Julia Dorado expone pinturas de su ‘Itinerario’ en la sede de Periodistas de Aragón

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La artista zaragozana Julia Dorado, nacida en 1941, ha expuesto parte de su serie de pinturas ‘Itinerario’ en la sede de Periodistas de Aragón. En una entrevista, ha explicado cómo llegó la pintura a su vida y cuál ha sido el proceso hasta encontrar su estilo.

Aunque quería ser bailarina, este sueño no encajaba en los planes de su padre. Por lo tanto, estudiar Bellas Artes en Barcelona fue la lleva de su libertad. Allí se encontró a sí misma y forjó esa idea de que la pintura tiene que invitar al diálogo constante.

PREGUNTA: ¿Cómo llegó el arte a su vida?

RESPUESTA: Llegó por eliminatoria. Mi primera vocación fue el ballet. Quería ser bailarina. Nada me interesaba que no fuese eso. Como todas las de mi generación, que nací en 1941, intentaba enterarme de todo lo que tenía que ver con esta disciplina. Un día por la radio escuché a María de Ávila, una profesora de ballet. También era una gran consumidora de cine y procuraba ver todos los musicales. Me preguntaban qué quería hacer y estudiar, pero no lo vieron bien y me dijeron que tenía que buscar otra cosa. Mi padre me dijo que harían de mí un ama de casa perfecta, para lo que era en esa época franquista. Sin embargo, un día le dieron una postal con una foto de un bodegón que estaba pintado en acuarela para que lo reprodujera. Nunca había visto acuarelas, tampoco un pincel. Pero lo hice casi de manera automática. Fue la primera obra de mi vida. El hombre se debió de quedar muy descolocado y le pidió a mi madre que me mandara a la Escuela de Artes y Oficios. Ahí empezó todo.

P: Ha encontrado en el arte, no obstante, su forma de expresión.

R: Al principio me sirvió para marcharme de casa. Utilicé el arte para coger un título de Bellas Artes e irme. Consideré que el arte me había salvado la vida y me había dado una libertad que no había conseguido de otra manera. Cuando tomé conciencia de eso, fue un proceso que duró prácticamente 10 años. Me fui a Barcelona como estudiante libre y debía prepararme así. Tenía que demostrar que valía en una primera experiencia y en unos exámenes que eran muy costosos. Me marchaba a Barcelona y, en vez de estar seis años, me hacía un curso en junio y otro en septiembre, así que a los tres años conseguí el título. En el otro año, me limité a dar clases y a enseñar cosas de las que no se hablaban.

P: ¿Cómo ha sido el proceso hasta encontrar su estilo?

R: Han pasado muchos años. Las primeras pinturas originales, con mi lenguaje, fue a través del Grupo Zaragoza, que me localizó en unas clases que me daba Federico Torralba. Solo me matriculé yo, así que se encontró solo con una alumna y eso produjo una relación muy fuerte. Él fue quién me inició porque yo el color no lo había hecho nunca, por ejemplo. En la Escuela de Artes solo hacía blanco y negro, que era escayola y carboncillo. La primera exposición que hizo de arte abstracto y que yo pude ver fue en 1961. Era una muestra maravillosa y, cuando llegué a casa, haberla visto me llevó a probar a hacer manchas. Él me invitó a participar en una exposición con seis pintoras y una ceramista en la DPZ, así que ya metía a mujeres en los eventos culturales. En esa exposición me conocieron los que había visto yo un año y medio antes en el mismo sitio. Era la única abstracta de las siete mujeres y me invitaron a participar en el Grupo Zaragoza.

P: ¿Por qué ha decidido que sean estos cuadros los que estén en la sede de Periodistas de Aragón?

R: Es una serie hecha en Bélgica. Mi relación con Zaragoza siempre ha sido muy esporádica porque he estado 30 años viviendo fuera. Llevo casi 70 años pintando y he ido pasando por fases. Cuando vi estas paredes, no me lo pensé dos veces. Con este color marrón, lo que mejor iba a funcionar eran estos collages blancos. Se habían visto en el Zaragozano, en el 2000-2001. Empezó la serie a finales de los 90 en Bruselas y ya había tres o cuatro cuadros que apuntaban este camino. Esta serie se llama ‘Itinerario’, aunque le llamo la serie blanca. Espero que, cuando se quede definitiva la exposición, elijan una obra de esta época porque a mí me sigue gustando después de los años. Soy muy crítica conmigo misma y destruyo mucho. Cuando no me gusta una serie, lo tapo y lo reciclo para volver a empezar. Esta serie sale en un momento en el que mi marido pasó unos meses muy complicados de salud. Cuando salió adelante, la terminé.

P: Con sus cuadros invita al diálogo. ¿Por qué lo considera necesario?

R: Quiero complicidad siempre. Quiero obligar a que al pintor no le preguntemos qué es lo que ha querido hacer, qué es lo que significa el cuadro y que le cuente una historia. Estamos acostumbrados a que en la universidad se pregunte qué hay detrás y haya que contar la historia. Y los cuadros antiguos son, sobre todo, pintura. Es cierto que, a veces, sí tienen historia. Pero los cuadros antiguos lo que hacen es pintar, por lo que los vemos con valores pictóricos. A mí me gusta Velázquez porque pudo entrar dentro del cuadro y es atmósfera y aire. En otros pintores hay otros valores. Luego, quien sea el que está pintado, me importa un pepino. La gente se ha acostumbrado a que, en la enseñanza, lo que importa es la historia del cuadro y eso va contra nosotros. Para eso tienes la literatura. Con mi pintura yo digo que miren, una y otra vez, y compartan lo que ven o lo que le hacen sentir. La creatividad es una pulsión, algo que tú llevas dentro y, cuando estás trabajándola, es acción.