Un año después del comienzo de la invasión rusa de Ucrania, con la ayuda de su aliado local, el Institute of Mass Information (IMI), Reporteros Sin Fronteras (RSF) hace balance en cifras de los ataques cometidos contra los periodistas y los medios de comunicación, además de los medios que ha desplegado la ONG para apoyar la información de calidad y luchar contra la propaganda rusa.
Desde el inicio de la invasión rusa, 12.000 periodistas, ucranianos y extranjeros, han sido acreditados para cubrir la guerra en Ucrania, según la nota remitida por RSF. Aunque la situación es especialmente alarmante para los periodistas que se encuentran en las zonas ocupadas, el conjunto de los medios ucranianos se han visto severamente afectados por el conflicto y por sus repercusiones.
De los ocho periodistas asesinados durante los primeros seis meses de la guerra, la mayoría ha sido herido mortalmente por disparos. Es el caso del periodista francés Frédéric Leclerc-Imhoff, que se encontraba a bordo de un vehículo y que fue deliberadamente alcanzado por las tropas rusas. Otros, como el fotorreportero y fixer ucraniano Maks Levin, fueron ejecutados a sangre fría, mientras que las circunstancias en las que otros fueron asesinados, como el documentalista lituano Mantas Kvedaravicius, cuyo cuerpo fue hallado sin vida en Mariúpol, siguen aún hoy sin esclarecerse.
Del medio centenar de periodistas que han sido el blanco de disparos con armamento de fuego o artillería, según el recuento de RSF, al menos 26 fueron objetivos deliberados por su condición de reporteros.
Cerca de veinte periodistas ucranianos y extranjeros han resultado heridos y, de ellos, al menos cuatro, de gravedad. La mayoría ha sido víctima de los bombardeos rusos, pero otros han sido alcanzados por disparos de bala, como los periodistas daneses Stefan Weichert y Emil Filtenborg Mikkelsen, apuntados por un tirador no identificado, en el noreste ucraniano.
Las infraestructuras civiles destinadas a la difusión de información han sido un blanco privilegiado de las tropas rusas. Cerca de la mitad de los ataques contra torres de televisión se registraron en los primeros días de la guerra, a principios de marzo de 2022, en el conjunto del territorio ucraniano. En total, al cabo de un año de conflicto, el ejército ruso ha atacado en 16 ocasiones torres de televisión ucranianas.
RSF ha interpuesto siete denuncias por crímenes de guerra ante la Corte Penal Internacional (CPI) y ante la Fiscalía General de Ucrania, por 44 ataques cometidos en suelo ucraniano que afectan a más de 100 periodistas y a 11 torres o infraestructuras de radio y televisión. Todos estos crímenes no hacen sino confirmar que el ejército ruso lleva a cabo una auténtica guerra contra la información.
Ciberataques, hackeo y piratería, amenazas, ataques contra cuentas de medios en las redes sociales… La guerra de la información también se libra en Internet, donde se han censado al menos 42 ciberdelitos en el último año.
Asimismo, 217 medios ucranianos se han visto obligados a echar el cierro por la ruptura de las cadenas logísticas, la pérdida de suscriptores, la falta de trabajadores o las necesidades financieras crecientes por el impacto de las destrucciones.
No obstante, según RSF, la creación de un Centro para la Libertad de Prensa primero en Lviv, el 11 de marzo de 2022, y, dos meses más tarde, en Kiev, en colaboración con el Institute of Mass Information (IMI) y otras organizaciones locales, entre ellas el Sindicato Nacional de Periodistas de Ucrania (NUJU), ha permitido dotar de equipos de protección individual a cerca de 750 periodistas de 36 nacionalidades diferentes (la mayoría, ucranianos). Se les ha proporcionado chalecos antibalas, cascos y kits de primeros auxilios trauma, para soporte vital.











