Cansancio lógico

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El informe que la APM ha publicado en el último número de la revista ‘Periodistas’, acerca de la opinión que los ciudadanos tienen de la profesión, es malo. Sigue siendo malo. La gente sigue viendo la profesión con malos ojos. Se señalan los defectos y se ignoran las virtudes y los beneficios que una prensa libre puede tener en la sociedad, literalmente los ciudadanos no valoran el trabajo de la gran mayoría de profesionales, que procura cumplir con su labor de la manera más humana y profesional posible. Pero esto no es nuevo.

En este informe se nos acusa de amarillistas, de buscar el espectáculo, de perseguir intereses políticos y empresariales por encima de la objetividad de los hechos. Se desconfía de nosotros al considerar que somos propagandistas de los partidos, ya sean gobernantes o de la oposición, nos ven como poco independientes, meros portavoces de una empresa que hace lo que le dicen los de arriba. Y están en su derecho de pensar así, por supuesto, pero nosotros tenemos derecho a que no se generalice, a que se mire un poco más allá. Aunque es complicado.

Hace años ya que el CIS señala al periodismo como una de las profesiones peor valoradas por la sociedad. Las tertulias rosas, el intrusismo, la becarización de las redacciones (sin culpa de los becarios, claro), la pérdida de objetividad de algunos compañeros (no vamos a negarlo), los ERE’s de muchos medios, la mala transición que se está realizando en estos tiempos de nuevas tecnologías, la crisis de identidad de las empresas de comunicación españolas y un sinfín de motivos están provocando que los lectores/oyentes/televidentes de los medios de comunicación desconfíe del trabajo que se hace.

A nivel de calle, cuando hablo con alguien y le digo que soy periodista recibo una gran variedad de reacciones. Desde los clásicos “yo no veo las noticias porque son aburridas” o “porque se lo inventan todo”, a los ignorantes “con Internet, ¿para qué queremos periódicos?”, pasando por los “vete a las tertulias con los famosos” y los “móntate un blog y gana dinero con publicidad”. Por supuesto, abundan los que desprecian la profesión. Los que dicen que se fían más de los tuiteros y blogueros que de los periodistas y los que prefieren el periodismo ciudadano (maldita la hora en que alguien lo inventó) al profesional, al de verdad, al único que debería existir.

Personalmente, cada vez me canso más de estas opiniones y de luchar contra ellas, pero ¿qué voy a hacer? Por supuesto, tratar de hacer ver que no todos somos como nos pintan. Que muchos, la gran mayoría, luchamos por hacer las cosas como hay que hacerlas. En fin…

Víctor J. Rodríguez

Periodista