Una defensa de la objetividad periodística

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Publicado en El objeto de la comunicación.

En los debates sobre la esencia del periodismo no parece haber un punto de conflicto más constante que el de la objetividad. Si existe, si es posible, cómo lograrla o, incluso, si conviene son tema continuo de declaraciones encontradas. En mi opinión, ya expuesta en mi blog ‘El objeto de la comunicación’, muchas veces porque la palabra objetividad se utiliza con distintos sentidos.

Me ha reafirmado en esta idea la lectura del ebook Periodismo comprometido, en el que la ONG Oxfam Intermón resume lo tratado en un ciclo de mesas de trabajo “en las que los principales periodistas de habla hispana han expuesto su visión sobre la situación del periodismo actual y su compromiso con las personas”. Allí, en pocas páginas se pasa de un capitulillo titulado “La objetividad no existe” a esta frase de resumen: “Que el periodismo ha de estar cerca de la verdad, es otra de las conclusiones unánimes de los encuentros”. Pero si admitimos que existe una verdad que se puede conocer y comunicar estamos reconociendo que existe la objetividad periodística. Hay pues un equívoco que debe explicarse.

 

Una objetividad humana.

El diccionario de la RAE da dos significados generales para el adjetivo objetivo: “Perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir” y “Desinteresado, desapasionado”; pero ninguna de estas definiciones es aplicable plenamente a lo que aspira el periodismo.

Respecto al primer significado, dice el periodista y escritor Martín Caparrós: “Siempre hay una persona mirando. No hay forma de no involucrarse“. Respecto al segundo, Olga Rodríguez señala: “¿A qué se llama periodismo objetivo? ¿Al periodismo neutral? ¿Al periodismo equidistante que sitúa al mismo nivel al opresor y al oprimido? ¿Al que narra una realidad exponiendo dos declaraciones diferentes sin contar nada más? ¿Dónde está ahí la narración de la realidad? Tú como periodista tienes que ir más allá”.

Pero en puridad ninguna actividad humana puede ser ajena a la manera de sentir y a los intereses de quien la ejecuta. Igualmente podría decirse que ningún juez dicta sus sentencias con objetividad o un investigador confirma sus descubrimientos. Y ciertamente existen jueces prevaricadores y científicos falsarios; pero se acepta que estos realizan bien su trabajo si se esfuerzan en seguir una serie de principios básicos de su profesión.

Pues bien, un periodista será igualmente objetivo si sigue una serie de reglas para procurar que su relación de una noticia trasmita lo mejor posible la esencia de lo que narra. Necesariamente su trabajo será incompleto y cuestionable y a veces será también erróneo: pasa en cualquier actividad humana y el periodismo tiene además limitaciones propias. Es imposible una Objetidad Absoluta, con mayúsculas; pero sí hay que exigir una modesta objetividad humana basada en el intento serio y constante de estar cerca de la verdad y narrarla.

 

Cinco reglas básicas.

El periodismo es pues objetivo cuando sigue una serie de principios básicos para conseguir ese fin de narrar la verdad. Señalar y explicar estos principios es un tema complejo; pero al menos se pueden señalar cinco ideas clave.

-Comprobar y documentar en lo posible las afirmaciones de la noticia y explicar al lector cómo se saben.

-Contar todos los elementos relevantes sin alterarlos ni sacarlos de contexto.

-Defender siempre los valores aceptados universalmente como guía de juicio, con independencia de las circunstancias de cada caso.

-No prejuzgar los hechos en base a las creencias propias.

-Nunca enfocar la noticia sobre los intereses propios o de un grupo de poder (político, económico…) sino sobre cómo afecta al público.

Esforzándose en cumplir estas ideas y reconociendo y corrigiendo las equivocaciones que se hayan podido cometer, no lograremos la objetividad plena, pero andaremos por sus dominios.

Joaquín Marco

‘El objeto de la comunicación’