Rolando Rodríguez: “Muchos periodistas están muriendo, cumpliendo con su deber en el ejercicio de la libertad de expresión”

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Leticia Celma

Auditorias fiscales sin justificación, ataques a los periodistas, comentarios soeces son algunas de las circunstancias a las que se tienen que enfrentar los profesionales de Panamá. Para contar la situación en la que está la libertad de prensa de este país latinoamericano, participó el periodista Rolando Rodríguez en la pasada edición del Seminario de Periodismo Comprometido, organizado por Oxfam Intermón en colaboración con el Congreso de Periodismo Digital de Huesca. El profesional panameño relató un bloqueo y otros ataques que ha vivido desde su trabajo en el periódico ‘La Prensa’, así como las diferencias que comprobó respecto a los medios de comunicación españoles.

Las presiones son recibidas por parte de casi todos los periodistas latinoamericanos.

Los casos que nosotros enfrentamos en Panamá, frente a los que tienen que enfrentar, por ejemplo, medios independientes en Ecuador, Argentina, Bolivia, Nicaragua o México, son insignificantes. En esos países mueren periodistas, cierran, se enfrentan a procesos judiciales que los llevan a la cárcel, los medios de comunicación sufren falta de insumos y son degradados, estigmatizados y amenazados de muerte. En el caso de México es evidente que muchos periodistas están muriendo cumpliendo su deber en el ejercicio de la libertad de expresión, han pagado muy caro perdiendo su vida.

 

También participó en el Workshop de profesionales que tuvo lugar previamente al pasado Congreso de Periodismo Digital, ¿qué diferencias comprobó entre España y Latinoamérica?

Estoy decepcionado porque veo como el periodismo en España está casi de rodillas frente a poderes económicos. En Panamá tenemos muy claras las diferencias y los límites entre lo que es la publicidad y lo que es la información. Hay límites muy bien definidos y, además, son respetados incluso en medios de comunicación que no son tan influyentes. Aquí veo la influencia creciente de los anunciantes en los contenidos. Obviamente esto va en detrimento de la propia carrera y de la credibilidad de los medios. De ahí que estén surgiendo alternativas de pequeños medios. Aun así, la vulnerabilidad de los grandes medios está haciendo que los más pequeños sufran consecuencias. Si ponemos el caso de América Latina donde medios pequeños hacen frente a peligros tan grandes como poner su vida en riesgo, pues sorprende que en España el asunto sea una pelea de dinero, no de contenido ni de compromiso. Estoy un poco decepcionado.

 

Rolando Rodríguez - Foto Álvaro Calvo

Rolando Rodríguez, junto a Carmen Aristegui y Gumersindo Lafuente, en el Seminario de Periodismo Comprometido en marzo./Álvaro Calvo

De su experiencia ha extraído el bloqueo que sufrió ‘La Prensa’ en 2012.

El periódico inició una investigación acerca de un contrato con una empresa, que era contratista del Estado. El dueño de la empresa se disgustó con nuestra publicación. Hicimos todos los esfuerzos por contactarlos, dieron su versión y ésta fue reflejada en el reportaje. Pero, como el reportaje no les favorecía porque se encontraron una serie de irregularidades, la empresa intentó evitar la circulación del diario, trasladó camiones, equipo pesado y toda clase vehículos a la zona donde estábamos. Los puso de tal manera que los que estábamos dentro no podíamos salir. Era un bloqueo total. En consecuencia, tampoco podíamos sacar los periódicos. Estuvimos allí bloqueados durante unas cinco horas. Eso impidió que el periódico hiciera una circulación completa ese día.

 

Pero la historia fue más allá….

A las 12.00, el presidente de la República, Ricardo Martinelli, se presentó a las instalaciones del periódico. Allí ya se había reunido una gran cantidad de personas que se habían comunicado a través de las redes sociales: empresarios, el vicepresidente de la República, Juan Carlos Valera… El presidente llegó escoltado. Hubo momentos de tensión porque los manifestantes que estaban allí comenzaron a gritarle ladrón y corrupto. El presidente, que evidenciaba signos de ebriedad, intentó hablar con los trabajadores a fin de que se retiraran. Cosa que logró después de que se marchó. Después corroboramos que aquella actuación fue un ardid porque el dueño de esa empresa resultó ser muy amigo del presidente, un amigo incluso de la presidencia. Le abrimos una causa penal, que los tribunales no han llevado adelante por tecnicismos inútiles, totalmente fútiles. Estamos tratando de conseguir una condena, porque eso es un delito en Panamá. Las relaciones con el Gobierno son muy tensas, hasta el punto de que el Gobierno mantiene una campaña contra nuestros medios, periodistas y directivos. Todos los días vemos comentarios soeces.

