Periodismo postindustrial: adaptación al presente

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Cuando los aficionados hablan de periodismo discuten sobre la orientación política de directores, columnistas y cabeceras. Cuando los profesionales hablan de periodismo, discuten sobre dinero.

Cómo se va a obtener. Si la gratuidad de nuestros productos es indigna o no para la profesión. De qué manera la publicidad será capaz de mantener a nuestros medios, si es que puede. Hasta qué punto los peajes o paywalls más o menos porosos son estúpidos, criminalmente idiotas, o lo mejor que ha pasado en este planeta desde que se inventó el pan Bimbo. Los profesionales del periodismo teníamos un problema, que era la pasta, y lo sabíamos desde que Internet no era más que un sueño de novelistas ciberpunks.

Y lo hemos discutido hasta la saciedad. Dinero, pago por contenido, publicidad, CPM, estrangular a Google, paywalls, The New York Times, derecho de autor… argumentos apasionados y discusiones circulares han dominado los foros en los que los periodistas hablamos a calzón quitado.

Creíamos que nuestro problema era el modelo de negocio. Éramos tan ingenuos. C.W. Anderson, Emily Bell y Clay Shirky sólo necesitan 120 páginas para explicarnos de modo pormenorizado y aterrador que el modelo de negocio es el menor de nuestros problemas; que el dinero (importante, sí;  vital, claro; la clave, por supuesto) no es lo que nos está matando realmente. Como ocurre con ciertas enfermedades oportunistas lo que ves en la superficie no es más que un epifenómeno, una apariencia; la enfermedad real está debajo, minando tus defensas, acabando con tu resistencia y dejándote a merced de un problema que en otras circunstancias sería menor. Lo que nos está matando no es el modelo de negocio; es lo que hay debajo. Es que no pura y dura realidad es que los grandes medios son (casi) incapaces de adaptarse, por la rémora de sus inercias institucionales; que los nuevos medios (casi) carecen de peso específico suficiente como para cumplir el papel de la prensa en una sociedad libre; y que los periodistas (casi) no saben de qué manera utilizar las herramientas nuevas para resolver los viejos problemas.

Nuestro problema real es que empresas, periodistas y producto ya (casi) no funcionan. El futuro de nuestra profesión, nuestro papel social y nuestro sector empresarial dependen de demasiados ‘casis’.

Por eso es tan importante definir con precisión el problema y sus condiciones de contorno; porque el primer paso hacia a solución es la correcta definición. En este trabajo analizan no sólo lo que funciona, sino por qué no funciona. E incluso se permiten el lujo de señalar hacia qué dirección hay que avanzar para que, con un poco de suerte, vuelva a funcionar. No hay soluciones milagrosas, ni parches curalotodos, ni bálsamos de Fierabrás. Hay la voluntad de mirar las cosas de frente, sin sentimentalismos, reconociendo la realidad. Hay un análisis en el aquellos con experiencia reconocerán los amargos frutos de la sabiduría ganada con sudor y sangre.

Esos frutos contienen nuestra última esperanza. Porque el informe no es una autopsia, sino un diagnóstico: la enfermedad es grave, pero todavía no estamos muertos, todavía podemos luchar. El mensaje no es de inminente Apocalipsis, sino de esperanza; fría esperanza, una esperanza sin romanticismos ni arrogancias. Un mensaje que nos dice que todavía estamos a tiempo de salvar, si no las cabeceras y las empresas, sí el periodismo; el importante, vital papel que ha justificado los privilegios que tuvimos antaño la profesión y la industria.

Pepe Cervera

Periodista y profesor de periodismo

Traductor del libro “Periodismo postindustrial: adaptación al presente”