Buitre y mentiroso

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En esta vida me he tenido que oír de todo, desde buitre hasta mentiroso y sinvergüenza, incluso he sido víctima de amenazas físicas y verbales, y todo por servir a la verdad, por ser testigo de momentos delicados, aunque también alegres por los que he recibido mi recompensa moral. No sé si soy un viejo periodista o un periodista viejo que todavía quiere alimentar un permanente espíritu joven y hasta rebelde, abierto a un evolucionismo constante, no sé si acertado o no. Por ello mismo, y hablo exclusivamente de mi caso, dudo mucho eso de que la veteranía sea un grado, aunque algo sí ayuda. Prefiero partir de la base de la necesidad de ser un eterno aprendiz de la vida, de la cultura, de la comunicación, y así sentirme una persona cada vez más libre. Si algo me gusta de esta veteranía de la que disfruto, es que he tenido amigos personales que en sus últimos años de vida fueron para mí unos auténticos maestros, que me permitieron la cercanía hacia a unas fuentes de sabiduría enormes, solo asimilables por personas de su condición humanística e intelectual. Ni de lejos me considero capaz de llegar a una cierta aproximación, porque por poner ejemplos, diré que Sabino Ruiz Jalón y Pepe Montero Alonso, e incluso Pepe Molina Plata y Alejandro Fernández Pombo, dejaron una estela imborrable en mi interior. Permitidme que me centre en Sabino, contemporáneo y buen amigo de Federico García Lorca que fue, y con quien compartí cientos de horas de conversaciones. Para la historia quedará grabada su intervención en la refundación de la Sociedad El Sitio, de Bilbao, en la que tuve la suerte de participar. Entre otras palabras dijo: “Dicen los pastores que las águilas vuelan solas; es verdad. Sólo necesitan el espacio infinito del cielo azul y la inmensidad de la Naturaleza para volar. Veamos en ella nuestro símbolo, y como el águila, volemos por los espacios infinitos de la Libertad y la Cultura”.

Ante estos razonamientos, a nadie se le escapa que estamos en la profesión más bella del mundo, a la que nos entregamos con amor, pero que tantas amarguras suele darnos. Hoy en día, el periodista que tiene la suerte de ocupar un puesto laboral apropiado a su formación, debe estar preparado para lo bueno y lo malo, en especial cuando los vientos soplan huracanados en dirección adversa, para ser un incomprendido por parte de ciertos sectores de la sociedad, para ser tachado de buitre, de culpable de muchos de los males que padece el país. Antes, en el año uno de nuestra era no sé si estaría establecido el ejercicio de esta profesión, pero no me extrañaría nada de que si Jesucristo hubiese muerto a estas alturas en la cruz, más de uno diría eso tan manido de que “la culpa la tienen los periodistas”. Y luego aún habrá quien nos denomine “el cuarto poder”.

Pues sí, que antes éramos unos privilegiados a quienes no solo se nos respetaba, sino que llegábamos a unos grados de admiración del que hoy gozan unos pocos, circunstancia que también repercute económicamente y con abismales diferencias. Para colmo pocos son los que alcanzan puestos laborales en las redacciones de los medios informativos, cada vez más disminuidos, muchos periodistas tienen que convertirse en autónomos a fin de obtener algún ingreso y poder cotizar. Quedan las posibilidades que ofrecen los gabinetes de comunicación, los puestos de directores de comunicación, pero para mayor sarcasmo hay empresas que ni siquiera exigen una titulación o preparación apropiada, que solo se pueden garantizar a través de las intervenciones de las Asociaciones de Periodistas. Para más guasa está la Universidad de Zaragoza, que imparte los títulos universitarios correspondientes y específicos, pero que después no los exige a la hora de sacar a concurso un puesto de trabajo. Y las facultades están llenas de aspirantes que trabajan duramente para ser alguien en la profesión elegida. Los alumnos saben perfectamente que el periodismo se halla inmerso en un paréntesis crítico, pero ellos han decidido seguir adelante y mirar hacia el horizonte con una sonrisa, pensando como en su día ya lo hicimos nosotros, que a pesar de todo, no hay otra profesión más bella que la nuestra.

Manuel Español

Periodista