Manuel Núñez: “La FAPE tiene el modelo de autorregulación más perfecto de Europa”

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Entrevista al redactor y ponente del Código Europeo de Deontología del Periodismo, de cuya aprobación se cumplen veinte años

Texto y fotografías: Nuria Navarrete

Manuel Núñez Encabo es catedrático de Ciencias Jurídicas y de Filosofía del Derecho, Moral y Política y presidente de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo de la FAPE. Ha sido diputado nacional y parlamentario europeo del Consejo de Europa, de cuya Subcomisión de Medios de Comunicación fue presidente;  miembro del Comité de redacción de la Carta Magna de las Universidades Europeas y ponente y redactor, “al completo”, del “Código Europeo de Deontología del Periodismo”, que celebra este mes de julio su vigésimo aniversario.

 

-En este mes de julio se cumplen 20 años del nacimiento del Código Europeo de Deontología del Periodismo. Usted fue ponente y redactor de ese Código. ¿Podría retrotraerse hasta 1993 y explicarme en qué ambiente, cómo y por qué se fraguó?

– El Código Europeo de Deontología del Periodismo se aprobó el 1 de julio en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, órgano que sumaba entonces  35 países, no sólo los que ahora pertenecen a la Unión Europea, sino también todos los del centro del continente, que se incorporaron tras la caída del muro de Berlín.

 

Es de suponer que, previamente a ese 1 de julio de 1993, habría un largo y complicado debate.

-El texto empieza a debatirse dos años antes, en septiembre de 1991, cuando se comenzó a plantear, de manera muy general, la necesidad de salvaguardar el periodismo del influjo de los poderes de los gobiernos. Bajo esa idea, se celebró en Helsinki una conferencia internacional en la que estaban representados los medios de comunicación europeos, tanto periodistas como editores, y también medios de comunicación de Estados Unidos, más concretamente la CNN.

 

-¿Y qué pintaba en ese debate europeo la CNN?

-En 1990 el ejército de Estados Unidos, a través de la OTAN y con el apoyo de la Europa, intervino en las aguas del Golfo Pérsico frente a lo que se presentó como una invasión de Irak, ya entonces presidido por  Sadam Husein, que quería controlar la zona. Pues bien, la Guerra del Golfo se conoce como la primera guerra televisada, incluso se anunció cuando iba a iniciarse la ofensiva. Se decía que era una guerra en directo, se podía ver en las televisiones europeas el lanzamiento de los misiles, las explosiones… Pero todas las imágenes estaban controladas, porque la exclusiva la tenía la CNN.

Una vez que la guerra terminó, hubo una reflexión en Europa analizando las imágenes y los contenidos y se llegó al acuerdo generalizado de que había habido una manipulación, prácticamente total, de la CNN hacia los medios europeos. Entonces el Consejo de Europa suscitó un debate que tuvo su reflejo en el tratamiento de los medios.

 

Debate que usted vivió de primera mano, puesto que entonces era parlamentario del Consejo de Europa.

-Efectivamente, en representación de España. El debate se centró en que Europa había recibido una información de la guerra que no era veraz y que, por lo tanto, había una manipulación clara por parte de la CNN que servía a la única finalidad de justificar y legitimar la guerra y las actividades violentas que llevaron a cabo los EEUU,  presentando a Irak y a su ejército con imágenes claramente negativas. La conclusión fue que los medios europeos habían sido manipulados y que, como consecuencia, esos medios habían manipulado a la opinión pública europea.  Eso no podía seguir así. Europa debía defender los valores de sus ciudadanos y recuperar la credibilidad de su periodismo.

 

-¿Es tras este debate cuando el Consejo de Europa se plantea que ha llegado el momento  de concretar en un texto un código deontológico para los periodistas que ejercen en su territorio?

-El Consejo de Europa aprobó que se hiciera una resolución formal y, en 1992, siguiendo las conclusiones de Helsinki, la Subcomisión de Medios de Comunicación, que yo presidía, inició un estudio de elaboración de un texto concreto, con puntos y artículos, que yo redacté al completo. Llegamos a 1993 con un debate permanente y, en junio, la Comisión de Cultura y Educación, que enmarcaba a la Subcomisión, aprobó el texto en Oslo para llevarlo a la Asamblea General del Consejo de Europa que se iba a celebrar en julio, en Estrasburgo. Allí se aprobó por unanimidad.

 

-Usted fue el redactor y el ponente de ese texto. ¿Existían entonces otros códigos deontológicos en los que apoyarse como modelos para el europeo?

-En relación con la Deontología del periodismo había muy pocos antecedentes en Europa, aunque se puede citar el ombudsman sueco, una figura que vela por los contenidos de los medios. A partir de ahí, comienza a haber algunos intentos de códigos, pero muy fragmentados. Hay que constatar la Declaración de Deberes del Periodismo de la Federación Internacional de Periodistas, que se aprueba en 1954, el código de quejas británico, el deontológico alemán, el de Holanda y los de Suecia, Dinamarca y Noruega. Los países que los tienen antes de 1993 son muy pocos, empiezan a generalizarse después, siguiendo el consejo del Código Europeo de Deontología del Periodismo y tomándolo como modelo.

