Walter Haubrich, un periodista que fue testigo fiel de la transición

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El otro día fallecía en Madrid el periodista Walter Haubrich (Westerwald, Alemania, 1935 – Madrid, 6 de abril 2015). Fue durante más de treinta años corresponsal en España del prestigioso diario conservador alemán Frankfurter Allgemeine. Juan Cruz, en la nota necrológica que publicó en El País escribía sobre él: ”Con Harry Debelius, el que fue corresponsal del Times de Londres en las postrimerías del franquismo, y de José Antonio Novais, que, en situaciones complicadísimas, ejerció la misma función para el diario Le Monde, sin duda ha sido Haubrich el enviado de un diario extranjero que de manera más delicada y comprensiva se ha dedicado a este país en el muy largo tiempo de transición democrática española”.

Los tres corresponsales (y alguno más) eran en el Madrid del final del franquismo una referencia obligada para los partidos de la oposición si querían que las informaciones, cuya publicación impedía la censura franquista, se conociesen en el extranjero. Haubrich era un tipo grandullón, que hablaba con bastante acento alemán. Era muy buena persona. Sabía informarse e informaba muy bien sobre lo que estaba pasando en España, unos años antes de la muerte de Franco, y después durante toda la transición. Era un periodista valiente que siempre estaba donde tenía que estar. Discreto, sencillo, muy culto. Un hombre sin miedo.

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Walter Haubrich en su despacho. Foto: EL PAÍS

“Con Franco había que ir en persona a todo, no podíamos hablar por teléfono”

Hace unos años se recogieron sus crónicas periodísticas en cinco tomos, – de más de 1.500 páginas -, publicados entre 1995 y 2007, con el título de SpaniensschwierigerWeg in die Freiheit (El difícil camino de España hacia la libertad) que lamentablemente todavía no ha sido traducidos al español. Allí se reflejan algunos acontecimientos que más le marcaron: el proceso de Burgos (en 1970, contra militantes de ETA), la revolución portuguesa (1974), las últimas ejecuciones franquistas en Hoyo de Manzanares (1975), las primeras elecciones democráticas (1977), la primera aparición pública de Santiago Carrillo con peluca…  “Fue en un piso de la calle de Santa Catalina, 4”, recuerda. “Aquella fue una mañana movida de 1976, con citas secretas y muchas vueltas a la manzana para despistar”.

José Comas, escribía en El País, el 14 de julio de 2007 que “a través de la lectura de las crónicas de Haubrich, que no han sido corregidas y se publican tal como aparecieron en su día”, escribe, se puede revivir la historia cotidiana de aquellos años decisivos de España. La obra tiene el valor de la visión del corresponsal en caliente, en el momento de producirse los hechos, sin que una elaboración posterior modifique la perspectiva. Por eso incluso los errores de apreciación y los pronósticos no cumplidos adquieren un interés especial por la frescura que transmiten. Las crónicas, además de por su excelente dominio del alemán y su profundo conocimiento de España, se distinguen por una visión que no procede de la distancia o la lejanía. Haubrich, que llegó a España a finales de los sesenta como lector de alemán en la Universidad de Santiago de Compostela y en Valladolid, siente como algo propio los problemas de España y los objetos sobre los que informa. En ocasiones se ocultan a duras penas sus filias y fobias. Su visión progresista llama la atención a muchos en un periódico conservador. Esto sirve de testimonio del grado de libertad de expresión y tolerancia del Frankfurter Allgemeine, y de una envidiable libertad interna de prensa”.

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Walter con el periodista italiano Josto Maffeo

Lo que era ser corresponsal en los últimos años del franquismo

El propio Walter Haubrich explicaba, en una conferencia que impartió el 16 de febrero de 1998 en la Escuela de Periodismo del País, lo que era ser corresponsal en los últimos años de Franco. Afirmaba que, “a diferencia de lo que le sucedía a la prensa española, los corresponsales no sufrían la censura previa; pero se les perseguía de mil maneras. Uno de los ministros de Información de la época, Alfredo Sánchez Bella [que ocupaba ese cargo cuando el Gobierno cerró el diario Madrid] aseguraba que los corresponsales obedecían a consignas de Praga y eran pagados con el oro de Moscú, lo cual dio ocasión a que funcionarios franquistas perdieran su tiempo en la búsqueda de rastros de militancia comunista entre ellos”.

“Los corresponsales teníamos presiones, pero no censura”, decía. Cuando mis artículos disgustaban al régimen, me llamaban del Ministerio de Información y Turismo para reñirme. “Fraga era el peor, pero por lo menos leía y sabía distinguir. Sánchez Bella [Alfredo, su sucesor en el ministerio] era un bruto y siempre decía: ‘Sois gentuza pagada por el oro de Moscú. Seguís las consignas de Praga’. Me amenazaron con expulsarme por lo menos diez veces”. Nunca lo cumplieron. “Todo cambió con Pío Cabanillas. Metió a gente con la que se podía discutir. La peor amenaza era cuando decían: ‘Se ha enfadado el almirante [Carrero Blanco, presidente del Gobierno]’. Y yo contestaba: ‘Lo siento, pero no escribo para el almirante, sino para el millón de lectores de mi periódico“.

Una vez, Saturnino Yagüe, que era jefe de la Brigada Político-Social de la policía, le amenazó, -después de detenerle-, con que iban a colocarle al otro lado de la frontera “por rojo”. Pero no lo hicieron. No se atrevieron.El escándalo internacional hubiera sido demasiado  grande, y ya, entonces, la dictadura no podía permitírselo. El otro día fallecía en Madrid, tenía 79 años. Un periodista que fue testigo fiel de la transición.

Juan José Morales Ruiz,

Doctor en Periodismo