La ética de la entrevista

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Una de las más duras críticas al trabajo de los reporteros dice así: “Todo periodista que no sea demasiado estúpido o demasiado engreído para no advertir lo que entraña su actividad sabe que lo que hace es moralmente indefendible… explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas,se gana la confianza de estas para luego traicionarlas“. Son las frases iniciales de El periodista y el asesino, un largo reportaje (se publicó por entregas en New Yorker y luego como libro) de una periodista, sobre el juicio a otro periodista.

La autora, Janet Malcolm, reconoce que muchos compañeros de profesión “se irritaron profundamente” con ese contundente alegato; pero no se puede dudar de que la diferencia entre lo que un entrevistado espera y lo que se publica puede ser importante y los periodistas deben tenerla en cuenta. No hay que esperar conflictos tan graves como los que se cuentan en este libro; pero las reflexiones de Malcolm son de interés para cualquier periodista.

MacDonald contra McGinniss 
El periodista y el asesino parte de la demanda que enfrentó a Jeffrey MacDonald contra Joe McGinniss. El primero, un médico acusado del asesinato de su mujer y sus dos hijas pequeñas, convenció a McGinniss, un periodista de fama, para que siguiera su juicio como parte del equipo de su defensa y luego escribiera un libro; así buscaba participar de los derechos de autor y pagar al abogado.

MacDonald fue declarado culpable y encarcelado y años más tarde, el periodista publicó su libro,Visión fatal, en el que lo describía como un psicópata y afirmaba su culpabilidad, pese a que el juicio no había aportado pruebas concluyentes. El convicto denunció entonces al periodista por engaño, presentando cartas que demostraban cómo en todo el proceso de escritura le había ido pidiendo información mostrándose como amigo y defensor de su inocencia.

En este segundo juicio, McGinniss y algunos otros escritores de no ficción, llamados como testigos, argumentaron que la supuesta simpatía era un método indispensable para obtener información y llegar “a la verdad”. Así, uno de estos testigos, Joseph Wambaugh, defendió así la diferencia entre “mentira” y “falsedad”: “En una mentira hay malicia, hay mala voluntad, lo cual no está implícito en una falsedad. En cualquier reunión, todo el mundo está diciendo falsedades: “¡Oh, qué espléndido aspecto tiene usted!”.

Sin embargo, el jurado se mostró tan contrario a esta idea que McGinniss llegó a un acuerdo para pagar al demandante 325.000 $. “Cinco de los seis miembros del jurado estaban persuadidos de que un hombre que cumplía tres sentencias consecutivas por el asesinato de su esposa y de sus dos hijas pequeñas merecía más simpatía que el autor que lo había engañado”, escribe Janet Malcolm.

Citas sobre dos problemas éticos
¿Pero es defendible la postura de McGinniss?, ¿no es admisible para sonsacar información? Janet Malcolm sostiene que no, aunque trata los problemas éticos que se pueden plantear (y muestra que considera algún truco justificable al acudir a una cita que el abogado del periodista había anulado, fingiendo que no le había llegado el mensaje).

Por otro lado, la periodista argumenta en su libro que el supuesto asesino resultó ser un personaje cuestionable pero que no tenía tanto interés como para protagonizar un libro, por lo que McGinnis optó por orientar la historia del modo que más pudiese gustar a los lectores, no buscando esa verdad a la que apelaba y que para Malcolm es una meta quizá inalcanzable (ella no concluye nada sobre la culpabilidad o inocencia del asesino), pero que exige la mayor honestidad y transparencia.

Así, El periodista y el asesino aborda dos grandes problemas éticos, relacionados, del periodismo: la relación con los entrevistados y él respeto a la verdad. Sobre estos dos asuntos, el libro nos ofrece varias citas de interés, como guía o materia de reflexión.

“La persona entrevistada es como Scheherezade. Vive con el temor de que lo consideren poco interesante“.

“La persona entrevistada, lo mismo que el paciente, domina la situación y se impone. El periodista no puede crear a sus protagonistas, así como el analista no puede crear a sus pacientes”.

“La gente cuenta a los periodistas sus historias como los personajes de los sueños sus mensajes: sin aviso, sin contexto, sin preocuparse por lo extraño que puedan parecer”.

“Si uno parte de la suposición de que MacDonald es culpable, interpreta los documentos de una manera y lo hace de otra manera si supone su inocencia. El material no habla por si mismo“.

“A diferencia de otras relaciones que tienen un fin determinado, la relación de autor y persona tratada por éste parece depender para perdurar de una especie de encubrimiento de sus fines. Si todo el mundo pone sus cartas sobre la mesa la partida toca a su fin. El periodista debe realizar su trabajo en un estado de anarquía moral deliberadamente producido… (Es) “Un desafortunado azar de su ocupación antes que una virtuosa necesidad”.

“Lo que le da al periodismo su autenticidad y vitalidad es la tensión que hay entre la ciega entrega de la persona entrevistada y el escepticismo del periodistaLos periodistas que se tragan por entero la versión de las personas entrevistadas y la publican son, no periodistas, sino publicistas“.

“El autor de una obra no ficticia está sujeto a un contrato con el lector y por ese contrato se limita a tratar solo acontecimientos que realmente ocurrieron y personajes que tienen sus réplicas en la vida real; pero no puede embellecer la verdad de esos acontecimientos o de esos personajes”.

“Estoy hablando de esas limitaciones del autor de obras no ficticias como si fueran desventajas, cuando en realidad hacen que su trabajo resulte menos arduo. El novelista tiene que entregarse a la terrible labor de construir un mundo, en tanto el autor de obras no ficticias encuentra su mundo ya hecho“.

“El lector extiende una especie de carta de crédito al autor no ficción que no extiende al autor de ficciones, por eso el novelista debe ser puntilloso en presentar la mercancía … Por supuesto, no existe una obra hecha solo de hechos puros ni de pura ficción. toda obra de ficción se sustenta en la vida, así como toda no ficticia en el arte”.

Joaquín Marco Sanz, periodista

del blog ‘El objeto de la comunicación