 

-¿Cuáles son los principales objetivos que se plantea el Código?

-Recuperar la credibilidad de los medios europeos, perdida, como he dicho, durante la Guerra del Golfo, y adaptarlos a las nuevas tecnologías, ya que en 1993 empezaba a forjarse la llamada sociedad de la información.

 

Su criatura había nacido. ¿Cómo fue recibida?

-Con protestas. Las asociaciones de editores europeos y norteamericanos presentaron una carta formal y conjunta ante la secretaria general del Consejo de Europa diciendo que no podían aceptar el texto, puesto que podría suponer una censura a la libertad de información. La secretaria contestó con energía, señalando que no podía admitir que unas empresas informativas acusaran al Consejo de Europa de ser un censor en un derecho fundamental. El Código Europeo de Deontología del Periodismo busca garantizar la libertad de información de los emisores, que son los periodistas y los medios de comunicación, y, al mismo tiempo, garantizar el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz. Los medios de comunicación y el periodismo deben asumir una responsabilidad ética, no sólo jurídica.

 

-Y aquí es donde entra el principio de la autorregulación frente al de la regulación.

-Efectivamente. El Código dice que, para garantizar el derecho a la información y el derecho a estar informado, en lugar de aprobar normas jurídicas de obligado cumplimiento, el método más adecuado es el ético; que es mejor la autorregulación que la regulación; que es preferible un máximo ético y un mínimo jurídico. Es una fórmula revolucionaria en su momento.

 

-Quizás el problema surja al enfrentarse a un concepto tan amplio y tan manipulado como la ética, como base de esa autorregulación.

-El Código es claro a ese respecto, la autorregulación deontológica será auténtica si tiene tres características: La primera, partir de que la ética del periodismo y de los medios es pública, no privada, por lo que sus principios deben darse a conocer a través de un código deontológico. En segundo lugar, que los periodistas y los medios que han hecho público ese código deontológico aseguren que lo van a cumplir, para lo que habrán de crear una comisión independiente que garantice ese cumplimiento. Por último, deberá haber resoluciones que serán dictados de esta comisión para resolver las demandas de los ciudadanos en relación con los contenidos de los medios de comunicación. Debe haber sanciones, no jurídicas, sino sociales, y esa sanción social consiste en la obligación, por parte de los medios de comunicación, de publicar las resoluciones de la comisión.

 

-¿Estos principios también afectan a los editores?

-Los principios deontológicos deben ser asumidos, conjuntamente, por periodistas y editores. El periodismo es cosa de dos.

 

-Si le parece, volvemos de Europa y nos centramos en España.

-España aprobó su Código de Deontología del Periodismo en Sevilla, en noviembre de 1993. Antes, hubo reuniones en Valladolid y Santander convocadas por la FAPE, con Antonio Petit como presidente, con quien yo colaboré directamente para determinar los contenidos.

 

-Es de suponer que esta iniciativa se siguió en muchos otros países europeos.

-Sí, muchos crearon su código deontológico tras la aprobación del europeo. Lo que ocurre es que casi todos estos códigos solamente están garantizados por los periodistas y no por los empresarios. En España, por ejemplo, ha habido que esperar 20 años, hasta este 2013 en que la FAPE ha creado la Fundación para la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo, en la que, ahora sí, se integran las empresas. ¡20 años!

 

– Y esa circunstancia es la que le ha llevado a usted a afirmar que España se encuentra a la cabeza de Europa en cuanto a deontología periodística.

-Eso es. Ha tardado mucho, 20 años, pero hemos pasado de las musas al teatro, de la teoría a la práctica de la ética. Hay que felicitar y apoyar la labor que han hecho todos los presidentes de la FAPE, desde Antonio Petit hasta hoy, y resaltar la gran importancia de la actual presidenta, Elsa González, que, en un año, ha conseguido cubrir un vacío importante sin el que era muy difícil hablar de autorregulación en la práctica, porque faltaba la implicación de las empresas. Ahora se ha conseguido, y eso pone a nuestro país a la cabeza del modelo del Consejo de Europa. España está a la vanguardia, no sólo por tener la implicación de las empresas periodísticas, sino por tener el aval del ministro de Justicia que, también este año, ha dirigido una carta a la presidenta de la FAPE para decirle que apoya la autorregulación y la considera útil frente a la actividad de los tribunales de Justicia. Antes era impensable. Además, la Asociación de ex parlamentarios españoles, en un documento público de hace unos días, señala el deseo de que los periodistas efectúen su actividad a través de una autorregulación independiente, mediante el modelo del Consejo de Europa y del Código de la FAPE.

 

-Han sido 20 años hasta llegar a este punto. ¿Ha merecido la pena?

-Tras 20 años, con mucho orgullo, los periodistas españoles, la FAPE, pueden señalar que, a través de un gran esfuerzo, han conseguido tener el modelo de autorregulación europea posiblemente más perfecto.