Diego Ibarra: “Tenemos que buscar imágenes que sean ese puñetazo en el estómago”

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El fotoperiodista Diego Ibarra Sánchez se ha alzado con el Premio Periodistas de Aragón-Ciudad de Zaragoza 2024, un galardón que reconoce su cobertura informativa del conflicto entre Israel y Líbano y su compromiso con la situación de Oriente Medio.

PREGUNTA: Enhorabuena por el Premio Periodistas de Aragón-Ciudad de Zaragoza. ¿Qué supone este reconocimiento tanto a nivel personal como para el fotoperiodismo?

RESPUESTA: Este reconocimiento supone un estímulo. Los premios van y vienen, pero lo que importa es continuar trabajando, seguir siendo aceptado por las personas que protagonizan mis fotografías. Muchas gracias, de corazón, a Periodistas de Aragón, a José Miguel Marco, a mi familia, a mi madre, a mi hermano, a mis sobrinicos, a mi compañera de vida y a mi pequeño Titán, que lo tuve que evacuar durante la guerra. En especial, quiero hacer hincapié en los civiles, en un compañero al que asesinaron a escasos metros de mí en un mercado de Israel y a mi compañera Cristina, que perdió las dos piernas.

P: ¿Cuál fue el punto de partida de “War on Hezbollah”?

R: El punto de partida surgió porque Líbano ha sido mi país. Me ha visto crecer, como profesional y persona. Después de vivir cinco años en Pakistán, me acogió. Por eso publiqué el libro The Phoenician Collapse, que es un retrato personal del Líbano de los últimos siete años. Todo viene de la intensificación de la violencia, de la muerte, de los ataques contra los civiles, de las amenazas con drones, de la evacuación de mi hijo, de ver cómo los ataques aéreos bombardeaban Beirut… Creía que tenía que hacer otro homenaje, que era más necesario que nunca.

P: Se define como un “pintor de luz durante y después de la violencia”. ¿Cómo se pinta la esperanza en escenarios tan devastados?

R: La esperanza es lo último que se pierde. Intento hacer una oda y defender esa alegría. Creo que la luz puede desdibujar ese horror, que podemos comunicar y evocar, aunque haya desesperanza y terror. Después del túnel siempre hay algo que nos hace seguir hacia delante. Rehúyo del tópico cliché de decir resiliencia porque es más bien rasmia de seguir tirando hacia delante. Quiero plasmar el espíritu del pueblo libanés que es igual que lo que decía Miguel Hernández, “bailando espero la muerte”.

P: En una época saturada de imágenes, de inmediatez y de rapidez, ¿cómo se logra que una fotografía aún despierte conciencia?

R: Es complicado despertar conciencias y sacar al espectador de su zona de confort, pero, aún así, seguimos intentándolo. Tenemos que buscar imágenes que evoquen, que sean oníricas y que sean ese puñetazo en el estómago. Hay que replantear preguntas con ellas sin que den respuestas estereotipadas. Tenemos que arañar a las conciencias del espectador, que se quede ahí y que reflexione, porque si no nuestros testimonios caen en el olvido. Con nuestro trabajo tenemos que visibilizar el sufrimiento de los demás a través de la luz.

P: Dicen que la guerra anestesia. ¿Cómo hace para acostumbrarse (o no) al dolor diario que retrata?

R: Por supuesto que anestesia, pero también araña, rompe, desquebraja y separa familias. La guerra arranca sueños. En el momento el que trabajamos, intentamos ponernos unos escudos para que no nos afecte, pero los fantasmas siempre vuelven. Uno de los grandes problemas que tenemos en esta profesión es que la sociedad muchas veces no piensa en las consecuencias que tiene cubrir los conflictos y desastres naturales. Cada historia es como una mochila que vas llenando de piedras o como un tatuaje que nunca se borrará de ti. De todas formas, lo que importa es contar el dolor de los demás, que es único e intransferible. Ellos son los importantes, nosotros no lo somos tanto. No somos héroes, eso lo son los médicos, las enfermeras y los que están ahí en el frente. Los héroes son aquellos que intentan sacar adelante estos países que se van a pique y que deambulan bajo el alambre.

P: ¿Qué se lleva de estos años documentando el estruendo del conflicto?

R: Que tenemos que trabajar en seguir dibujando utopías y reivindicando la alegría, así como tenemos que seguir bailando hasta que la muerte nos llegue. Lo más importante es seguir aprendiendo porque esto es lo bonito que tiene esta profesión. No solo de las historias, sino de los compañeros, las familias y los errores. Estos nos hacen lo que somos, junto a las experiencias personales. Mi familia y mis amigos son el ancla que me ayuda a tirar hacia delante cuando la tormenta aprieta.

P: ¿Y cómo se ve de aquí a unos años?

R: Espero seguir en el camino. Lo importante no es llegar a algún lado, sino disfrutar mientras vives.

Más sobre Diego Ibarra Sánchez

Nacido en 1982, este fotógrafo documentalista aragonés, con base en Líbano, fue uno de los pocos que logró documentar desde el aire la devastación de Gaza y la entrega de ayuda humanitaria. Esto lo pudo llevar a cabo gracias a un permiso especial que el ejército jordano otorgó al The New York Times, con quienes trabaja desde 2012 cuando estaba en Pakistán. Diego también colabora para El País Semanal, Unicef y es cámara de televisión para France 24 latino.

Ha cubierto la muerte de Bin Laden, la situación de los enfermos mentales en Pakistán y Afganistán, las inundaciones de Pakistán, los ataques a la educación en Siria, Iraq, Ucrania, Colombia, Negorno Karabaj, la caída del Califato en Mosul, el Genocidio Yazidí, el escape a la prisión del Estado Islámico en Siria, la guerar de Ucrania, el terremoto de Turquía, la guerra contra la polio y la guerra en Líbano.

En septiembre de 2022 publicó su primer fotolibro “The Phoenician Collapse”, sobre el descenso a los infiernos del Líbano a través de fotografías de los últimos siete años, donde la poesía visual, sus experiencias vitales e imágenes que trascienden las fronteras del fotoperiodismo se funden para crear un emotivo homenaje al país que lo ha acogido durante la última década.

Diego Ibarra Sánchez lleva trabajando más de 10 años para mostrar cómo afecta la guerra a la educación a través de su proyecto “HIJACKED EDUCATION” y ha recibido numerosos premios internacionales y expuesto en galerías americanas, europeas y asiáticas. A lo largo de los últimos años, Diego Ibarra se ha centrado en concienciar a la sociedad sobre la necesidad de proteger la educación en países en guerra a través de charlas y ponencias a nivel internacional y nacional

Alejado de la adrenalina mediática, su trabajo se centra en mostrar las consecuencias de la violencia, resiliencia y estoicismo de los protagonistas de sus historias para destacar, no sólo los estragos de la guerra sino la superación y esperanza de las personas que viven y sobreviven en los países devastados por ella.

Entre otros reconocimientos, ha sido finalista World Photographic Cup 2025 con el equipo español, tercero en la competencia Best of Photojournalism 2025 de la NPPA, The New York Times best pictures of 2024, Photographer of the YEAR 2024 by POY ASIA, Primer Premio Internacional de Fotografía Esperanza Pertusa 2023 con Hijacked Education, Pictures of the YEAR LATAM 2023 o Best INDEPENDENT Photo Book by LUCIE FOUNDATION 2022.