Fallece María del Rosario de Parada

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Concha Monserrat

María Rosario de Parada (Zaragoza 1921) fue una mujer contra-el-tiempo, una luchadora hercúlea de físico menudo y frágil alejado del típico tópico de los héroes novelescos. Claro que su vida fue como una novela, que ella misma contó; fue finalista del planeta en 1996 con “Erminda Borgheti , una mujer” la historia narraba la vida de su colaborado en aquella Argentina a la que llegó con sus hijos y su marido Hernán Palacio y donde tuvo que pelear para sacar a la familia adelante y donde vivió hasta 1959.

Esa era la María Rosario que comenzó a desvelarse años después de que yo la conociera, en la Asociación de la Prensa, cuando ella que durante años escribía en El Noticiero, de moda, arte o música, se empeñó en sacar la carrera de periodismo mientras otros pensaban en jubilarse. Le apasionaban  los temas históricos , es autora de “Isabel el testamento de una reina” y ganó entre 1960 y 1963 tres concursos con guiones históricos en radio Nacional.

 

Mª Rosario de Parada Premio APA

Mª del Rosario Parada recibe el reconocimiento de la APA a su trayectoria, en 1999, de manos del entonces presidente, Ramón Buetas.

En la SER su cuadro de actores representó otro de sus relatos . María Rosario sería hoy una paradoja, un chispazo en tiempos en los que se retira a los que pasan o se acercan a los cincuenta sin solución de continuidad. Ella tenía claro que quería sacar la carrera y lo hizo con tesón /tozudería hincó los codos y sacó ese título en Barcelona en 1981. La recuerdo con Pilar Soria repasando apuntes y entusiasmada con demostrar que la vida puede empezar en momentos insospechados. De hecho en sus últimos años publicó “El manifiesto de un jubilado” donde reflejaba su capacidad de exprimirle a la vida todo su jugo. Menuda vivaz, simpatiquísima, María Rosario deambulaba entre su oficio de periodista y su vocación de escritora, poemas, novelas, conversaciones con Laín Entralgo, un libro sobre “los gitanos en Aragón”, historias sobre el Canfranc, “Entre dos fuegos” . Era la guía viva y vivaz , la memoria de Santa Cruz de la Serós, sin duda su paraíso en el Pirineo. Su paraíso y el de su numerosa familia.

Volcó sus esfuerzos en el Ateneo de Zaragoza, no dejó de moverse y de imaginar proyectos hasta el final de sus días. Pero a aquella mujer rubia, menuda, yo la recuerdo sobre todo en la cocina. Era una genial cocinera, un genio de los fogones. Quien concita en torno a una mesa a los que quiere tiene ganado el cielo en la tierra y el reconocimiento de los que disfrutan con ella de su arte. Sus huevos tontos eran un prodigio de la cocina exquisita hecha con ingredientes comunes y con el arte de los grandes chefs ¡¡qué huevos comimos en casa de Pepa Cabrera!!. Llegó con la leche , la harina y los huevos como en la canción infantil los frió, los rebozó, los empanó, los volvió a freír y un festín. A las que disfrutamos de ese arte, la Pepa, las Lolas-Ester y Campos-, Genoveva. Chon y yo no se nos olvida nunca aquella comida que recordamos tantas veces. Eso hacía con su vida: ingredientes sencillos y mano de maestra. Quizá en los últimos años le daba pereza la vida y dejó de guisarla.

No sé qué pensaría de lo que ocurre. Pero seguro que con el mismo entusiasmo que sacó la carrera, enseñaba la iglesia de la Serós, disfrutaba de sus nietos y de los amigos, seguro que animaba a esforzarse a pensar que siempre hay un proyecto, un libro, un poema, una lucha que ganar y lo haría. Esa mujer menuda pero firme no daría tregua al desaliento.