El futuro, en tus manos

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“El periodismo está en horas bajas, le quedan dos primaveras. Los periodistas no tienen futuro. Desde el comienzo de la crisis económica más de 10.000 periodistas han perdido el empleo y un 20% ha pasado a engrosar las filas de los freelances.” Estamos cansados de escuchar este discurso que, por otra parte, podría ser perfectamente aplicable al resto de profesiones y oficios del momento.

Basta ya de frases agoreras. Es cierto que estamos ante una de las crisis económicas más drásticas de la historia de la humanidad y que con la llegada de Internet y la caída en picado de los ingresos por publicidad asistimos al mismo tiempo a una crisis de modelo de negocio. Pero esas no son más que excusas para no coger al toro por los cuernos y afrontar la realidad con valentía y con arrojo.

¿Estamos ante el fin del periodismo? ¿Los periodistas ya no tienen futuro? Rotundamente, no. Los periodistas seguimos teniendo una importante labor de servicio público y de contra poder, aunque para poder ejercerlos con diligencia debamos aceptar el hecho de que la realidad social es cambiante, se transforma día a día, demanda y exige que los que nos dedicamos a esta dura y apasionante tarea, debamos ser capaces de reinventarnos y dar respuesta a las nuevas exigencias de esta sociedad mutante en la que nos está tocando vivir y a la que el sociólogo Zygmunt Bauman bautizó con el nombre de “modernidad líquida”.

El periodismo nació para dar respuesta a las necesidades de aquella sociedad decimonónica y desde entonces no ha parado de evolucionar. Esto es, siempre ha estado en crisis. Todo cambio lleva consigo periodos de incertidumbre, oscuridad y crisis. Lo que ahora estamos viviendo, no es más que una etapa más de ese proceso evolutivo que debemos asumir y entender como una especie de reconversión del sector que a nosotros nos afecta de lleno.

Los cambios que han introducido la tecnología e Internet han transformado la estructura de las empresas de la comunicación, los perfiles profesionales, las rutinas periodísticas, los formatos y el consumo de medios. Estamos inmersos en un modelo multimedia, aún por definir, que convive con los medios tradicionales, y en el que se cometen errores propios del desconocimiento. El método del ensayo-error, el único que por el momento parecen estar utilizando gran parte de las empresas y grupos informativos, y muchos de los periodistas que a la fuerza se han visto obligados a emprender, no es el compañero de viaje más recomendado.

Alternativas a la crisis

Seamos sensatos, las panaceas no existen. Pero si que podemos hablar de tendencias. Solo tenemos que fijarnos en lo que demanda la sociedad actual para poder avanzar algunas de las principales salidas profesionales de los periodistas de hoy y del mañana.

Los medios convencionales están en pleno proceso de reestructuración y lejos de contratar, van adelgazando progresivamente sus redacciones. Pero al margen de esa reestructuración fruto de la reconversión tecnológica, principalmente, están comenzando a ser conscientes de que deben transformar sus actuales productos informativos, dado que la sociedad comienza a demandar otro tipo de información: más humana (que llegue al corazón, que emocione, que de respuestas), más social, más local, y más cercana.

De ahí, que empiecen a tener cierto éxito los proyectos de microperiodismo como Expresso, el segundo medio turístico de Internet más leído en España que comenzó hace seis años como una web de viajes; La Voz de de Rioseco, un medio local que reinventó la información del medio rural ofreciendo historias que suceden en los pueblos; y otros, como el pionero Somos Malasaña y al que han seguido multitud de iniciativas semejantes, que se han centrado en los barrios de las ciudades porque la gente demanda información de lo más cercano.

La especialización se presenta como otra de las fórmulas anticrisis. Los consumidores de información son cada vez más exigentes y ya no buscan tanto hacerse con contenidos generalistas sino con información especializada en diferentes disciplinas y campos de interés, con enfoques diferentes que incorporen y ayuden a interpretar esa microrealidad.

El desarrollo de iniciativas que den respuesta a demandas informativas tan minisectorializadas exige preparación y formación especializada por parte del profesional, esto es, reciclaje y aprendizaje continuo reglado (vía cursos de postgrado, masters, seminarios o jornada…) o no reglado.

La autoformación derivada de la experiencia profesional y personal también permitirá generar perfiles diferenciados, identidades de marca personal únicas, que a medio-largo plazo se transformarán en nuevas salidas profesionales como la del periodista-documentalista, analista de estadísticas, de bases de datos y de otras fuentes documentales. Debemos convertirnos en revolvedores de esa realidad convulsa, tratar de ordenarla, anticiparnos, buscar respuestas y decodificar información para la ciudadanía, que si bien puede tener acceso universal a la información (a diferencia de lo que ocurría en tiempos pasados), es en general, incapaz de interpretarlos por su complejidad y especificidad.

El chip periodístico debe empezar a cambiar. Tenemos que reinventarnos, reconstruirnos, reconducirnos, adaptarnos a la realidad continúa y constante. Es algo propio de la naturaleza de esta apasionante profesión o forma de vida, diría yo más bien, pero que a veces parecía habérsenos olvidado. El crecimiento personal y profesional es sacrificio y renuncia continua, pero también a la larga entrega de inconmensurables recompensas.

Debemos innovar, emprender. Pero ojo, la innovación no solo significa inventar sino que también es adaptar, impulsar o abaratar precios de determinados servicios, procesos, formatos…Las oportunidades están ahí y solo tenemos que agarrarlas y saber ejecutarlas en tiempo y forma. Para ello, imprescindible, conocer quiénes somos realmente, nuestras debilidades-fortalezas, cuáles son nuestras pasiones y las del entorno al que nos vamos a dirigir para conectar directamente con el lado emocional; saber valorar correctamente las herramientas con las que contamos (conocimiento y experiencias vitales-profesionales) y el grado de adecuación de éstas a la realidad; y por supuesto, descubrir a posibles competidores, que no tienen que verse como amenazas sino como potenciales alianzas tan necesarias en el desarrollo de la labor y el ejercicio periodístico.

No es fácil emprender, desde luego, y a veces no es la solución, pero lo que si debemos hacer como profesionales de la comunicación, como periodistas de ayer, hoy y mañana, es pensar en trabajar de manera cooperativa, asociativa y colaborativa.

Si por circunstancias de la vida nos toca salir al mercado laboral con proyectos profesionales propios, tenemos que tener la oportunidad de hacerlo amparados y protegidos por un ente común (asociación, colegio, cooperativa…) que vele por nuestros derechos y seguridad, y que al mismo tiempo nos brinde garantías y condiciones ventajosas a la hora de montar cualquier tipo de iniciativa.

La cooperativa SBP-Comunicadores liderada por la Asociación de la Prensa de Sevilla es un buen comienzo, un proyecto sin ánimo de lucro cuyo principal objetivo es facilitar a sus asociados, periodistas de cualquier parte de la geografía española que decidan emprender nuevos proyectos en el mundo de la comunicación, asesoramiento empresarial, jurídico y laboral, y también una serie de beneficios administrativos y económicos que faciliten la puesta en marcha de sus negocios. La unión, hace siempre la fuerza, ¿no es cierto? Pues a qué esperamos. Cómo solía decir el famoso escritor suizo de origen alemán, Herman Hesse: “Para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible”. El futuro está en tus manos.

Nerea Vadillo

periodista y profesora de la USJ