos de abrir los contenidos, cobrar, cerrar todo… al final estamos hablando de empresas informativas que tienen también que garantizar sus empleos.
En los últimos años han surgido diarios online, que funcionan por suscripciones, publicidad y/o cooperativas. ¿Qué le parecen?
Como lectora me parece una experiencia interesante. Espero que coexista con los periódicos de papel. Porque siempre va a haber gente que quiera la experiencia del papel. Además, el sistema online también tiene limitaciones, porque al final siempre acabarás en un sitio donde no tengas acceso a Internet o se caiga la conexión. Tiene que coexistir: lo ideal sería que fueran complementarios. Si la gente quiere información, esa demanda te lleva a quererla en papel, tableta o como sea. Lo importante es que la gente no pierda las ganas de estar informada. El interés de la información está allí, si lo sabemos canalizar, creo que, sin desmerecer a la prensa online, la impresa exige un esfuerzo mayor de verificación, porque no puedes cambiar a los cinco minutos. Hay fenómenos, como por ejemplo Líbero o Panenka, de prensa deportiva: son prensa papel y de calidad y una muestra de que hay demanda de público joven que compra en papel. Además, la carrera sigue estando muy demandada.
Hay quienes hablan de que el periodismo vive una crisis de identidad. ¿Está de acuerdo?
Ha habido mucha confusión, porque ha podido parecer que más información era mejor información pero está claro que no es así. Ha habido un desmembramiento por la cantidad, la técnica, modernidad y novedad. Siempre ha habido novedades que parecía que iban a cargarse lo tradicional. La esencia del periodismo permanece: dar noticias veraces, contrastadas, que abran un camino de reflexión que incomode al poder. La crisis sería perder de vista esas funciones. Puede pensarse que el medio es más importante que el mensaje, pero no debería ser así.
Si las nuevas tecnologías hubieran aparecido hace diez años, antes que la crisis económica. ¿Cree que el periodismo se hubiera resentido de la misma manera?
Sinceramente, no lo sé. ¿Que nos hubiera cogido más adaptados? a lo mejor. Puedo pensar que la reconversión, la coexistencia de la revolución tecnológica que pone en crisis el modelo de consumo, lectura, hábitos de ocio,… esa tormenta perfecta que coexiste con la crisis más grande de los últimos treinta o cuarenta años, igual hubiera sido más sencilla, pero se trata de hipótesis.
En el pasado Congreso de Huesca hubo una ponencia (sobre periodismo postindustrial) en la que se habló de que el futuro del periodismo pasaba por una segmentación temática y demográfica. Por ejemplo, periódicos especializados o de información mucho más localizada. ¿Qué opina de ello?
Si dice que las audiencias se segmentan y que deberían especializarse también los contenidos. Pero no creo que el futuro sea esa segmentación total. Más bien que el periodismo no variará en lo esencial, y que siempre va a haber lectores que quieran ese periodismo generalista, que incluya investigación, opinión, televisión, internacional, nacional, tiempo, política, obituarios… Probablemente, la prensa especializada seguirá coexistiendo con la generalista.
Dé su opinión sobre el futuro de la profesión.
Me gustaría dar un mensaje de esperanza basado en que hay empresas, como Heraldo, que siguen creyendo en el proyecto informativo y en que la sociedad sigue demandando información y opinión. También está claro que la profesión se tiene que adaptar. Está viviendo momentos complicados, con jóvenes periodistas que tienen dificultades para acceder a la profesión y con unas redacciones en las que no de efectúa el relevo generacional con la fluidez de antes. Creemos que nuestro principal deber es aguantar esta tormenta para sobrevivir en el futuro y seguir generando información y puestos de trabajo.