 

Incluso ha vivido ataques a su persona.

Como consecuencia de una investigación, una persona allegada al presidente creó una sociedad investigada por los fiscales. Publicamos una investigación durante varios días, y esa información fue reproducida en varios medios internacionales. El presidente se sometió a una entrevista en televisión en la que se defendió. El presentador citó las propias palabras del presidente, cuando todavía no lo era, pidiendo que se sometieran la anterior presidencia a una prueba del polígrafo para ver si decían la verdad. “¿Usted estaría dispuesto a hacerse la prueba?”, preguntó el periodista de televisión a lo que el presidente respondió que sí, pero añadió que también tendría que hacerla el fundador del periódico (‘La Prensa’), los testigos, una política de oposición que estuvo detrás de este caso y yo. Fue muy fuerte, porque nos preguntábamos qué teníamos que probar. Nosotros publicamos varias notas diciendo que estábamos esperando a que nos llamara para hacernos la prueba, nunca fue así.

 

Todas estas presiones, ¿valen la pena?

En cada caso hay que verlo. En la lucha que se lleva a cabo en México evidentemente que vale la pena. Los valores de los pandilleros y de los narcotraficantes no pueden prevalecer sobre los valores de la sociedad. Eso es renunciar a vivir en paz y a un estilo de vida. En el caso de Panamá, si nosotros no hacemos la pelea a estas conductas excesivamente abusivas de poder, terminaremos siendo vasallos, no ciudadanos. La prensa tiene deberes con los ciudadanos, y cuando hablo de la prensa estoy hablando de todos los medios. Es un privilegio trabajar en un medio de comunicación. Tienes acceso a muchas cosas que el ciudadano común no tiene. Y ese privilegio está dado por la ciudadanía. Ese privilegio no es otro que hablar en nombre de los ciudadanos. Si te debes a alguien no es a los anunciantes, es a los ciudadanos a los que informas. Ese poder que tiene la prensa emana de la ciudadanía, no emana de la publicidad, ni de las marcas, ni de las empresas. Obviamente ellos contribuyen a que un medio de comunicación tenga independencia, pero la independencia depende en gran medida de cómo cubras y cómo ofrezcas una información a ese público que espera de ti que les des verdad. Es el principal insumo de un medio de comunicación. Quizá algunos medios de comunicación de España estén cediendo a cambio de subsistir económicamente, pero, aunque subsistan, su credibilidad dónde va a quedar.

 

Al hilo de la publicidad, explíquenos cómo se financian los medios de comunicación panameños para evitar la injerencia de los poderes.

En gran medida, la ciudadanía tiene claro que de otra forma no tendría acceso a la información. De manera que, si bien los empresarios ganan clientela a través de los anuncios, también están conscientes de que sin los medios de comunicación no sabrían o no podrían, por ejemplo, protestar en caso de que el Gobierno les imponga un impuesto injusto. Así que hay un beneficio mutuo. Como ciudadano ofrezco mi información, ellos a cambio reciben clientela, también les permite tener voz sin que el medio se comprometa a hablar en nombre de su empresa. Antes que ser empresario, eres ciudadano, y como ciudadano tienes derechos.

 

Entonces, ¿no hay publirreportajes en los periódicos de Panamá?

Eso está estrictamente prohibido. Aun cuando lo identifiques como un publirreportaje, en ese momento pierdes toda la credibilidad. Si no lo identificas, todavía es peor porque el lector se siente ofendido. En el fondo hemos acostumbrado al lector a tener claro qué es información pura y qué es información publicitaria. Si tratas de mezclar las dos cosas, es un signo de debilidad, y si eres débil en tu posición editorial, pierdes credibilidad.