Carmen Martínez Alfonso: “Me he divertido mucho con esta profesión”

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Víctor J. Rodríguez

Consiguió el premio de la Asociación en 1991, con una exclusiva nacional sobre una avería en el acelerador de electrones del Clínico de Zaragoza. Entonces trabajaba en Diario 16. Ahora es editora en Aragón Radio. Afirma que ha disfrutado mucho siendo periodista, tanto en prensa como en radio.

“Trabajo con gente más joven que yo, soy la veterana, he pasado por todas las batallitas de la vida y periodísticas”, dice Carmen, con una sonrisa. Después de casi treinta años ejerciendo el periodismo, habiendo trabajado en Heraldo de Aragón, Diario 16, el Periódico de Aragón y Aragón Radio, sigue disfrutando y aprendiendo día a día.

Me gusta esta profesión y me lo he pasado muy bien”, reconoce abiertamente. Sin embargo, recuerda que ” he tenido compañeros y compañeras muy buenos con muchas ganas, que al cabo de unos años se han marchado, porque han echado diez o doce horas al día, como toda la vida, por un sueldo que no les llega para pagar su casa y dicen <<esto no merece la pena>> y lo han dejado”. Para Carmen la crisis “ha terminado de dar el machetazo final” al periodismo. Lamenta que encontrar periodistas jóvenes con ganas y bien pagados sea “imposible. Vivir del periodismo es difícil y es una pena, porque para mí es muy entretenido, he disfrutado una barbaridad”.

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Analizando la actualidad, explica que tenemos que adaptarnos a los cambios porque “lo que hacías hace 10 o 15 años no sirve de nada, lo que te piden las empresas es muy distinto y las herramientas para hacerlo también“. Recuerda que antes el periodista que valía era el que tenía una buena agenda, pero que ahora el que vale es “el multimedia, el que puede buscar, escribir, tratar, presentar la información, escrita y de forma gráfica y en redes sociales, que encima sirve para cubrir un pleno, un debate o un suceso. El periodista multiservicio”. Añade que la especialización periodística está “desaparecida, salvo en algunos grandes periódicos”.

 

El papel e Internet

“Soy una gran defensora de la presa escrita, pero pienso que tiene los días contados. Si los medios se adaptan a las nuevas tecnologías, o tienen una independencia económica podrán sobrevivir”.  Con las nuevas tecnologías el lector tiene la información en el momento y desde muchos puntos de vista. Carmen compara las formas de trabajar actuales con las de antes, cuando “había que buscar la información, cuadrarla, ponerla en un contexto, cuidar el enfoque, todo para el día siguiente. Ahora ya no es así. No puedes salir con un tema de hoy para mañana y los temas propios, las exclusivas necesitan tiempo para sacarlas“.  Los tiempos que corren en la profesión han dejado patente que la supervivencia de los diarios está difícil, “el papel es caro, necesita una maquinaria importante y cuesta dinero. El periodismo no da dinero, lo da la publicidad y ya casi no se invierte. Si el periódico no tiene una mínima independencia económica o una línea editorial marcada es muy difícil que viva”.

A pesar de todo, mira al futuro con optimismo. “Creo que hay que ser optimistas, la gran información tiene su futuro pero será muy distinto. La crisis está hundiendo esta profesión, a las grandes empresas las está fundiendo, todos tienen recortes. Se podrá salir de esta, pero nos quedaremos tan tocados que no sé como acabaremos. Nos ha llevado a sueldos bajos, descrédito, antes el periodista estaba bien valorado, era un oficio importante, ahora ya no lo miran igual”.

Acerca del papel de los gabinetes de comunicación, opina que es un tema que tiene “muchos puntos donde abordarlo”. Valora el hecho de que, con su proliferación, “han proporcionado trabajo a muchos compañeros, han hecho una labor muy importante, pero también han propiciado un muro para los periodistas, aunque muchas veces facilitan la labor. Creo que es otra forma de hacer periodismo, no solo para los partidos políticos, para cualquier empresa, engloba mucho, no solo relaciones con la prensa, sino también instituciones, imagen, márketing, cuando me refería a multiservicio y multimedia también incluyo los gabinetes”.

Carmen afirma que el periodista de hoy tiene que insistir en la formación, “tengo que continuar adaptándome, si intento vivir en la profesión con lo que aprendí en la carrera o la experiencia continuada voy dada”. Tras su llegada a la CARTV ha tenido que formarse en cuestiones audiovisuales. “Un periodista tiene que estar formándose continuamente, no solo en cuestiones técnicas, también en su profesión. Yo hago muchos cursos, sacando tiempo a parte de mi trabajo, que con becas y ayudas no salen caros. Sobre todo me parecen importantes los relacionados con formación teconológica, como los del Centro de Tecnologías Avanzadas, porque creo que el futuro está en los medios audiovisuales”.

 

Radio y prensa

Ahora tiene un cargo importante en Aragón Radio, pero recuerda que ha “disfrutado muchísimo en papel” y que ha vivido una etapa muy distinta a la actual en el periodismo aragonés. “Me tocó una época en la que había una revolución en los medios, todos pedían buscar los tres pies al gato de la gestión de los políticos que te tocaban. En mi caso, tenía que ver que había hecho mal el alcalde o alcaldesa de turno”. Rememora sus días en los que tenía que analizar la gestión de Triviño, Rudi, Atarés y Belloch, buscando “lo que hacía mal el equipo del alcalde, dando igual de qué partido fuese”. Lo combinaba con reportajes de divulgación o como ella dice, “cosas majas, típicos temas de fin de semana”. Con cariño y un poco de nostalgia recuerda los años 90, cuando se rehabilitaron edificios para dedicarlos a usos públicos, “me lo pasaba pipa con el desarrollo urbanístico, la creación del barrio de Parque Goya, el Plan General de Ordenación Urbana de Rudi, Valdespartera, eran tiempos en los que se expandía la ciudad con el tercer y cuarto cinturón, la aparición de grandes centros comerciales, grandes pasteles urbanísticos, la depuradora de Zaragoza y las obras de la Expo”.

