¿De qué sirve a los periodistas ser el “Cuarto Poder”?

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¿Se acuerda de la chica de “la he liao parda“?¿y de la joven que salió en televisión en tal estado de embriaguez que no recordaba de dónde procedía la mancha blanca en su pelo?  ¿y del que cantó “pim, pam, pum, toma Lacasitos”? Pocos han olvidado los rostros de estos personajes que se han vuelto virales a nivel nacional. ¿Qué ocurrió con ellos y ellas? Se rumorea que algunos abandonaron sus localidades, incluso sus estudios, con el objetivo de apartarse de las burlas y las constantes humillaciones que sufrían.

La cámara cambió sus vidas. Se convirtieron en unos señalados de por vida. Será una lastra. Y esta situación provoca que me ponga en su piel, en sus zapatos, como describían nuestros compañeros latinoamericanos en el Congreso de Huesca. ¿Era realmente informativo mostrar sus caras? ¿Por qué el periodista no fue capaz de añadir un pixelado y permitir que su fuente tuviera una segunda oportunidad? ¿Por qué un profesional de la información no valora que los testigos están en una situación de indefensión?

El contexto es sencillo, un control de alcoholemia. Nuestra fuente se halla en un estado deplorable e inconsciente. El periodista sabe que se va a enfrentar a personas ebrias y, con alta probabilidad, habrá sufrido ese estado comatoso en algún momento de su vida. Entonces, ¿por qué no plantea la posibilidad de pixelar caras, cubrir el rostro…? La respuesta es todavía más sencilla, el morbo, la prensa amarillista. Ese color amarillo nos está arrebatando la credibilidad poco a poco. Se trata de un tinte que hace que incluso el periodista se olvide de que alguna vez fue persona que también comete errores. .

Luego no nos tiene que sorprender que nuestro público pida el derecho al olvido ni que protagonicen las carreras más disparatadas al vernos con el micro en la mano. Sin duda los ejemplos que cito se podrían haber pixelado sin restar veracidad a la información. De esta forma, las conciencias y las vidas de los infractores hubieran permanecido en el anonimato y la información hubiera seguido siendo válida. Sí, estas fuentes hubieran tenido la posibilidad de enmendarse, de continuar con su vida sin sufrir humillaciones por esa vez que su rostro salió en televisión diciendo alguna estupidez. Porque… compañeros, ¿quién no ha hecho tonterías alguna vez en su vida? Que no se nos olvide plantearnos esta pregunta antes de emitir una información de este tipo.

Es hora de ponernos en los zapatos del otro, como si fueran nuestros, como si calzaran nuestra misma horma… Sus callos, sus talones, sus huellas, todo nos tendría que doler y hacer dudar antes de publicar una información. Porque sí, seguimos siendo un “Cuarto Poder”, pero a veces se desvía del Norte. Somos el ojo de Sauron, que todo mira y que todo vigila, dando voz a todas las partes, siendo conscientes de las consecuencias. Solo así evitaríamos condenar a la humillación a nuestras queridas fuentes, desprotegidas en algunos momentos donde los periodistas llevan la batuta.

Y, al final, me pregunto, ¿en qué hemos convertido ese poder, ese derecho, que nos presta la sociedad? ¿de qué nos está sirviendo? En algunas ocasiones parece que solo para trazar una burlesca, un esperpento, unos ataques, un pim y un pam de deformidades que nos llevan al fondo del abismo. Seamos justos, nuestros dueños son nuestros lectores, radioyentes o espectadores. Vamos a respetarlos.

Leticia Celma 

Periodista