Reconoce que los cambios políticos daban mucho juego para los diarios. “Me lo he pasado muy bien, aunque el periodista siempre parece el malo de la película, porque te tienes que meter con todo el mundo, es tu trabajo, lo que te piden. Haces la labor de controlar al poder”, aunque a veces le ha costado algún mal trago. “He llegado a encontrarme con Triviño en el Paseo Independencia y ponerme verde delante de todo el mundo por una cosa que había publicado. Llega un momento en que te preguntas si merece la pena”.

De las historias que vivió relacianadas con políticos recuerda el escándalo de José Marco, ex presidente de la DGA. “Me enviaron a Pedrola, porque sabíamos que estaba retirado allí, desaparecido del mapa. Queríamos encontrarlo y fui con el fotógrafo Ángel de Castro. Para llegar hasta él me tuve que hacer pasar por otra persona que iba a su casa para llevarle un recado. Cuando lo encontramos, en una gasolinera, tuve que pasar la vergüenza de decirle <<lo siento, pero sabe cuál es mi profesión y que no vengo a darle un recado>>, la cosa se puso muy mal y nos fuimos escopeteados. No pudimos hacerle la entrevista ni sacarle foto”.

Como redactora ha vivido muchas historias, “algunas malas y otras buenas, como el día que, de joven, gracias a un contacto y a que me llamo como una controladora, me pude colar en la base de los americanos y me subí a los F18. Me enseñaron todo, los economatos, supermercados, estaba cerrado a cal y canto. Nadie entraba allí, no se podía, fue un reportaje para el nuevo heraldo, ya sin formato sábana. El dibujante tuvo que ilustrar todo, porque no podíamos entrar con un fotógrafo”.

 

Premio

Así recuerda la historia del acelerador de electrones y el trabajo que le valió el reconocimiento de la entonces llamada Asociación de la Prensa, en 1991.

“Me hizo mucha ilusión, era una época en la que trabajaba mucho, tenía unas situaciones personales difíciles, estaba muy metida en la profesión, dedicaba muchas horas, era una periodista joven. Es un asunto que te llega tras establecer muchas relaciones, escuchar las llamadas o llamar mucho a una persona o una institución. Teniendo muchos contactos. En tu día a día llamas a sitios en los que no pasa nada nunca pero un día pasa y hay que tirar del hilo. Es un tema que te crea enemigos y ves dramas humanos. Fue un accidente del acelerador de electrones que se usa para tratar el cáncer en el Clínico. Se hizo una reparación errónea y los protocolos que había entonces de vigilancia y seguridad fallaron, fue un cúmulo de fallos técnicos y humanos.

El acelerador empezó a radiar estropeado e hirió de muerte a 27 personas. Empecé a enterarme de cómo funcionaba un acelerador tras un trabajo de documentación. Era física pura. Me llamaron a una reunión, pregunté que era y no me explicaron nada. Tuve que buscar un experto en la universidad para que me contara lo que era, ya que en el hospital trataban de taparlo. Era un escandalazo, esas personas estaban sobre radiadas y más enfermas de lo que deberían estar. En cuanto hablé con el experto me dijo: <<le explico lo que quiera, pero tiene que saber que todos se van a morir, los 27>>. Me quedé pasmada. No podía publicar eso, era un tema muy serio. Pasaron un par de semanas hasta que empezaron a morir”.

Entre aquellas personas que estaban muriendo, había mujeres jóvenes con niños y yo no le podía decir nada al futuro viudo. Recuerdo que una de las enfermeras acusadas de tratar a los enfermos tenía a su madre recibiendo ese mismo tratamiento, sin saber que le estaba causando la muerte“.

“Hasta 1993 no salió el juicio. Este tema lo seguimos mucho en Diario 16 y en el Periódico de Aragón (después de pasar a trabajar de un medio a otro). Mis jefes allí sacaron la exclusiva del juicio, había un secretismo con ese fallo tremendo y mis jefes lo consiguieron, me dijeron que escribiera la sentencia sin que mis compañeros se enteraran. Yo tenía dos páginas en el ordenador, la ficticia y la buena. A la 1 de la tarde salía la sentencia y a las siete de la mañana ya la dábamos en el kiosco, se dice que la jueza estuvo a punto de aplazarla”.

“Hablé con familiares antes de las muertes, durante mucho tiempo tenía que sacar una página diaria de este tema y tuve que establecer relaciones con la gente. Al final estableces una relación social y humana.  Ves el dolor de la gente y es difícil de llevar, que un político te insulte por la calle es duro, pero hablar con una persona que sabes que se va a morir y tu no se lo puedes decir lo es más. Nosotros, los periodistas de aquí, éramos más cercanos, porque vino gente de Madrid que entraban a saco en las habitaciones y les sacaban fotos, lo entiendo porque tenían el tiempo contado, pero acabaron poniendo seguridad en la planta para que no entrara nadie que no fuera un familiar”.

“A mi padre, que también era periodista, en La Rioja, le hizo ilusión que me dieran el premio. Me lo dieron por ser una exclusiva nacional y seguir la cobertura. Después de los juicios cambiaron muchas cosas en el Clínico. Por este mismo tema me dieron el accésit del Ortega y Gasset de periodismo en el 91, me quedé finalista, por detrás de Manuel Egueneche. Tengo otro de la Asociación, pero compartido por toda la redacción de Heraldo por la reestructuración del formato a finales de los 80”.